Archive for Marzo, 2009

Los «preservativi» rotos

Han sido los dos grandes «estrenos» de la última semana: la palabra preservativo por primera vez en boca de un Papa –uy, qué mal ha sonado eso– y la última peli de Almodóvar, con Pe. Agítese bien antes de leer, que la mezcla es explosiva. Tan explosiva que nos daría como resultado «Los preservativos rotos».

Y eso, Su Santidad (SS), es el máximo peligro que puede entrañar el uso del condón. Que se te rompa, como la fe. Salvo que seas alérgico al látex, claro. El preservativo no muerde, ni te maltrata, ni te ofende. Y mucho menos agrava el problema del sida, hombre de Dios o Dios entre los hombres, como usted quiera llamarse.

El Vaticano proclama que la abstinencia sexual es el medio para luchar contra la enfermedad.

Llámenme demagogo los católicos de misa de domingo, pero si «Dios» me puso piernas, yo camino y, para no hacerme daño en los pies, uso zapatos.

Si me puso ojos, yo miro y, si veo mal, me pongo gafas.

Si me puso boca y estómago, yo como y, si tengo acidez, me tomo un Almax.

Si me puso manos, yo toco, y si lo que toco me quema, me pongo guantes.

Y si me puso pene, yo lo uso y lo disfruto. Y si no quiero tener hijos –ni linces ibéricos– y tampoco contraer enfermedades sexuales, me pongo un condón.

Me permito escribir todo esto, primero porque quiero y segundo, porque mis padres -como tantos otros– cometieron el error de bautizarme.

Yo, como buen ex cristiano, ya les perdoné. Eran otros tiempos y toda excusa para un banquete era buena. En estos años que corren también, pero al menos luego se puede apostatar, aunque cueste más que darse de baja la línea de Internet sin que te vuelvan loco. Lo de apostatar es como las cosas buenas. ¿O no?

Y una vez acabado el periplo africano de Benedicto XVI, por estos pagos el Obispado de Orihuela-Alicante trata de politizar las procesiones de Semana Santa con los asuntos del aborto y la eutanasia. Si es que son unos linces… Demasiado protegidos, eso sí.

Me siento pecador. Por cierto, si te confiesas, ¿alguien me puede decir a cuánto está el hacer el amor con condón? ¿Un padre nuestro y tres avemarías? ¿Tres y cinco quizá? Uf, qué ganas me están entrando de rezar.

Published in:Alicante |on Marzo 24th, 2009 |9 Comments »

Font de Mora, aroM ed tnoF

Hoy más que nunca, una imagen vale más que mil palabras:

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¿Y esto es lo que le molesta, señor conseller?

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Published in:Alicante |on Marzo 12th, 2009 |5 Comments »

¿Qué sabes de Rusia?

Dedicado a Zapatero.

Estimado José Luis, permíteme que te tutee.

Como sabes, hay clichés asociados invariablemente a determinados pueblos, ciudades, países, gentes.

Si nos centramos en la piel del toro, en nuestro país son «typical spanish» la paella, el flamenco, la siesta, las corridas (de toros, de lo otro ya quisiéramos) y otras cacerías, el botellón, la barriga cervecera, el macho ibérico, el jes extender, los ministros de Economía brillantes, etc.

Viajar, al menos en eso coincidimos todos los que lo hacemos por gusto, le sirve a uno para abrir su mente, entrar en contacto con otras culturas, otras costumbres, otras maneras de vivir; en definitiva, para darse cuenta de que el mundo no gira en torno a nosotros mismos.

El pasado viernes yo descubrí que para «viajar» no es imprescindible comprar un billete de avión ni atravesar frontera alguna. Y no va de drogas la cosa. Me explico. Gracias a la misma tecnología por la que tú estás leyendo ahora esto, quedé para cenar con una chica rusa que estudia en la Universidad Alicante.

Llegados a este punto, tu ya famoso desliz (porque fue un lapsus, ¿no?) me obliga a dejar claro, para que los morbosos no se sientan decepcionados al llegar al final del texto, que no hubo sexo ni intento por ninguna de las dos partes de que lo hubiera. Lo siento, José Luis, si quieres puedes llamarme antipatriota.

Lugar de encuentro, plaza del Ayuntamiento de Alicante. Primera conclusión muy subjetiva: los rusos tienen una puntualidad británica y los españoles, menos para con los de su propia nacionalidad, también.

Lejos de lo esperado, los primeros minutos no fueron tensos ni incómodos, pese a que ella no sabe hablar bien castellano y a que mi conocimiento del ruso se limita a decir «espasiva», o sea, «gracias». Por cierto, «de nada» es «pozaluista» –o fonéticamente similar–, que también significa «por favor» y se usa para ambas cosas, según me explicó.

Para escapar de los tópicos, como anfitrión no la quise llevar a cenar a uno de esos bares de tapeo donde el camarero, al que todos llaman «picha» o «jefe», nada más sentarte te pone sin tú pedirlo un platito de alioli y tomate trituradito-casi-licuado. No, fuimos a un italiano, terreno neutral.

Pactamos recurrir al inglés para entendernos sólo cuando fuera estrictamente necesario. Y casi no hizo falta en ningún momento, pues me sorprendió comprobar que, llevando en España poco más de un mes, su castellano es más inteligible que el de Solbes.

No pude evitar comentarle lo que, a la postre, no deja de ser otro tópico: la gente de los países del Este que llegan a España tienen una facilidad pasmosa para tomarle el pulso a la lengua de Cervantes. Mis ejemplos bananeros fueron los casos de algunos futbolistas serbios o croatas. Aunque, claro, por lo que ellos cobran me pongo yo al nivel de Fiódor Dostoyevski en cuatro días.

La charla se encaminó de manera natural a encontrar los puntos de conexión de uno y otro país. Por ejemplo, me contó que allí en la escuela también les obligan a leerse el Quijote, traducido al ruso, claro está. La otra diferencia es que ellos sí que se lo leen.

Resulta que algo de sangre española corre por sus venas, ya que su abuelo fue uno de los «niños de Rusia», uno de los miles de menores de edad que fueron enviados al exilio durante la Guerra Civil española desde la zona republicana a la entonces Unión Soviética.

Ése había sido su vínculo más «directo» con España hasta que su hermana menor se trasladó a Alicante para aprender castellano y estudiar Turismo.

Por su parte, ella, con dos carreras –Económicas y Derecho– y trabajo estable en Moscú, se ha pedido tres meses de excedencia para sumar el castellano a su lista de idiomas en proceso de aprendizaje, entre los que se encuentran el italiano, el francés y ¡el japonés!

Vamos, que se la presento a Font de Mora y a éste le da por implantar el esperanto en los colegios de la Comunitat. Como dice uno con muy mala uva: «Total, ya se imparten otras lenguas muertas: latín, griego, valenciano…».

Otros lenguajes realmente universales acapararon protagonismo en el transcurso de nuestra cena: el cine, la música, el deporte. Conocía de sobra a Pedro Almodóvar, pero no logré hacerle reconocer a Alejandro Amenábar.

Ella es, como tantos europeos y yo, fan incondicional de Woody Allen. Para hacerse nombre en Rusia no le hizo falta a Javier Bardem rodar «Vicky Cristina Barcelona». Los Cohen se lo facilitaron antes con «No es país para viejos».

Se ha enterado del Oscar a Penélope Cruz y me da la enhorabuena, como si fuera mío. A ella le gusta más Carmen Maura. Y se ríe a carcajadas cuando, tras darme pistas gestuales sobre otra actriz y descubrir yo que se refiere a Rossy de Palma, le explico que aquí decimos que tiene una belleza «picassiana».

¿Y David Bisbal, es conocido allí? Sí, mujer, uno con ricitos, bulería, bulería… Qué va, ni de coña. Pero Enrique Iglesias sí, claro, que está con la Kournikova. No iba a ser por su música. Y Julio, el padre, también es allí conocido. No tenté a la suerte con intelectuales como Chabeli o Julio José.

Me cuenta como anécdota que en la Universidad, uno de los primeros días de clase de castellano, dado que aquello parece la ONU, con alumnos de diversas nacionalidades, el profesor les propone a unos que digan lo que tienen por característico de los países de los otros.

Al ser preguntados algunos de ellos por Rusia, dice que la mayoría contestaron: «mucho frío», «vodka», «mafia», «Gorvachov»… Lo sé, José Luis, a ti quizá se te habría escapado otra vez: «Para follar». Y Juan Carlos te diría: «¿Por qué no te callas?».

Es obvio que en el aula no había ninguna Miss Melilla. De ahí que en la lista no sonara la ensaladilla rusa, la ruleta rusa o la montaña rusa. O Demis Roussos, en descuidarte. No salió mucho mejor del paso aquella pobre chica:

Sacó luego ella el tema de los deportes. Nos felicitó a los españoles (hay que ver cómo les cuesta pronunciar la ñ) por la Eurocopa de fútbol. Se acuerdan bien porque les dejamos a ellos en la cuneta.

A Arshavin, la figura más fulgurante del fútbol ruso, allí le llaman «el pequeño príncipe». Celebraron por todo lo alto su actuación, pese al repaso que le dio España a su selección por partida doble, me dijo. La consolé revelándole nuestra, hasta entonces, maldición en los cuartos.

Me quedo sin respuesta cuando me pregunta por qué en algunos partidos las hinchadas españolas, e incluso en los medios de comunicación, usan melodías rusas para sus cánticos.

Supongo que será por su musicalidad o porque les viene bien para acoplar sus letras. Me tradujo los estribillos originales de algunas de las más recurridas y en absoluto tienen que ver con algo deportivo. Es curioso.

Cambiando radicalmente de tema, quiere saber quién es ese de barba que sale en los informativos de la tele tanto como el presidente del Gobierno. Debe ser Rajoy, pensé yo, el jefe del partido que antes gobernaba, le especifico. O es Rajoy o el Cachuli, una de dos.

Le traje a colación a Aznar, pero no caía en quién era (aclaración: «era» está puesto en pasado a cosa hecha). Tampoco insistí mucho, la verdad sea dicha. En cambio, no me quedé con las ganas de saber cómo se pronuncia el nombre de su presidente, Medvédev. No me hagáis transcribirlo fonéticamente. Gracias (o «espasiva»).

Hablamos del juicio celebrado dos días antes por la muerte de Svetlana Orlova, crimen que también tuvo mucha repercusión en Rusia. Allí también hay bastante violencia machista, pero me comenta que en ocasiones los maltratadores van a por lana y salen trasquilados, que las rusas de pura cepa tienen mucho temperamento.

En Rusia sólo usan un apellido, el paterno. Y su nombre, Lina, que yo presupuse que era la abreviatura de Catalina (no sé, me suena a ruso), es en realidad el diminutivo de Elina (pronunciado algo así como «yelina»). Me concreta que es un nombre muy inusual y que ella sólo conoce a otra persona que lo tiene, una famosa actriz compatriota suya.

Ya le digo yo que, por lo que me concierne, juanes en España tiene para dar y regalar. «¿Juanes?, como el que canta», me suelta. «Anda, ¿a Juanes sí y a Bisbal no?». Qué cosas.

Le encanta el jamón –«en Rusia hay, pero es muy, muy caro, y no es igual que el de aquí», «faltaría más, amiga»–; dice que le sorprende oír cómo nos quejamos de que en Alicante el tráfico es horrible –«aquí no hay atascos, yo en Moscú tardo hora y media en llegar de casa al trabajo en tren; con coche pueden llegar a ser hasta seis»–; y, sobre todo, destaca la simpatía y el carácter abierto y festivo de los españoles –le encantó el Carnaval en la Rambla–, en contraposición a la frialdad y malas pulgas de sus paisanos. «Debe ser cosa del clima», templé yo.

Terminó la cena y prosiguió nuestra charla por mil y un derroteros en un pub. Pero lo que más me impactó de nuestra particular cumbre bilateral sucedió mientras dábamos un paseo por la ciudad. «Alicante es bonita», me suelta. «Sí, guapa, guapa, guapa», dije en voz alta sólo para intentar hacerme gracia a mí mismo y mientras trataba de evitar pasar por delante de la fachada del Casino.

Sin embargo, Lina captó mi tono irónico e insistió. Me habló con fascinación de nuestro castillo de Santa Bárbara, del MARQ, del barrio de Santa Cruz, de la Explanada, de nuestras playas, nuestro sol, nuestro mar, de lo bien que se come, de cómo la chica de la peluquería a la que sólo ha ido una vez ahora le saluda cuando la ve como si fueran amigas de toda la vida, de cómo por sus calles se ven personas de todos los colores…

Después de su alegato prolucentino con acento moscovita, la acompañé un trecho en dirección a su casa. «Ha sido un placer». «Igualmente». Volverá a su país en breve y echará esto de menos.

A la vuelta, meditabundo, en lugar de ir a por el coche, seguí callejeando un rato en solitario, tratando de mirar mi ciudad con ojos de turista. Con la curiosidad de un extranjero. Y, aun con sus defectos, que no son pocos, me sentí orgulloso de ella.

Gracias, Lina, por hablarme tanto de Moscú y acabar vendiéndome Alicante.

PD: No te preocupes si a tu regreso a Rusia te encuentras con hordas de turistas españoles. Zapatero y yo hacemos campaña por vosotros. Cada uno a su estilo, eso sí.

Published in:Alicante |on Marzo 5th, 2009 |10 Comments »