Archive for Octubre, 2009

Elogio de las comparsas

No se equivoquen, que aunque este blog se titule “Alicante tiene tres cosas” y el título de este artículo hable de comparsas, no voy a escribir sobre nuestras fiestas de Moros y Cristianos. Quizá otro día.

Hoy no, hoy he elegido esa palabra, comparsa, para referirme con toda la solidaridad y todo el aprecio del mundo a aquellos que, en tantas y tantas situaciones de esta vida loca, quedan en un segundo plano; aquellos sin quienes las cosas no serían iguales y a quienes, sin embargo, nadie reconoce nunca su valía o su valor.

Por ejemplo, desde aquí quiero romper una lanza (o todas las que haya, que pago yo) en honor de cada uno de los escritores que, año tras año, hacen posible la pantomima del Premio Planeta.

En esta última edición ha habido 490 incautos -acompáñese la dedicatoria de este adjetivo con un cariñoso tirón de orejas- que decidieron gastar tiempo y energía enviando sus trabajos a un certamen más amañado que la pasada liga en Segunda División.

Un periódico publicó quién era la escritora ganadora, en este caso Ángeles ídem, el mismo día en que se iba a celebrar la gala donde el jurado debía, ejem, ejem, deliberar y escoger la obra ganadora.

También horas antes, Lucía Etxebarría, invitada al sarao, tuvo la mala suerte (¿qué habría bebido?) de confundir a una periodista con Ángeles Caso y, ni corta ni perezosa, preguntarle qué hacía ella en el autobús con toda la canallesca si tenía que recoger el premio más tarde.

En fin, son sólo unas evidencias más que apuntar a la larga lista de gazapos que dejan claro que premios como el Planeta o, sin irnos muy lejos, el Ciudad de Torrevieja o el Azorín no suelen ser más que fraudes disfrazados de una presunta literatura puesta al servicio del show-business.

Normal que haya tantas novelas aspirantes procedentes de fuera de España, un hecho que las editoriales convocantes se cuelgan como medalla. Claro, es más fácil que los extranjeros ignoren los tejemanejes del negocio patrio. Aunque Internet ayuda a que se corra la voz.

Porque, que nadie se lleve a engaño, son un negocio: se trata de vender libros. Y a un autor desconocido, por mucha calidad que tenga, no le vas a dar la pasta con la que está superdotado el galardón planetario (601.000 euros) o el de Hernández Mateo (360.000 euros). Necesitan un nombre y una cara conocidos. Y si luego escriben algo decente, pues miel sobre hojuelas.

Pero no es preciso hablar de premios literarios para indignarse viendo cómo se toma el pelo a la gente. Si tienen algún familiar, amigo o conocido que haya opositado para un puesto de trabajo en alguna administración pública, o lo han hecho ustedes mismos, puede que sepan de lo que hablo.

Un modelo de concurso oposición municipal podría tener las siguientes coordenadas: Cientos de candidatos. Muchos meses de estudio. Pocas plazas. Tan pocas que se pueden contar con los dedos de una mano. Con los mismos dedos con los que se adjudican.

Los que han empollado, los que se han lijado los codos esperan, como manda la lógica, un examen… digamos que duro. Cuanto menos, que esté a la altura del esfuerzo que les ha supuesto “comerse” esos tochos de libros sin atragantarse.

Pero no. Resulta que algunos concursos oposiciones, al igual que ocurre con el Planeta, se convocan sólo como mero trámite legal para dar el caramelo a una/s determinada/s persona/s. Y lo que debía ser una primera prueba que sirviera para “filtrar” a los realmente preparados, se convierte en un ejercicio tan sencillo que lo superaría el mismísimo Abundio, con toda su fama de tonto a cuestas.

¿Qué ocurre entonces? Que llegado finalmente el concurso de méritos, si da la “casualidad” de que entre los aspirantes hay interinos con cierta antigüedad en el departamento del puesto en juego, ya puede uno haber sacado las mejores notas, que no tiene nada que hacer. Mera comparsa.

Que conste en acta que yo nunca me he presentado a ningún certamen literario de relumbrón, ni tampoco a ningún concurso oposición, amañado o sin amañar. Conociendo el percal, para perder el tiempo mato moscas. Como algún que otro funcionario. O como algún que otro escritor con negro (literario).

Pero eso no significa que no me parezca una tremenda injusticia. Sobre todo, porque creo que hay pocas cosas más crueles que jugar con las esperanzas de la gente.

Es lo que hay: unos ponen la carne en el asador y, en cambio, a otros les ponen el plato encima de la mesa sin mover un dedo (bueno, basta con que quien manda mueva uno -el índice concretamente-). Hemos pasado de la selección natural de Darwin a la selección “digital” del homo trifasicus.

Las comparsas deberían rebelarse, plantarse de una vez: o todos moros, o todos cristianos. ¿Se imaginan un Premio Planeta con sólo dos novelas presentadas -ganadora y finalista-?

Queda el consuelo de saber que, pese a la dedocracia que tenemos tan españolizada, pese a esa cultura del enchufismo tan “corriente”, los más preparados, los constantes, los mejores, son a la larga los que hacen que todo ruede, aunque otros se empeñen en pincharles las ruedas.

En fin, vuelva usted mañana. Y si no me ve por aquí, estoy desayunando. ¿Les suena?

Published in:Alicante |on Octubre 20th, 2009 |11 Comments »

Expuestos quedan…

Adocenados, bárbaros, bastos, bobos, brutos, burdos, cafres, catetos, cerriles, desgraciados, energúmenos, garrulos, idiotas, ignorantes, incultos, paletos, ramplones, sinvergüenzas, toscos, vándalos, zafios, zambombos, zotes…

Qué rica es la lengua española para definir a algunos personajes que, por desgracia, campan a sus anchas por estas tierras y forman parte del universo urbano. Pero no del «Universo urbano» de Joan Ripollés. De éste no forman parte, sino que lo destrozan, lo hunden, lo mutilan…

Cuando me enteré de la noticia, al principio, me quedé de piedra. Después, lo reconozco, sentí tanta rabia que habría aplicado el ojo por ojo a los autores de tan incomprensibles acciones. Finalmente, pasado el calentón, te invade la vergüenza. Vergüenza ajena que se convierte en propia en tanto que ha ocurrido en tu ciudad. Aquí.

“Felicidad”, una escultura realizada por el artista para Alicante, acabó hundida pocas horas después de inaugurarse la muestra. Algunos -elijan el adjetivo de la lista de arriba que quieran- tuvieron tanta fuerza bruta como poco raciocinio para empujar nada menos que 400 kilos de arte a las aguas del Puerto. El doble de peso, el de la escultura “Niño corriendo”, lograron volcar y arrastrar por el suelo. A otra, “Pensador”, le mutilaron una mano.

Volverían a sus casas jactándose de su hazaña, que me los estoy viendo. Ojalá vomitaran toda su estupidez la mañana siguiente.

Escultura de Joan Ripollés mutilada (Foto: Cristina de Middel)

Cuando yo todavía no había digerido que entre mis conciudadanos hubiera semejantes personajes, me encuentro con otra noticia de similar calibre. Otra mutilación. En este caso, todavía peor, por proceder de gente a la que se le supone sensibilidad artística y conocimiento.

Hablo de la decisión del Palau de la Música de Valencia de posponer la interpretación de la ópera ‘Roger de Flor’ del villenense Ruperto Chapí, prevista para el próximo día 8 de octubre, en el concierto del Día de la Comunitat Valenciana. ¿El motivo? Para evitar “polémicas innecesarias” después de que miembros del Cor de la Generalitat denunciaran que se les había pedido que cambiaran las alusiones al pueblo catalán que aparecen en la obra por las expresiones ‘valenciano’ o ‘aragonés’.

Y digo yo: ¿Acaso no es esto tan grave como arrancar la mano a una escultura? Y tanto que lo es. Además, hacía mucho que no escuchaba tanta demagogia. El Palau, a través de un comunicado, dice que los únicos perjudicados con esta polémica “son los valencianos y la música del maestro”.

Para tratar de curarse en salud dicen que en Alemania, cuando se representa la ópera ‘La Fuerza del Destino’ de Giuseppe Verdi, se cambia la letra “muerte a los alemanes” por “muerte a todos”. Es mejor que mueran todos, por supuesto. Más políticamente correcto. Y la política, está bien claro, es lo que se esconde tras los pretendidos cambios.

El poder que quiso impedir una representación teatral en Alicante porque su cartel incluía una caricatura de Zaplana vuelve a mostrar ahora sus garras. Modificar una obra de arte -en este caso una partitura musical- es un atentado cultural. Y un organismo público jamás debiera permitirlo y, muchísimo menos, promoverlo.

Sirvan para los artífices de la iniciativa los epítetos del inicio y el más profundo de mis desprecios. Expuestos quedan y aviados vamos…

Published in:Alicante |on Octubre 5th, 2009 |6 Comments »