“El espíritu es una prisión más monstruosa que la carne”, oí que me decían.”
Es el inicio de uno de los sueños que reúne y publica Juan Eduardo Cirlot en 1951, en su obra “80 Sueños”. Es en concreto el sueño número 68; está en la página 365 de la edición de “En la Llama”, de Ediciones Siruela, al cuidado de Victoria y Lourdes Cirlot Valenzuela, que se publicó en dicha editorial por Enrique Granell en el 2005. Doy todos estos datos, aunque no vaya ahora a referirme a obra alguna de JEC, porque mucho de lo que hay en el poeta barcelonés que logró la más alta cima de saber y poesía que se pudo lograr durante todo el siglo XX, está en contacto, subterráneamente, con el propio William Blake. Y no tan subterráneamente: en el poema Sí y No, de un poemario de J. E. Cirlot de 1946 (“Donde las lilas crecen”), leemos:
“¡Oh William Blake! tú me comprendes
y sabes por qué leo tanto
determinados libros de la Biblia.
/…/
Sí y No;
éste es el destino del mundo.
Oh, William Blake, tú me comprendes.”
Y es que la obra de William Blake, que finalmente se ha abierto paso no sólo entre mayor número de lectores, -: las obras de gran hondura poética suelen ser minoritarias-, sino sobre todo ha encontrado ediciones dignas: bilingües, con los textos traducidos con el menor asomo posible del tradicional “traduttore, traditore”, (del dicho italiano), sino además con excelentes prólogos y estudios serios, como es el caso de la edición facsímil hecha y editada por poesía Hiperión, la edición primera, del 2000. La 4ª edición, que es la que manejo, del 2007. Esa frecuencia de reediciones dará al lector una idea del éxito alcanzado por “El Matrimonio del Cielo y del Infierno”, que es la obra de Blake a que ahora dedicamos nuestra atención.
El libro reúne todos los posibles atractivos que un lector exigente podría desear: la edición es cuidada, la introducción, de José Luis Palomares, igual que la traducción, es magnífica, y para rematar todo el excelente trabajo, el hecho de ser facsímil, con las planchas reproducidas a todo color, que hiciera en su día el propio Guillermo Blake, hacen del libro “The Marriage of Heaven & Hell”, (su título en inglés), dotan a esta edición de un especial encanto.
El niño Guillermo Blake, hacia 1765-1767, tuvo su primera visión: un árbol llenos de ángeles en Peckham Rye, entre sus ovho y sis diez años. El padre le amenaza con pegarle por mentiroso, pero la madre intercede.
El dato está en la inicial Cronología que nos ofrece la edición del libro, en su pág. 9. Con sólo esta notación, y con conocer un poco sobre la biografía de W. B., tenemos suficientes argumentos internos para hacernos una idea de cómo de dura, a la vez que de auténtica y plena de lucha, debió ser la vida y la obra del londinense del siglo XVIII.
Hoy, leer a Blake y no plantearse cosas sobre “la poesía maldita”, sobre la persistencia de una feroz censura, por solapada que sea, e incluso cosas sobre las tesis de la idea que mantiene aún en pie la “Hipótesis Gaia” sobre la naturaleza de nuestro propia planeta, es querer seguir con los ojos vendados.
Yo aconsejaría no sólo leer este libro de W. B., sino cuanto se pueda de la obra de Juan Eduardo Cirlot, y tener, al menos, una idea somera de cuál es en el fondo la eterna lucha que se mantiene entre la “versión oficial” de lo que somos y dónde estamos, a todos los niveles, y las versiones “extra-”, o por mejor decir, “contra-oficiales”.
Lector, he ahí tu libro. Mejor dicho: tus posibles libros y, tras de ellos o a la par de ellos, tus inevitables preguntas y reflexiones. Acude a ellos.