viaje3.jpgHay libros que superan la propia definición del género al que pertenecen. Éste es, sin duda, el caso de El viaje a ninguna parte, novela que Fernando Fernán Gómez escribió cuando ya era un actor-escritor-bohemio sexagenario.

Este libro es más que una novela al uso. Conforme uno avanza en su lectura, tiene la sensación de estar viendo un documental en blanco y negro sobre el mundo de la farándula y la España profunda y contradictoria de la que podemos avergonzarnos y sentirnos orgullosos en la misma medida. La descripción de lugares, personajes y situaciones convierte esta novela en un retrato en sepia de una época que marcó profundamente a este país. Sus diálogos magistrales podrían haber sido grabados, magnetófono en mano, en las plazas de los pueblos, en los caminos, en las pensiones y en las tabernas más sórdidas de nuestro pasado reciente.

Este retrato realista de lo sórdido y lo mágico ayuda a profundizar en algunos aspectos del ser humano, del arte y del “progreso”. Tal vez este libro debería estar incluido, si no lo está ya, en los programas de las escuelas de arte dramático, en los “itinerarios curriculares” de los escritores de teatro e incluso en los aspirantes a las operaciones triunfales de nuestra emérita televisión.

El viaje a ninguna parte, Ediciones Cátedra (2002)

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