Expuestos quedan…
Adocenados, bárbaros, bastos, bobos, brutos, burdos, cafres, catetos, cerriles, desgraciados, energúmenos, garrulos, idiotas, ignorantes, incultos, paletos, ramplones, sinvergüenzas, toscos, vándalos, zafios, zambombos, zotes…
Qué rica es la lengua española para definir a algunos personajes que, por desgracia, campan a sus anchas por estas tierras y forman parte del universo urbano. Pero no del «Universo urbano» de Joan Ripollés. De éste no forman parte, sino que lo destrozan, lo hunden, lo mutilan…
Cuando me enteré de la noticia, al principio, me quedé de piedra. Después, lo reconozco, sentí tanta rabia que habría aplicado el ojo por ojo a los autores de tan incomprensibles acciones. Finalmente, pasado el calentón, te invade la vergüenza. Vergüenza ajena que se convierte en propia en tanto que ha ocurrido en tu ciudad. Aquí.
“Felicidad”, una escultura realizada por el artista para Alicante, acabó hundida pocas horas después de inaugurarse la muestra. Algunos -elijan el adjetivo de la lista de arriba que quieran- tuvieron tanta fuerza bruta como poco raciocinio para empujar nada menos que 400 kilos de arte a las aguas del Puerto. El doble de peso, el de la escultura “Niño corriendo”, lograron volcar y arrastrar por el suelo. A otra, “Pensador”, le mutilaron una mano.
Volverían a sus casas jactándose de su hazaña, que me los estoy viendo. Ojalá vomitaran toda su estupidez la mañana siguiente.
Cuando yo todavía no había digerido que entre mis conciudadanos hubiera semejantes personajes, me encuentro con otra noticia de similar calibre. Otra mutilación. En este caso, todavía peor, por proceder de gente a la que se le supone sensibilidad artística y conocimiento.
Hablo de la decisión del Palau de la Música de Valencia de posponer la interpretación de la ópera ‘Roger de Flor’ del villenense Ruperto Chapí, prevista para el próximo día 8 de octubre, en el concierto del Día de la Comunitat Valenciana. ¿El motivo? Para evitar “polémicas innecesarias” después de que miembros del Cor de la Generalitat denunciaran que se les había pedido que cambiaran las alusiones al pueblo catalán que aparecen en la obra por las expresiones ‘valenciano’ o ‘aragonés’.
Y digo yo: ¿Acaso no es esto tan grave como arrancar la mano a una escultura? Y tanto que lo es. Además, hacía mucho que no escuchaba tanta demagogia. El Palau, a través de un comunicado, dice que los únicos perjudicados con esta polémica “son los valencianos y la música del maestro”.
Para tratar de curarse en salud dicen que en Alemania, cuando se representa la ópera ‘La Fuerza del Destino’ de Giuseppe Verdi, se cambia la letra “muerte a los alemanes” por “muerte a todos”. Es mejor que mueran todos, por supuesto. Más políticamente correcto. Y la política, está bien claro, es lo que se esconde tras los pretendidos cambios.
El poder que quiso impedir una representación teatral en Alicante porque su cartel incluía una caricatura de Zaplana vuelve a mostrar ahora sus garras. Modificar una obra de arte -en este caso una partitura musical- es un atentado cultural. Y un organismo público jamás debiera permitirlo y, muchísimo menos, promoverlo.
Sirvan para los artífices de la iniciativa los epítetos del inicio y el más profundo de mis desprecios. Expuestos quedan y aviados vamos…
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Alicante también tiene… adocenados. Ese adjetivo es mi preferido.
Estoy seguro de cuál sería la respuesta de un adocenado a la pregunta de por qué lo ha hecho. Borrachera? Aburrimiento? No, seguro que este problema se centra en el odio almacenado que existe por el estamento público últimamente.
Como no hay trabajo, a un adocenado le puede parecer una provocación gastar dinero en arte y además a la vista del público. Cómo van a alimentar a sus familias, pagar gastos y tunear sus coches si no existe la mínima posibilidad de trabajar?
No sé si esto puede explicar una actitud vandálica de estas características, pero de lo que estoy seguro es de que algunos adocenados han visto saciada su sed de venganza.
Piensa en ellos y ellos pensarán en tí.
Ojosano.org
Entre los pájaros estos que tiran esculturas temporales al Mediterráneo(momento supremo de gloria; hazaña homérica de lo único que saben y harán en sus vidas) y los memos que diseñaron y permitieron el eructo permanente del casino cien metros más allá, estamos… jodidos.
Pequeño listado a prueba de coherencias:
Alicante: unos individuos arrojan pintura sobre las estaturas de soldados del ejército español.
Alicante: unos sujetos rompen y tiran esculturas de Ripollès
Afganistán: unos talibanes explosionan unos monumentos milenarios del budismo
Vaticano: Jesucristo crucificado es representado con un paño que cubre su entrepierna, cuando fue ejecutado completamente desnudo,
EE UU: Varias webs e instituciones consideran pornográfica la imagen de una mujer amamantando a su bebéº
¡Increíble lo incívicos que podemos llegar a ser! No creo que lo ocurrido estos últimos días con las esculturas en Alicante esté relacionado con la crisis, pues el vandalismo, desgraciadamente, lo vemos también en épocas de bonanza. Tampoco es exclusivo de esta tierra; es más, me atrevería a decir que en España es éste un mal más que generalizado. ¡Qué falta de respeto por la convivencia pública! En cuanto a lo ocurrido en Valencia con el ‘Roger de Flor’ de Ruperto Chapí, es una muestra más de la sinrazón de buena parte de la clase política de la Comunitat, cegada por sus complejos. ¿Se imaginan ustedes que en Argentina, Chile, México o cualquier país de la América Latina, al representar, por ejemplo, ‘El burlador de Sevilla’ de Tirso de Molina, sustituyeran el nombre de la capital hispalense por el de otra ciudad de su respectivo territorio y eleminaran, también, cualquier referencia a España? No, simplemente sería inconcebible. Ahora bien, yo propondría a las mentes pensantes (¿?) de la Generalitat Valenciana que, en lugar de la obra de Chapí, programen ‘La República de Jauja’, de Juan Rafael Allende. Sin duda, resulta ideal para la situación actual de la Comunitat.
¿Por qué nos afanamos en ocultar la historia en vez de interpretarla? Sólo conociendo los errores del pasado podríamos evitar caer nuevamente en ellos. Seguimos siendo los mismos bárbaros de siempre pero ahora nos creemos más ilustrados porque somos “2.0″. ¡Qué pena! Me encantan esas estatuas de Ripollés. A mí me hace olvidarme de la crisis, mira por dónde. Es algo colorido y alegre que te aparta por unos instantes del gris del asfalto y de la propia vida. Me fastidia más que se gasten el dinero en comilonas o, por supuesto, que nos suban los impuestos, pero no por ello me voy a destrozar los restaurantes de Alicante donde sé que van a comer los políticos.
Noche de domingo, el paseo del puerto no está muy animado (la crisis retiene a los alicantinos en casa) Me dirijo a echar un vistazo a la “fiesta de la cerveza” siendo abstemia de alcohol pero no de curiosidad. De repente, una sombra gigantesca de formas orondas surge entre la oscuridad ¿qué es? ¿alguna ocurrencia de nuestra alcaldesa? ¿algún árbol dentro de una maceta gigante? En seguida me doy cuenta de que se trata de un niño enorme, de bronce pero que parece estar vivo, mi mano como si se tratara de un imán se va directa a su panza, las piernas y sonrío. ¿De verdad estoy viendo esta cantidad de representaciones “locas” y maravillosas en mi gris Alicante? Fue este domingo día 1 de noviembre que me encontré con ellas y espero y deseo que no se vayan hasta que me acompañe una cámara fotográfica porque sólo la utilizo cuando visito los alrededores de nuestra bendita ciudad. Mi enhorabuena a Ripollés y hoy me digo: ¡al carajo las ideologías y de quién ha sido la idea! Conseguir sacar una sonrisa en estos tiempos no se paga.