
No nos engañemos: la Peregrina es un macrobotellón. Como tantas otras celebraciones religiosas (bodas, bautizos, comuniones…) la Romería de la Santa Faz es, para muchos, una mera excusa para agarrarse una buena moña. No nos engañemos. Loralicantinos somorasí. Que nos pongan una fiesta en el calendario, que la convertimos en FIESTA, así con mayúsculas.
Cierto es que hay un buen número de devotos que acuden fieles a la cita con la reliquia. Pero, eso sí, no superan en número a aquellos que hacen de esta señalada jornada un día de campo y/o playa.
Cabe preguntarse si, camino del monasterio, no se ven tantas cañas como carritos de la compra, algunos incluso “tuneados” con carteles y dibujos alusivos a la Santa Faz, cual concurso carnavalero. A mí puede hasta parecerme divertido, pero a otros, con razón, les resultará un sacrilegio.

Y ésa es otra. La cantidad de carros que echarán en falta hoy Carrefour, Mercadona y demás hipermercados. Porque a la ida son útiles, ya que van cargados de botellas, radios, mochilas, personas, etc, pero ¿y a la vuelta? ¿Cuántos son abandonados? Pues buena parte de los que no son utilizados para llevar dentro a alguno que se haya pasado con la bebida.
No estaría mal saber el número. Quizá muchos aprovechen para “adoptarlos” y llevárselos a sus urbanizaciones. Ya se sabe que todas las urbas que se precien tienen, al menos, un carrito por escalera. Sólo “cuestan” un euro. O medio.

Volviendo al tema de la Santa Faz. Su sentido religioso -y, ojo, que lo dice un ateo confeso como yo- se viene banalizando cada año más. Los puestos del mercadillo en torno al templo, las atracciones de feria… Falta un circo, que pan ya hay.
La mistela sigue siendo un clásico, pero sólo como aperitivo del macrobotellón. Barbacoas, paellas, bocatas y cubatas… Los rollitos, también, pero más los de adolescentes en la playa y en muchos rincones. Cojonudo, hombre, que al menos no falte el amor. Los blusones y pañuelos siguen presentes, pero no son los únicos “looks”…

Está bien claro. La tradición es la tradición. Como dice el deán de San Nicolás, los romeros van “buscando dentro de sus corazones el rostro de Jesús”. Quizá no sea lo único, me atrevería yo a decir.

Fotos: Pilar Cortés, Antonio Amorós y Javier Marín