Para estas noches heladas, mientras las calles se llenan de nieve y da pereza salir, conviene contar con un clásico como Charles Dickens. Es uno de esos autores que nunca fallan, que siempre reconfortan y entretienen. La edición de estos relatos escogidos sobre fantasmas resulta muy oportuna. De ello se ha encargado Impedimenta. 

Afuera se vislumbra un tiempo de perros. Así que uno coge este libro, se sirve una infusión caliente y hace nido en el sofá y lee las historias sobre gente que se aparece en el momento en que, en otras tierras lejanas, su cuerpo sucumbía; sobre espectros que confiesan su condición, aunque no puedan revelar los secretos del más allá; sobre guardavías a quienes los espíritus anuncian grandes catástrofes; sobre hombres que no creen en estos misterios, pero acaban creyendo; sobre individuos asesinados que regresan a los lugares que solían frecuentar o a las casas donde murieron.

En algunos hay, incluso, espacio para el humor. Como en “El letrado y el fantasma”, en el que un hombre convence, al espectro que lo importuna, de la necesidad de viajar por otros rincones, y no sólo por aquellos lugares donde fueron desgraciados en vida. Lo dicho: bendito sea Dickens y su eficacia narrativa. 

  
Para leer al anochecer. Historias de fantasmas, de Charles Dickens
Madrid, Impedimenta

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