conversaciones entre alquimistasDescubrí a Jorge Riechmann un día triste de 1997. Las librerías son lugares idóneos para lograr que el tiempo se torne ingrávido y yo había decidido que esa tarde amenazante no iba a desplegar sobre mí las horas como días. Comencé curioseando varios ensayos, pero era poesía lo que me pedía el alma. Después de un rato subsané el error cambiando de sección y, cuando se acercó la hora del cierre del establecimiento, me decidí por El día que dejé de leer EL PAÍS.

Desde entonces sufro una fuerte adicción a la prosa de Riechmann y cada nueva publicación suya era consumida por mí con la avidez del sediento. Con los años he ido domesticando esa urgencia y mi última adquisición, Conversaciones entre alquimistas, ha sido saboreada con calma y pausado placer.

riechmannEs difícil describir la poesía de este autor polifacético (licenciado en Matemáticas, doctorado en Ciencias Políticas, ensayista y poeta, combina su actividad docente en la Universidad de Barcelona con su trabajo como traductor y su activismo ecologista), pero el efecto que produce en el lector es siempre una inyección infalible de vigor. El camino, a pesar de todo, merece ser recorrido con valentía y honestidad. La crudeza y la ignominia están ahí, sin barnices, obstaculizando el paso, pero eso no importa, pues, como dice la voz del alquimista, “sembrarán de sal nuestros campos y exterminarán nuestra estirpe hasta el último vástago; pero al menos no habremos dejado pasar ni un solo paralogismo.”

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