El cuerpo nunca miente
A los que tratamos de ver las cosas que ocurren con sentido del humor, hay quienes nos lo ponen más que fácil, a huevo.
Da tantísimo juego la conversación telefónica destapada esta semana entre Camps y «El Bigotes» que estoy deseando ver el próximo número de «El Jueves». O sin ir más lejos, el «The Cabasset» de los domingos en INFORMACION.
No quiero entrar a fondo en este sainete a medio camino entre el «thriller» político y la novela rosa, pero no me resisto a hacer un par de consideraciones.
La primera es que, en mi opinión, los personajes de notoriedad pública, en especial los políticos, pasan a la historia en la memoria colectiva –los que lo hacen– recordados, más que por sus logros o por sus fracasos, por algunas de sus «perlas».
Transcurrirán muchos años y será recordado el «¿Por qué no te callas?» del Rey Juan Carlos a Hugo Chávez; el tan reiterado «España va bien» de Aznar; las «manzanas y las peras» de su mujer Ana Botella (menos mal que existen las comillas, que si no…); el «Yo estoy en política para forrarme» atribuido a Zaplana; el «Manda huevos» y el «¡Viva Honduras!» de Trillo; el reciente «… Para follar» de Zapatero; «los hilillos de fuel» o «la niña» de Rajoy; y, así, un largo etcétera.
Un largo etcétera al que se suma, por la puerta grande, eso sí, Camps con su «Te quiero un huevo» y/o «Amiguito del alma», entre otros grandes «hits». Hay que ver qué nivel, Maribel, que diría Ricardo.
Porque esa es otra. Espero que «El País» no nos sorprenda con alguna grabación de Costa… O sea, eso podría ser demasiado «palbodi».
Puede estar pensando aquello de «cuando las barbas –en este caso, ejem, los bigotes– de tu vecino veas cortar, pon los tuyos a remojar».
Algún cachondo se preguntaba esta semana en los comentarios de las noticias sobre Camps y «El Bigotes» en informacion.es si la grabación la habría facilitado Zaplana, por eso de que tiene mano en Telefónica. Para que luego digan algunos que la política no es divertida.
La segunda consideración que quería hacer requiere que antes visualicen –ahora después entenderán que haya elegido ese verbo a cosa hecha– el vídeo en el que Camps anuncia que toda esta historia de su implicación en el caso «Gürtel» tendrá «un final feliz».
Antes de eso, les tengo que comentar que hace unas semanas empecé a ver una serie de televisión muy interesante. Se titula «Lie to me» («Miénteme» en traducción literal, aunque luego llegará a España y aquí la bautizarán, qué sé yo, como «Cara a cara con la verdad», «Mentiras al descubierto» o «El máquina de la verdad»).
Bueno, a lo que iba. La protagoniza Tim Roth, que encarna a un doctor considerado un detector de mentiras humano, con gran experiencia en la lectura del rostro, el cuerpo y la voz de los interrogados para descubrir la verdad en investigaciones criminales o privadas.
Después de ver un par de capítulos, uno no puede evitar la tentación de tratar de aplicar en su día a día las supuestas técnicas que maneja el personaje de la serie. Y eso hice yo, como pasatiempo, con el vídeo del que antes les hablaba y que ahora reproduzco.
Si me permiten un consejo, véanlo primero con sonido y luego sin él. Cuando sea con voz, más que en el contenido de lo que dice Camps, escuchen atentamente cómo lo dice. El tono, la modulación, esas cositas.
Cuando lo vean sin sonido, presten mucha atención a su cara (su rostro, vamos), sus gestos, sus movimientos. A mí me ha llamado la atención una media sonrisa nerviosa que aparece en varios momentos. También un saltito sobre sus propios talones (¿nerviosismo quizá?).
Sin embargo, lo más interesante es la última mirada y la última mueca del jefe del Consell, justo cuando acaba su alocución y se dispone a marcharse. Si hace falta, rebobinen y véanlo varias veces.
¿Qué, ya han hecho los deberes? Bien, pues ahora sólo queda que contesten a una pregunta: ¿Ustedes se lo creen? A mí me parece que él no.

