Las cosas por su nombre, por favor
Los políticos, una especie habituada a disfrazar las cosas con otras palabras. Eufemismos, vamos, en aras de ser -de ahí vendrá- “políticamente” correctos. O, permítanme, ridículamente patéticos.
Desde la referencia de Carme Chacón a la guerra de Afganistán como “conflicto difuso”, a las “soluciones habitacionales” con las que Trujillo bautizaba a sus famosos minipisos de 30 metros cuadrados.
Desde la temeridad de Zapatero al calificar los atentados de ETA como “trágicos accidentes mortales”, a las mil y unas formas de evitar pronunciar la -ahora ya tan gastada- palabra crisis (desaceleración intensa, periodo de ajuste, acumulación de desequilibrios, cambio de modelo de crecimiento, turbulencias en la economía mundial, etc).
Qué decir ya de casos, en mi opinión, más extremos: hablar de “limpieza étnica” existiendo palabras como deportación o genocidio.
Puedo prometer y prometo que daré con los ojos cerrados mi voto a aquel político al que escuche decir las verdades del barquero, me gusten o no, sin referirse a éste como un “personaje poco dado a tener los pies en el suelo” o “aquel habituado a moverse entre dos aguas”, por poner un par de ejemplos.
Y no serán Sonia Castedo y los suyos los receptores de mi sufragio si llaman “zona de ocio libre para jóvenes” a lo que, aquí y en la China popular, viene siendo un botellódromo. Tampoco los socialistas, con su propuesta de “mesa para la convivencia nocturna”. ¿Eso qué es? Si para un botellón no hacen falta mesas…
Siguiendo esa línea de hipocresía, podríamos denominar “reunión de amigos adictos al ocio” a una sesión de alcohólicos anónimos. Y conste que es un ejemplo que me venía a huevo y no quiero con ello, ni mucho menos, decir que quienes practican el botellón sean alcohólicos. Como tampoco todos los políticos son unos falsos.
Por supuesto, los medios de comunicación no son, ni de lejos, ajenos a los eufemismos, aunque en este caso el fin suele ser otro bien distinto. Porque parece ser que queda menos duro decir que “Fulanito ha muerto tras una larga enfermedad” que escribir que “un cáncer ha matado a Fulanito”. Porque queda menos violento hablar de los senos de una modelo que de sus tetas; igual ocurre con culo, que es mejor trasero o, más finolis aún, posaderas.
Los eufemismos, en no pocas ocasiones, camuflan justificaciones a actos tan deplorables como la censura. No de otra manera puede calificarse el episodio de las fotos del caso Gürtel “retiradas” por el PP de la exposición de fotoperiodismo del MUVIM. Enmascárenlo como quieran, pero eso es censura. C-E-N-S-U-R-A. La misma que hace ya tiempo se aplicó en el Teatro Arniches al cartel de una obra teatral en la que aparecía una caricatura de Zaplana. La misma que a diario se palpa en Canal 9 o Telemadrid.
Y tanta rabia como la censura me da la doble moral. Véase un caso de hoy. El presidente del Consell Valencià de Cultura, Santiago Grisolía, apoya la declaración de las corridas de toros como Bien de Interés Cultural, pero no para los bous al carrer. Hasta ahí bien, es su opinión. Pero es que luego el científico sugiere que en los bous al carrer en lugar de fuego en los cuernos se les ponga a los animales “luces, que no hacen daño”.
Ya puesto, podría recomendar que en lugar de estocadas y banderillas a los toros les pusieran en las corridas crema solar y loción hidratante para la piel, que tampoco hacen daño.
En fin, para desengrasar, un vídeo de Cruz y Raya que viene al pelo:
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Se puede decir más alto pero no más claro. Tenemos los políticos que nos ha tocado: malos políticos hacen malas políticas. ¿Porqué los buenos profesionales tardan años (oposiciones, másters etc) en formarse y llegar a ser lo que son y nuestros políticos con tres semanas de campaña se tiran cuatro u ocho años destrozando la res pública? Los votos deberían ser una entrevista de trabajo del ciudadano al futuro servidor público. En este país estamos amansados, lo tragamos todo, ya no es que vivan las caenas, es que ni nos damos cuenta de que estanos encadenados a la peor generación de políticos que ha dado la democracia, en la que me enorgullezco de vivir a pesar de todo. Gracias por el artículo.
A mi, más que los “eufemismos” me indigna la falta de memoria de nuestros servidores públicos. Recuerdo cuando cierto ministro de economía “de cuyo nombre no quiero acordarme” negaba que España estubiera en crisis. Me refiero a cierto cara a cara con un tal Pizarro…
…¿Les suena?