Hay un libro singular que por una gran cantidad de azares y coincidencias, (desde ahora, reitero que no creo en el azar. Llamamos “azar” al desconocimiento de las causas de las cosas. No hay, pues, “casualidades” sino causalidades. Lo casual no existe más que como un modo de hablar comúnmente aceptado), es obra última del célebre sabio suizo, publicada con el título de “El Hombre y sus símbolos”. Contiene la única obra escrita por Jung para poner al alcance del público no especialista el “quid” de la Psicología Profunda, la noción del “sí-mismo”, la de “la sombra”, la del “ego” como elemento iliminador de un continente mucho mas vasto: el que conocemos como “ Inconsciente”, ya se trate del personal o del “incosciente colectivo”. En términos generales, constituye un libro de importancia impar, como quiero razonar con la mayor brevedad que me sea posible.Creo no exagerar si afirmo que la obra del famoso discípulo de Freud, maestro al que llega a superar y desde el que forma su propia escuela de investigadores de la Psique humana, estaría entre los diez libros más importantes del siglo XX en el terreno de lo que se llaman “Humanidades”, incluída la propia obra de Sigmund Freud, “La Interpretación de los sueños” (de 1900).
Esta obra divulgadora de Carl Gustav Jung fue la última que escribió. Que lo hiciera, es una historia aparte en la que juega un importante papel la constancia de un periodista (J. Freeman), así como la fidelidad de una serie de discípulos del maestro suizo, -fallecido en junio de 1961-, que bajo su dirección, (que a la postre sería la última), se avienen a publicar junto al propio Jung otras obras explicativas de la que genera el libro en su totalidad. Jung era extremadamente cauteloso con lo que publicaba. Sólo se avenía a divulgar un saber cuando estaba absolutamente convencido de que ello iba a beneficiar a más o a menos cantidad de público “lego” en la materia, pero nunca a perjudicar a nadie.
Y además, sólo accedía a dar el “sí, quiero” a lo que se le proponía cuando desde su propio interior “algo” le decía que debía hacerlo. No otra cosa es lo que le ocurre cuando accede a escribir el primer prólogo en lengua inglesa para una obra muy antigua de tipo oracular: el I King o Libro de las Mutaciones, escrito en la China de unos 4000 años antes de Cristo. Pero esto es otra historia que también está narrada, y por el propio investigador del mundo de lo onírico, Jung, entre otras muchas cosas de antropología, símbolos, arquetipos, religiones antiguas…etc. En la edición completa del “I King” (o “I Ching”) puede leerse ese prólogo. (Me refiero a la edición en castellano de Edhasa, precedida de un soneto, expresamente escrito para el evento, de Jorge Luis Borges. Manejo la vigésimo séptima edición de la mencionada editorial, que es del año 2003).
Ahora pasemos a hacernos una pregunta: ¿Y si todo lo que el ser humano hace no diera de sí sino un des-estructurado “unus mundus”, - esto es, el mundo como un todo (“unus mundus”) en la Mens Dei, pero des-estructurado por el propio hacer humano a partir de ciertos vericuetos de la Historia de la Humanidad? Si es así, la Psicología Profunda de Jung, y con ello todo el arte, la pintura, la literatura, la música, el cine, los cuentos de hadas, el folklore en su totalidad, los mitos…, etc., todo eso, parece apuntar a esa idea.
La Mente Humana, representada como un círculo donde hay un centro primordial (el “sí-mismo” junguiano) y una zona de luz (la consciencia, con el “ego” como centro iluminador) y donde está lo que ciertas tribus o cuasi tribus de la Península del Labrador llaman el “Gran Hombre” -con el que buscan contactar a través de sueños o de prácticas chamánicas y otros metodos- y que coincide con “el sí-mismo” de que habla Jung…, eso, la Mente Humana así vista, para nosotros es en la práctica algo hasta cierto punto “intemporalizante”. No es que la llamada “cuarta dimensión”, cual es el Tiempo, no exista. Es que existe “de otra manera” en el Universo Onírico, en el Espacio Mítico, en el eterno psicodrama que es lo vital activo.
Para todo lector culto la lectura de este libro resultará fascinante, sin duda alguna: no sólo se aprende a conocer más de sí como persona, sino a mejor entender sueños, hábitos, el folklore de los pueblo o naciones, de las culturas actuales o primitivas. Y se acaba por comprender que desde tiempos prehistóricos eso que llamamos “humanidad”, en puridad, ha cambiado muy, muy poco. Asombroso, ¿verdad? Pues atrévanse a comprobarlo por ustedes mismos, y accedan a ese singular libro, que de fijo que sus páginas acabarán por atraparles: si no en los escritos del propio Jung, sí en los de Marie-Louise von Franz, o cualquiera de los otros discípulos de Carl Gustav que colaboran con artículos y estudios en la obra.
“El Hombre y sus símbolos”, de C. G. Jung
Editorial Paidós, 2ª edición. 1977