8437601010.jpgEl hilo conductor de este libro de Panofsky es la Idea de lo Bello basada en los diálogos de Platón. Va el autor contrastando estos valores a través de la Historia del Arte, explicando la evolución del concepto y el punto de vista de él a lo largo de los movimientos artísticos. Para ello  Erwin P. va poniendo claros ejemplos de cada época artística o autores, como Miguel Angel, Poussin, etc. Expone Panofsky la autonomía de la belleza artística. Conviene no olvidar la aclaración que hace E. Panofsky en el prólogo de la segunda edición donde nos explica que se trata de una obra escrita hace mas de una generación y que no ha sido en absoluto “modernizada”.

Idea, de Erwin Panofsky

Ensayos Arte Cátedra, 1995, Madrid.

giani.jpgGiani Stuparich, representante del lado más vital de la literatura triestina, condensa en este relato la historia de una relación entre un padre y un hijo. Las postales marinas de una isla llena de recuerdos para ambos son el telón de fondo. En primer plano, sin embargo, hallamos un diagnóstico inexorable que todo lo oscurece, incluso la deslumbrante luminosidad de los paisajes insulares. Los garabatos de un radiólogo sobre una hoja de papel que señalan la existencia de un tumor avanzado en el esófago no dejan de estar presentes durante el viaje a ese pequeño trozo de tierra rodeado de agua. Un viaje que es una despedida y un recuento. El padre, otrora sostén de un niño tímido y exangüe, busca ahora la protección del hijo, convertido en “un hombre exuberante de salud, en esa edad feliz en la que basta extender la mano para coger los frutos más sabrosos de la vida”. Y así, desde el cariño y la admiración, el hijo debe reubicarse en una nueva correlación de fuerzas, debe aprender a ocupar el lugar del cuidador, a lidiar con la impotencia que despierta en su ánimo la agonía paterna y a tomar conciencia del enorme vacío que dejará en su interior la muerte de su progenitor.

La isla, de Giani Stuparich
(Minúscula)

“Filosofá en los dás crôicos”, de Chantal MaillardLa obra “Filosofía en los días críticos” de Chantal Maillard, que apareció en octubre del 2001 y de la que la primera reimpresión en Pre-Textos es de abril del 2010, reúne una serie de fragmentos, numerados del 1 al 383, donde el lector encuentra desde reflexiones e ideas a veces sólo esbozadas pero siempre cargadas de intención esclarecedora, hasta poemas escritos en esa manera de “prosa abierta”, tan peculiar y directa, con que Chantal nos interpela desde los textos mismos. Poesía de gran intensidad junto a filosofía, visiones del mundo, acercamientos a maneras de método, todo ello en un tono sostenido desde el primer párrafo hasta el último.Leemos :94 “Lo diré: Hainuwele es un tantra sivaísta. Quien sepa de ello lo entenderá. El Señor de los bosques es Pasupati; Hainuwele, la yoguini que con su sacrificio se convierte en su Shakti: ella nunca ha dejado de serlo. Sakti: vibración cósmica. Como también el bosque ha dejado de ser Shiva, es decir, posibilidad de ser bosque. Necesariamente, Hainuwele ha de perder al Señor de los bosques. Ha de perderle precisamente cuando más trata de hallarle, cuando teme perderle, cuando empieza a querer nombrarle. Nombrar es establecer la distancia, nombrar es separar, nombrar es distinguir. Quien nombra no vive la unidad con lo que nombra. Desnudarse es des-nombrar. Sólo al perderle -y al perderse a sí misma, puesto que ella es Él- entiende el valor de la muerte, se dispone a morir, pues muriendo perderá todos los nombres, todas las máscaras. Morir es danzar, danzar es morir.” Es el fragmento 94, que hallará el lector en la página 64 de la edición arriba citada, la que ahora manejo.  Lo he citado porque, muy curiosamente, este fragmento es el que más, -no el único-, se ocupa del poemario capital en la obra total de Chantal Maillard que se titula “Hainuwele”. Y porque desentraña ahí la autora de “Filosofía en…” y del poemario, entra otras obras, el sentido último, la esencia de la “historia poética de Hainuwele”, ese álter ego más querido de la propia Chantal : ella misma lo proclama.En la obra que ahora comentamos, que no es el poemario aunque también, hay diseñado unos “Itinerarios”, por la misma autora, que permiten al lector recorrer diversos senderos a la par que lee, en una constante progresión de la lectura reflexiva y el pensamiento crítico, necesarios para entrar en el universo chantaliano, único en una europea que domina y conoce y ama la India como su más honda patria, deducimos.Aclaro al lector que he escrito Shakti y Shiva donde Ch. Maillard escribió Sakti y Siva, (de donde “sivaísta”), a fin de acomodar este comentario a lectores a quienes les pudiera resultar más familiar o reconocible lo de Shiva que lo de Siva. ´Siva sería confuso, y no dispongo de las variantes precisas en el teclado que manejo. Variantes para la adecuada escritura de los signos gráficos.La lectura de este libro, seguro, recompensa de muchas posibles lecturas de otros libros que a la postre nos obligamos a acabar más que nada por compromiso lector, que no por la atracción del texto. “Filosofía en los días críticos”, -el título mismo también queda aclarado en la obra-, es un texto que engancha, que dimensiona. Léanlo: crecerán al hacerlo.

“El espíritu es una prisión más monstruosa que la carne”, oí que me decían.”

Es el inicio de uno de los sueños que reúne y publica Juan Eduardo Cirlot en 1951, en su obra “80 Sueños”. Es en concreto el sueño número 68; está en la página 365 de la edición de “En la Llama”, de Ediciones Siruela, al cuidado de Victoria y Lourdes Cirlot Valenzuela, que se publicó en dicha editorial por Enrique Granell en el 2005. Doy todos estos datos, aunque no vaya ahora a referirme a obra alguna de JEC, porque mucho de lo que hay en el poeta barcelonés que logró la más alta cima de saber y poesía que se pudo lograr durante todo el siglo XX, está en contacto, subterráneamente, con el propio William Blake. Y no tan subterráneamente: en el poema Sí y No, de un poemario de J. E. Cirlot de 1946 (“Donde las lilas crecen”), leemos:

“¡Oh William Blake! tú me comprendes

y sabes por qué leo tanto

determinados libros de la Biblia.

               /…/

Sí y No;El Anciano de los dás. Visión de W. Blake

éste es el destino del mundo.

Oh, William Blake, tú me comprendes.”

Y es que la obra de William Blake, que finalmente se ha abierto paso no sólo entre mayor número de lectores, -: las obras de gran hondura poética suelen ser minoritarias-, sino sobre todo ha encontrado ediciones dignas: bilingües, con los textos traducidos con el menor asomo posible del tradicional “traduttore, traditore”, (del dicho italiano), sino además con excelentes prólogos y estudios serios, como es el caso de la edición facsímil hecha y editada por poesía Hiperión, la edición primera, del 2000. La 4ª edición, que es la que manejo, del 2007. Esa frecuencia de reediciones dará al lector una idea del éxito alcanzado por “El Matrimonio del Cielo y del Infierno”, que es la obra de Blake a que ahora dedicamos nuestra atención.

El libro reúne todos los posibles atractivos que un lector exigente podría desear: la edición es cuidada, la introducción, de José Luis Palomares, igual que la traducción, es magnífica, y para rematar todo el excelente trabajo, el hecho de ser facsímil, con las planchas reproducidas a todo color, que hiciera en su día el propio Guillermo Blake, hacen del libro “The Marriage of Heaven & Hell”, (su título en inglés), dotan a esta edición de un especial encanto.

El niño Guillermo Blake, hacia 1765-1767, tuvo su primera visión: un árbol llenos de ángeles en Peckham Rye, entre sus ovho y sis diez años. El padre le amenaza con pegarle por mentiroso, pero la madre intercede. 

El dato está en la inicial Cronología que nos ofrece la edición del libro, en su pág. 9. Con sólo esta notación, y con conocer un poco sobre la biografía de W. B., tenemos suficientes argumentos internos para hacernos una idea de cómo de dura, a la vez que de auténtica y plena de lucha, debió ser la vida y la obra del londinense del siglo XVIII.

Hoy, leer a Blake y no plantearse cosas sobre “la poesía maldita”, sobre la persistencia de una feroz censura, por solapada que sea, e incluso cosas sobre las tesis de la idea que mantiene aún en pie la “Hipótesis Gaia” sobre la naturaleza de nuestro propia planeta, es querer seguir con los ojos vendados. 

Yo aconsejaría no sólo leer este libro de W. B., sino cuanto se pueda de la obra de Juan Eduardo Cirlot, y tener, al menos, una idea somera de cuál es en el fondo la eterna lucha que se mantiene entre la “versión oficial” de lo que somos y dónde estamos, a todos los niveles, y las versiones “extra-”, o por mejor decir, “contra-oficiales”

Lector, he ahí tu libro. Mejor dicho: tus posibles libros y, tras de ellos o a la par de ellos, tus inevitables preguntas y reflexiones. Acude a ellos.

263281.gifEl poeta debe ante todo demostrar lo que dice” : fantástica afirmación, pues cuando más cunde la idea de que el poeta tiene razón siempre por la misma gracia del don de la palabra, y en poesía, al contrario que en matemáticas, nada debe ser demostrado, sino como mucho, -siguiendo en esto lo que ya dijera Ludwig Wittgenstein de la Mística : “Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico.” Según leemos casi al final mismo de su “Tractatus” -, Dalí “se pone el mundo por montera” y abre de par en par las puertas de lo sur-real al libre albedrío del creador, del Gran Maestre del Método Paranoico-Crítico que es Salvador Dalí.

Funde en uno poesía y pintura como si decidiera hacer más verdad todavía aquel cuasi axioma latino de Horacio: “ut pictura poesis”.

Ya desde esa inicial afirmación, Salvador Dalí, al pintar una obra que, (él mismo lo declara), necesita de un poema que sea también producto del mismo Método Paranoico- Crítico para ser entendido, da al Surrealismo una dimensión que en su momento el propio “inventor” del Movimiento Surrealista, André Breton, comprende y acepta

El lienzo es de 1937 y el impacto del método paranoico crítico daliniano llega hasta hoy intacto, casi virgen, pleno de sorpresas para cada lector y para cada lectura también

Toma, casi de puntillas, el dicho horaciano de la Epistola ad Pisones, por un lado,  funde sin confundir la Poesía y la Pintura, y toma un gran tema clásico,“La Metamorfosis”, de Ovidio, y lo aplica a Narciso-Gala. O a Gala-Narciso.

La Metamorfosis de Narciso” es un cuadro donde el autor emplea un juego visual y conceptual que en el poema se desgrana palabra a palabra, verso a verso, como en el lienzo mismo, y todo ello, tal vez, orientado a dejar nítida constancia de su personal hacer independiente ante la más fina intelectualidad de su tiempo. Y, -nos atrevemos a decir-, que de los tiempos sucesivos: pues llega a nosotros y nos “abre a lo oculto”, ordenando y re-ordenando lo irracional como sólo S. Dalí sabía hacer.

Los textos poéticos de La Metamorfosis de Narciso, el Manuscrito y los Apuntes componen un libro inexcusable para todo lector que quiera adentrarse con cierto rigor en la perspectiva vital y creativa de Salvador Dalí y en su rica personalidad.

 

Obra publicada por la Fundació Gala-Salvador Dalí, en Figueres, 2008, a través de la Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, con Textos de Montserrat Agüero Teixidor, Joan M. Minguet Batllori, una Introducción de David Lomas, y la Traducción al castellano (del texto catalán de Lomas) hecha por Francesc Esparza.

Si no me equivoco, un memorable estadista inglés vino a decir que lo corriente, o lo único cuerdo, es contar con un espíritu revolucionario en la juventud y conservador en la madurez, ya que a la inversa resultaríamos viejos locos o jóvenes inanes. Sin embargo, no me agrada tal diferenciación, pues juzgo que toda persona debe empeñarse en conservar lo bueno que se ha logrado y combatir para que prospere el mundo con independencia de su edad: las responsabilidades no acaban ni asomándonos a la boca del sepulcro y siempre hay tiempo de dar la vez.La posible evolución de la conciencia política en un individuo o país con el transcurso de los años es interesante, en muchas ocasiones triste, y no parece ejecución vulgar describirla como Armas Marcelo en Los dioses de sí mismos, novela lúcida y mordiente sobre cuatro lustros fundamentales, a partir de la lucha final, con el nombre borrico de lo que no concluye, surcando la muerte del que voló por los aires y la del déspota de vocecilla aflautada, que muchos lloraron y a no pocos hicieron brindar, nuevamente, los votos en las urnas, y después, el conato intolerable que agujereó la techumbre del Congreso y la gran huelga de la actual democracia española. Es una narración capitalina, elocuente, meditabunda y pertinaz, centrada en un buen número de personajes, casi seres vivos con las mataduras y costrones de la existencia, y en sus cálculos y anhelos, triunfos y amarguras, gloria y olvido, la pasión política que se mezcla con otras pasiones, sus maniobras y vicisitudes, y el desencanto al tratárseles como a los de la carda y pasar la baqueta; la vida en medio de la convulsión.J. J. ARMAS MARCELO, Los dioses de sí mismos, Random House Mondadori.

La ventaja de un libro de aforismos es que no es posible resumirlo, y eso lo salva de los inadecuados resúmenes que con frecuencia se hacen de los libros. Su desventaja es que no se pueden resumir. Haz y envés de una misma característica.

El libro de aforismos tiene una larga tradición en la cultura europea, desde sus inicios mismos en la Grecia Clásica. Pero no es hasta el siglo XIX, con el genio de Friedrich Nietzsche, cuando este tipo de libro cobra su verdadera naturaleza y perfiles. Antes de él, lo que encontramos, salvo excepciones, son tanteos y ensayos, una linea sinuosa de formas en la que parece querer buscar su verdadera condición, y coincidente con ello, un a variedad de nombres, como “sentencias”, “máximas”, “adagios”…, como ya señala Andrés Sánchez Pascual en la edición que hace en la Editorial EDHASA del libro que ahora traemos a estas páginas: “Aforismos”

El Prólogo que hace este autor que acabamos de citar es tan breve como iluminador. En tres páginas nos dice todo lo que tenemos que saber acerca del género de libros que son los “Aforismos”. Casi como si el prólogo fuera una especie de (algo extenso) aforismo en sí mismo. La manera como define qué es un aforismo es muestra de lo que decimos: “Una forma filosófica cuya rotundidad y autonomía no son el resultado de esfuerzos esteticistas, sino de trabajo del pensamiento

Nunca debe confundirse un libro de aforismos ni con una colección de fragmentos de autores cuyas obras nos llegan ya así, en fragmentos dispersos, como es el caso de la mayoría de los presocráticos griegos, (el libro de C. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, en versión de Jesús García Fernández, editado por GREDOS en su Biblioteca Hispánica de Filosofía, “Los Filósofos Presocráticos”, es ejemplar), ni tampoco con los tan socorridos “Diccionarios de citas”, que de tiempo en tiempo proliferan como hongos. Como bien puede entenderse, un libro de Aforismos tiene una entidad propia y su elaboración, desde luego, es fruto de un trabajo intenso y de gran finura de pensamiento. Si no llega a eso, es un fracaso. El que hoy comentamos de F. Nietzsche es un gran logro.

El término “aforismo” procede del verbo griego “aphorizein”, que vale por “definir”, y quien lo usó en su ciencia (médica) primero fue Hipócrates. 

Con el tiempo la palabra, del ámbito de la Medicina, saltó a todos los demás, con mayor o menor acierto. 

Desde tiempos primitivos se ha asociado el Conocimiento a la Magia, y en este sentido es necesario “creer” en la religión egipcia, y decimos “creer” también en el sentido de “crecer”, esto es, de estar informado a fondo de lo que eran aquellos rituales, mitos, significados de los dioses, etc., para poder entender tanto la Magia, como el Mundo de los antiguos egipcios. Sobre todo, para un egiptólogo, como es el caso de Christian Jacq.

En el Egipto de los Faraones, Religión y Magia van unidas. Del mismo modo, o de una manera muy parecida a como en el Catolicismo están unidos los rituales y las creencias, en el Antiguo Egipto lo estaban la magia y la religión. Podemos decir que en un sentido muy hondo de los conceptos, la religión egipcia antigua era del todo “mágica”, y una de sus principales funciones se centraban en los deseos de supervivencia (de los egipcios de entonces) en “el Más Allá”.

Encontramos una mezcla de lo material y lo espiritual semejante a la que en otras religiones de todas partes del mundo se han dado, pero en el Egipto de los Faraones tal cosa estaba tan íntimamente unida que sin comprender este aspecto el hombre de hoy con dificultades entendería aquel mundo, tantas veces rodeado de misterios y esoterismos.

Christian Jacq, el célebre autor del libro y afamado conocedor de aquellos mundos, divide su libro en 12 capítulos para su mejor comprensión. No sólo describe la iniciación del mago y sus rituales, sino que nos deja claro hasta qué punto, en aquel tiempo y lugar, la magia se consideraba casi como una ciencia exacta, y sus conocedores eran especialistas instruidos en esa ciencia. El Mago es el que posee el Conocimiento, y la Magia es lo que realmente construye el hombre. Heka es el dios de la magia, y su servidor, es el mago.

Incluye el autor, luego de haber descrito a cada divinidad en su panteón, cuentos del Antiguo Egipto que hacen el libro más ameno e instructivo, y nos habla y explica qué era la “medicina mágica”, que nace oficialmente en aquel, (en apariencia), lejano Egipto, que sin embargo pervive hoy debajo de mil maneras y formas de prácticas esotéricas basadas en la transmisión de sus saberes y misterios. s

El libro tiene una gran amenidad, como la tiene toda la obra del autor, y es una buena introducción para los que deseen acercarse, de una manera cauta y a la vez seria pero sin peligros de caer en absurdas actitudes, a esos extraños mundos que nos llegan de un pasado, como digo, en el tiempo parece que muy lejano, pero en ciertos aspectos de la vida cotidiana de hoy, aún vivo. 

Christian Jacq hace además un breve recorrido por los saberes mágicos de aquellos pueblos, que llegaron a formar uno de los más grandes imperios, prolongados en el tiempo más que otros muchos, y que dejó una profunda huella que llega hasta nuestros días. Doctor por la Sorbona en Egiptología, el autor del libro ofrece al público, a la par que muchas de sus novelas sobre el tema, uno de sus libros más emblemáticos. 

Título.- “El Saber Mágico en el Antiguo Egipto”

Autor.Christian Jacq

Editorial EDAF, Madrid, 1998

Nota.- La primera edición en castellano se hizo en 1991, con el título de “El Mundo Mágico del Antiguo Egipto”. La Traducción de: Pilar González Bermejo.

Ríome, que para eso estamos, de quienes desprecian una obra de arte por la presumible liviandad de su contenido y ponen cara de haber masticado alguna sabandija, como si únicamente lo sesudo contase con el privilegio de chismorrear sobre lo que importa, es decir, sobre el ‘quid pro quo’ del medio ambiente, lo humano y lo impío, pues la omnipotencia de los dioses y la veracidad de ambos es cuestión propia de las roncerías, fraudes e intimidaciones de cualquier papanatas. Resulta de lo más triste la incomprensión de que los elementos más cultos no son indispensables en una buena obra artística, que será tal si reluce de algún modo y se mantiene alejada de lo chabacano.
Jardiel Poncela, el dramaturgo innovador, inestable y poco aprehendido en su momento al que los estrujones femeniles dejaron huella en la solapa y los comentaristas enardecieron su afán, estuvo en boca de estos esnob que cultiparlan, cultipiensan y no advierten el jugo de algunas manifestaciones populares. En Cuatro corazones con freno y marcha atrás, un dignísimo triunfo de crítica y asistencia, Jardiel demostró lo que pocos tuvieron al unir factores tradicionales y un rumbo diferente, la rebeldía que se enfrentaba al pasado escénico con originalidad, ritmo y apostura, el embate contra el esquema al uso, las permanentes humoradas con cabriolas, las diabluras verbales, los estrambóticos  conflictos y el don de dirigir los dardos al centro de la diana. Y como cosecha, una extravagante obra de ficción científica sobre el brete de la inmortalidad y sus contrasentidos, las relaciones humanas en lo que no se concibe, la hartura de lo interminable; un espectáculo insólito pero verosímil, entusiasta y divertido cuyos derroteros no se transitarían de no ser por el tesón, según sus propias palabras, de este adelantado de chispa.

ENRIQUE JARDIEL PONCELA, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Vicens Vives. 

Las Hadas y su mundo “El Legado Celta” es un libro de J. García Font que con datos y amenidad introduce al lector en el conocimiento más elemental de un pueblo, cuyo nombre procede de la palabra “keltoi” con que les llamaron los griegos, y que se extendieron por gran parte de Europa del norte, todo el oeste, y llegaron hasta el sur. 

El período celta que mejor se conoce hoy es le denominado época de Hallstatt, y el posterior período de La Téne, ya con una cultura material que forjaba el hierro. Sus orígenes se hunden en el tiempo, pero es indudable que pertenecen al grupo de familias que se denomina, desde el punto de vista lingüístico, indoeuropeas, y está formada entre otros, por las lenguas germanas, latinas, griegas, y el sánscrito, entre otras muchas. 

Decimos lenguas latinas o griegas, etc., por el hecho de que dichas comunidades lingüísticas tenían dialectos, entre los que a lo largo de su historia se acabó imponiendo uno de ellos, que es el que luego transmite la mayoría de los textos.

El libro de J. García Font es claro y sugestivo. La información que pone a disposición de los lectores vale para adentrarse más en las leyendas y mitos, en las deidades y creencias que practicaban, tanto los celtas en torno a Los Alpes, o en la Anatolia, como los que se unen a otros pueblos en la Península Ibérica y con-forman los pueblos Celtíberos. O los celtas insulares, en Irlanda, por ejemplo.

Interesante es la referencia que se hace a lo que podemos traducir como “los pueblos de la Diosa”, una Divinidad (Dana: La Diosa) que podría parecerse a Démeter y también a Ceres y a Diana. Sus mitos y prácticas religiosas son sumamente interesantes, y el tipo de sacerdocio era desempeñado por los “druidas”, asociados al conocimiento de los árboles y con el cuervo como animal totémico superior. El prefijo “dru-” significa “a fondo”, y “vid-”, (sin duda emparentado con el latín “video”, ver), quería decir “conocer”. El druida es, pues, “el que conoce a fondo”, o “el que va más allá”. Creían en la inmortalidad del alma y en la reencarnación, y no temían a la muerte.

La palabra “druida”, además, puede estar también emparentada con el término griego “dendron”, que significa “árbol”, lo que coincide con los datos que hoy se conocen. La cuestión que de todas más suele interesar, desde mi punto de vista, es la de su mitología, por un lado, y sus posibles contactos con migraciones muy anteriores a las que hoy reconoce la Historia , son o nos son anteriores en que podrían llegar hasta periodos mucho más arcaicos de los que hoy se reconocen. 

Y todo ello de acuerdo con los datos que la propia Lingüística nos ofrece. Si consultan ustedes el magnífico estudio del estudioso y sabio don Francisco Rodríguez Adrados, “Historia de las Lenguas Europeas” (Madrid, Gredos, 2008), podrán comprobar que culturas pre-indoeuropeas persistieron mucho tiempo en zonas del Mediterráneo, y oleadas de pueblos de esa familia de lenguas que son los indoeuropeos hubo varias, de las que tres están muy bien documentadas. ¿Son los “pueblos de la Diosa”, ( “Thuata da Dana” ), una referencia al más allá, o la persistencia de una etapa, puede que pre-céltica y anterior al último Neolítico, de tipo matriarcal? Son muchas las cosas que nos quedan por saber de quienes nos precedieron en esta vida y estas tierras, y como dice el refrán latino, “ars longa, vita brevis”. Pero todo se andará. El libro es, como digo, de gran interés por la cantidad de cosas que sugiere y los datos y referencias a otros libros y autores que proporciona.

Autor.- J. García Font

Título.- El Legado Celta

Edita.- mra. Creación y Realización Editorial, S. L. Barcelona, 1998

noche.jpgLa noche sabe guardar secretos y albergar placeres. Nadie como ella sabe mecer nuestros sueños y convertirnos en seres inmortales al envolvernos con su magia. Pero la noche también sabe intimidarnos, abrir agujeros negros en el corazón y despertar la humildad en nuestra alma acongojada. Cuando despliega la grandeza del universo a través de su manto de estrellas y nos desnuda. Cuando nos rodea de oscuridad e incertidumbre y nos asusta. Cuando nos separa de todo y de todos y nos interroga. Esta obra poco conocida de Rainer Maria Rilke es un canto al tenebroso hechizo de la noche, temida y amada por el poeta. Está compuesta por versos escritos en París entre 1913 y 1914, excepto cuatro de ellos, que el escritor compuso durante su estancia en la ciudad malagueña de Ronda. Uno de esos versos lanza una proclama que el lector no debería olvidar nunca: ¡Respira la oscuridad de la tierra / y levanta de nuevo la mirada!.

Poemas a la noche, de Rainer Maria Rilke
(Ediciones del Oriente y del Mediterráneo)

8496647013.jpgEn la inmensa variedad que el universo de los libros, eso que llaman  muchos la “Galaxia Gutenberg”, hay siempre recodos, fisuras, caminos insospechados: son aquellos libros y aquellos autores que tienen el don de cautivarnos. Unos, nos atrapan desde que somos niños, y nos convierten en adictos a  esa feliz droga que es la lectura. Pasamos de “La Isla del Tesoro” o de las novelas de Emilio Salgari, a J. Swift, a J. Rulfo, a F. Kafka, a H. Heine o a Virginia Wolf. 

No importa si leímos más de una vez “El Quijote” o si nos quedamos en la mitad de la segunda parte. No importa si leímos todo Goethe o todo Shakespeare o no pasamos de un par de novelas de W. Faulkner, de Juan Marsé, o de Alejo Carpentier. Lo que importa es que leemos. Y que no podemos ya dejar de leer.

Y hay un segundo escalón que no tarda uno en descubrir: a medida que más se lee, se descubre que aumenta lo que nos falta por leer. Este proceso, este fenómeno tiene su lógica y es lo que quiero ahora abordar: lo que llamo la lógica paradoja del saber: cuanto más se sabe, sólo se sabe de cierto que se ignora más. 

El saber, la ciencia entera es como un globo. Se va inflando el globo con lo que vamos sabiendo, pero el globo conforme más lleno está, más aumenta sus lindes con lo desconocido, con lo que ignoramos. El “sólo sé que no sé nada” tiene ese fundamento. Y este fenómeno, hoy por hoy, y desde mi perspectiva, desde luego es insoluble, por un lado, y feliz realidad por otro: un mundo sin misterio ¿merece la pena ser vivido? Lo dudo.

Ustedes tienen la palabra, señores lectores. De momento, si se adentran en la novela de Frank Slaughter, “La Venus del Cuadro”, que ahora abajo citamos, irán descubriendo cosas como las que les acabo de razonar y puede que otras muchas más que, -¡seguro!-, soy ahora incapaz de imaginar. 

Leerán una novela que es un viaje por el tiempo, y por el espacio: en la Contra-Reforma de la parte más reacia del Vaticano y de la España de Felipe II, y en las Cortes Europeas más influyentes. Viajarán por el mundo de la magia negra, y de las hechicerías, de los enigmas del arte y sus insospechados caminos. Y los de las pasiones, los de la belleza, y la locura que a veces acarrea el amor desmedido o incontrolado. Novela que atrapa y llega a subyugar en algunos pasajes, la maestría del Frank G. Slaughter y la excelente traducción de A. Gómez hace de la operación de leer un singular hechizo.

Autor.-       Frank G. Slaughter

Editorial .- Aurea Editores. Barcelona. 1* edición, julio 2006

(Traducción de Álvaro Gómez)

product-12539763.jpg“Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…, ¿entonces, qué?” Es una cita de Samuel T. Coleridge. La reproduce Jorge Luis Borges en su singular  obra “Libro de sueños”. La cita del argentino universal está cuidadosamente elegida: afecta a las lindes mismas de qué sea y de qué no sea sueño. Quiero decir que, llegados a un punto, es algo complicado establecer dónde empieza y dónde acaba la realidad o lo que consideramos como tal, y la ilusión, suponiendo que los sueños que se tienen cuando dormimos sean sólo eso, ilusión.Lo que sería suponer algo casi sin base ya: los estudios de laboratorio, de centros especializados en el tema de las cuestiones oníricas, y de reputados estudiosos como el doctor Peretz Lavie (de quien se puede leer en castellano su obra “El fascinante mundo del sueño”, en Editorial Crítica), o como el no hace mucho tiempo fallecido Luis Cencillo, entre otras muchas personalidades del mundo de la investigación, de la medicina, de la psiquiatría, o de la antropología…, esos estudios y todos esos resultados, hoy a nuestro alcance, dejan sin base lógica e incluso razonable a quienes sin más quisieran negar determinadas realidades, las del mundo onírico entre los seres humanos actuales y también entre los primitivos.El sueño es hoy día aún una especie de “Terra Incognita”, pero cada vez son más los que la exploran y nos traen, no la flor que le dieran a Coleridge en su sueño, pero sí la constancia patente de esa otra cara del vivir cotidiano que sólo en el los procesos del dormir se nos muestra.El libro de Borges es una colección de citas que van desde el Poema de Gilgamesh hasta el propio Jorge Luis Borges, pasando por todas las culturas y épocas históricas, por la Biblia y los maestros místicos chinos, por filólogos como Sebastián de Covarrubias y por personalidades de la vida espiritual y viajera como Alexandra David-Neel. Si dijera que es un libro de sueños, me quedaría corto: es mucho más. Y si dijera que no es un libro de sueños, excedería los límites de la verdad y caería en el resbaladizo territorio de la mentira: es un libro de sueños. Además de otras cosas, que sólo se descubren con la lectura del singular, muy singular “coleccionario” ( se me permita el término) que compone el genial Jorge Luis Borges.La edición que manejo está editada en Siruela, y es de 1976. Ignoro si se ha reeditado, pero eso ya sería tarea que se sale de esta breve entrada y cae casi de lleno en la curiosa y cuidadosa búsqueda de los lectores. Puedo asegurar que la lectura de este libro es en sí un modo de viaje extraordinario y pleno de sorpresas por la historia, las culturas, los tiempos ya sidos y los que pudieran llegar a ser. Tengo entendido que en la actualidad es posible descargarse de La Red el famoso libro-compilación de J. L. Borges, pero no podría asegurarlo: en todo caso, el lector puede también indagar esto: merece la pena.

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