Mie 14 Oct 2009
SPOON RIVERS, UN LUGAR UNIVERSAL
Posted by Manuel Laza under General
Lúcidos son algunos libros, lúcidas muchas páginas de autores diversos y escritas en muchas formas: como poemas, como descripciones, como relatos, como diálogos, como monólogos o como mera filosofía, aparentemente seca y alejada de la fragancia de la palabra poética. Pero pocas veces encontramos tanta lucidez en tan sólo un libro, un libro que se nos presenta en la doble forma de poemas que son epitafios, y de epitafios que son poemas. Y de poemas que conforman una gran novela de multiplicados personajes “reales”, todos ellos centro de un breve instante, de un único fulgor legible: aquel donde el autor nos pone ante las breves palabras últimas del ya sido y enterrado habitante de un pueblecito, Spoon Rivers, tan tenaz en su ser y en su existir como pueden serlos Macondo o Comala, o ese declinable “En un lugar de la Mancha…”, por sólo citar unos pocos, poquísimos, entre los tantos y tantos otros que hallamos en la Literatura, desde la inmortal Troya hasta la Isla de Circe, Itaca, o la mismísima ciudad de Nueva York, a partir, para mí y ahora, de “Poeta en Nueva York” de Lorca. (Pero también antes de Lorca).
Hablo de la “Antología de Spoon Rivers” del autor norteamericano Edgar Lee Masters. Edgar, como Allan Poe. Lee, como el apellido de la heroína del poema de Poe, “Annabel Lee”. Y Masters, porque en ese libro la literatura del escritor y abogado estadounidense, antes de la “Antología de Spoon Rivers” algo “anodino”, es todo un magistral logro literario. Y que el lector dispense este “juego” que acabo de hacer con el nombre del autor de la “Antología…” Creo que merecía la pena.
“Esto es lo triste de la vida (…), que nuestro corazón se siente atraído por estrellas que no nos quieren”. Son palabras con que acaba el “fragmento de vida” otorgado en el libro a Herbert Marshall (pág. 125 del libro). Y esto otro: “No dejéis que se haga jardinero de vuestra alma la voluntad, /a no ser que estéis seguros / de que es más sabia que el alma.” Son las palabras con las que finaliza (¿poema?, ¿fragmento de vida?) el texto que lleva por título Louise Smith (pág. 124), inmediatamente anterior al texto de H. Marshall. Estos dos textos son los que yo ahora resaltaría para poner ante lector la hondura del grande y extraño, singular poemario-novela-en-estructuración que es el libro de “A. de Spoon Rivers”. Y si acudimos al “Epílogo” final de la obra, desde la páginas 345 hasta la 366, el autor pr0pone al lector un breve drama dialogado, entre ángel y demonio, donde el uno saca -dice- el Alma, y en respuesta el otro, -dice- mueve la Voluntad. ¿No recuerda en algo esto a aquel dilema, tan unamuniano, de contraponer los elementos del corazón (la fe, por ejemplo) contra los de la razón? Digamos de paso que a E. L. Marshall, un buen día, comenzó “ a dolerle los EE. UU.”, ni más ni menos a como a los del 98 “les dolía España”. Y, sin embargo, el escritor norteamericano, no es en absoluto un autor asimilable al los 98. En todo caso -dice el Jesús López Pacheco en su magnífica edidicón de Cátedra-, el americano sería más bien un “miembro de la Contrageneración del 98”.
Obra de lectura lenta y degustativa. Y si el atento lector logra hacerse de una edición como la que aquí se cita, a buen seguro que tendrá una rara joya entre sus manos.
Antología de Spoon Rivers, de Edgar Lee Master.
Edición 2ª, del 2004 (Traducida y anotada por Jesús López Pacheco).
Colección “Cátedra. Letras Universales”, Grupo Anaya.

