relato.jpgEn 1955 Gabriel García Márquez era un joven reportero desconocido que trataba de hacer periodismo en un diario bogotano esquivando la censura de la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla. En febrero de ese año ocho tripulantes de un destructor de la Marina de Guerra de Colombia desaparecieron en una tormenta caribeña. Tras cuatro días de búsqueda infructuosa fueron declarados muertos oficialmente. Pero uno de ellos, milagrosamente, salvó su vida y apareció diez días después del accidente en una playa del norte del país. El joven Gabo reconstruyó su historia, que fue publicada por entregas en el periódico para el que trabajaba con detalles que pusieron en un aprieto al gobierno. El cierre del diario llegó meses después del escándalo político. Pero más allá de la valentía del periodista y del náufrago a la hora de hacer pública esta aventura sin faltar a la verdad, hay algo fascinante que nos descubre, y es la obstinada fortaleza de la mente, que es capaz de resistir en situaciones extremas incluso cuando el cuerpo se ha rendido: “Hay un instante en que ya no se siente la sed ni el hambre. Un momento en que no se sienten ni los implacables mordiscos del sol en la piel ampollada. No se piensa. No se tiene ninguna noción de los sentimientos. Pero aún no se pierden las esperanzas”.

Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez
(Tusquets)

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