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Monóvar y una historia de amenazas
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Presentación de Serolo en el Club Taurino
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Un abrazo
Jorge
Mi abuelo, el Merengue: una historia de constancia
En la madrudaga de ayer, 9 de febrero, se iba para siempre mi abuelo el Merengue. Su ya frágil cuerpo no aguantó otro invierno, después de noventaymuchos. Se ha marchado con serenidad, sin hacer mucho ruido, dejándonos una triste lágrima rodando mejilla abajo.
Mañana le llevaremos a Benejúzar, donde nació y donde descansará definitivamente junto a su Nati, que se fue tan pronto, un lejano mes de abril del 83. Tan humildes como otros tantos paisanos nacidos en el primer tercio del siglo XX, más pobres después de esa guerra sangrienta que le llevó a militar por necesidad en el ejército republicano y de la que nos contaba tantas historias, como cuando en el frente de Madrid se jugaban los cigarros con los del bando nacional en partidos de fútbol, o como cuando tenían que liarse las hojas de patata porque no había nada más que fumarse. Me resultaba curioso con qué sonrisa contaba los pocos momentos de relajación y ocio de aquella triste contienda, cuando él era todavía solo un adolescente. O cuando, ya acabada la confrontación, le pusieron en la fila de los que iban a ser ajusticiados en su pueblo, y tuvo que ir su suegra, Soledad “la Cunda”, a enfrentarse al cabo que dirigía el macabro desfile a decirle que su yerno no había luchado contra nadie, que se fue a la guerra obligado, y que si lo mataban no tendrían ningún hombre en la familia para trabajar y mantenerlos a todos. Seguramente una última sombra de misericordia de aquel hombre, más un mucho de astucia de mi bisabuela, obraron el milagro, y Paco el Merengue no acabó siendo un número más de la lista de aquel horrible paredón y un bulto más en la fosa común recién abierta. A cambio, después de tres años de cruda lucha, le tocó realizar tres más de servicio militar.”¡¡Tre año de guerra y tre de mili, nene!!”, nos decía una y otra vez.
Después les llegó el hambre y los duros años de posguerra donde la supervivencia resultaba mucho más dura que tener que fumar cigarrillos de patata. Varios de sus hermanos se fueron, como otros muchos españoles, a probar fortuna a Francia. Él se casó con su Nati, con la que ya se había casado por lo civil en tiempos de guerra, pero ya se sabe aquello de que todo se anuló. Nos contaba que aquella primera vez planearon irse juntos. Ella era muy joven, 16 años, y sus padres no acababan de ver bien el matrimonio con Paco. Así que una noche ella se puso dos mudas de ropa encima y esperó a que él acudiera para irse los dos a vivir su propia historia. Luego todos entendieron que no podían impedir esa unión, seguramente ya consumada en la cariñosa clandestinidad de la adolescencia rebelde, y mi bisabuelo, aquel que en una apuesta a ver quién se comía más merengues se ganó el apodo, compró un cerdo y celebraron el matrimonio civil de su hijo y aquella muchacha. La otra boda, la religiosa, no tuvo que ser tan sentida, porque nunca contaron nada de ella.
Tres hijos tuvieron: Paco, Manolo y Nati. Más un aborto de gemelos. Mi tío Paco cuenta todavía cuando iba con la bicicleta a llevarle la comida al trabajo. Andaba el Merengue por entonces en las labores de desecación de la zona, una actividad de las más duras que uno pueda imaginar. Lo de la Vega Baja era nombre bien ganado por la fertilidad que a aquellas tierras daban las crecidas del Segura, hoy prácticamente impensables. Vivían en una casa alquilada en Almoradí, donde el retrete era un agujero en la tierra del patio y el papel higiénico, las piedras del campo. Y dormían con los restos de la matanza secando en el techo. Entró a trabajar pronto en un bar, lo que sería su profesión definitiva. Primero en el bar de Font, personaje conocido allí. Luego, tras una visita de mi otro abuelo a Almoradí (cosas del destino), se vino con él a la Villenense de Alicante, con toda la familia a cuestas. Y años después, abría su propio negocio en la misma avenida de Alfonso X El Sabio, con las letras de su apodo bien grandes: EL MERENGUE.
Durante su época en la Villenense se hizo muy popular cuando toreaba Vicente Fernández “El Caracol”, que era paisano suyo, y al que llegaron a seguir él y mi abuela en su andadura taurina hasta la trágica tarde madrileña en que cayó gravemente herido. Vicente me cuenta, siempre que me ve, aquello de la pizarra que mi abuelo exhibía en el bar con los trofeos que cortaba las tardes de gloria, y que tenía dibujado un enorme caracol con una muleta.
Tengo tantas cosas que contar que se me agolpan y no salen fluidas. Le recordaré siempre con una sonrisa y con su pelo blanco y su tez morena en el apartamento de Arenales del Sol, donde disfrutó del astro rey cuando la vida le dejó viudo. Y de cómo nos besaba, estilo ametralladora. A todo el mundo le contaba que tenía nueve nietos, quizá su mayor tesoro, y ahora, desde la inocente desmemoria que le trajo el tiempo, apenas pudo darse cuenta de todos los biznietos que le había deparado el destino.
Era tozudo hasta decir basta. Tanto, que aprendió a leer cuando abrió su bar con la ayuda de un maestro de escuela retirado que iba todos los días allí. Tanto, que mi pobre abuela se cansó antes de cocinar paella todos los días durante tres meses que él de comerla. Tanto que, después de una disputa familiar con sus hermanos, les dijo que se iban a morir todos antes que él, aunque era el mayor de los siete. Y hasta en eso casi les ganó. Solo le sobreviven las dos hermanas pequeñas. Y llevó a gala siempre su filiación al Atletic de Bilbao. Los coletazos finales de su memoria nos dejaron la última nochebuena que su salud le permitió compartir con nosotros (esas nochebuenas en familia que son su mejor legado para sus descendientes), la postrera repetición de la alineación del Bilbao del año 23, que él decía a su manera, con ese seseo tan gracioso y característico de su tierra (”Asín es como tu dises, nene”, decía cuando se le acababan los argumentos), y que la memoria de los que le quisimos nunca dejará caer en el olvido. ¡Va por ti, Merengue!
BLASCO, SABALSA, URQUIJO,
SILAURSA (¡así decía él Gilaurren!; ¡¡es que los vascos tienen unos apellidos que…!!), MUGUERSA, ESQUERRO,
ROBERTO, LAFUENTE,
BATA, CHIRRI Y GOROSTISA!!!!!!!!!
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Comienza el nuevo curso taurino
El final del mes de enero siempre marca el comienzo del nuevo curso de la Escuela Taurina de Alicante. En esta ocasión, será el domingo 31 de enero el que dé pistoletazo de salida con la ya tradicional misa de campaña y posterior clase práctica, más la comida de hermandad posterior.
Este año, como triste novedad, se vuelve al ejercicio ante el carretón con un prólogo-epílogo invernal que no ha sido plato de buen gusto para nadie. La desagradable situación se disparó con la publicación en este periódico de un reportaje en el que se daba crédito a la denuncia de tres alumnos sobre los malos modos y malos tratos verbales por parte del director de la escuela, Antonio Martínez “Rondeño”, hacia esos alumnos, y algunos más, según ellos aseguraban. Las envidias de este mundillo taurino, especialmente amargas en esta nuestra ciudad, siempre han generado una rumorología sobre preferidos y malditos en el seno de la escuela taurina. El “codiciado tesoro” que provoca tales intríngulis son las intervenciones en becerradas, tentaderos y novilladas sin picadores, habida cuenta de lo caro carísimo que resulta poder lidiar un animal en estos tiempos que corren. Se habla, se comenta, como si de una mafia se tratara. En las distancias cortas, ya se sabe, todo se engrandece.
Pero los que seguimos de cerca el devenir del estamento docente sabemos que no es para tanto la cosa. Siempre hay meridiana claridad en cuanto se le pregunta al cuadro de profesores, no solo al director. Y puede haber discrepancias en alguna ocasión, pero no se puede magnificar y llevarlo a la categoría de delito.
Otro tema es lo de las formas y los abusos verbales. Quien esto escribe, que anda metido desde hace años en el tema de la educación, está harto de escuchar a muchachos quejándose de lo que se les pide y de cómo se les pide, y de recibir a padres que creen a pie juntillas a sus hijos, “que nunca me engaña”, y cuya vida, en realidad, saben cada vez menos. Pero les creen en un último intento de ganarse la confianza del adolescente que cada día se distancia más. Y el profesor tiene que ¿demostrar? que lo que dice, lo que observa, lo que tiene ganado por profesionalidad y experiencia, es la verdad, frente a la versión del muchacho (o muchacha, claro), que para apoyar sus razones aporta los manidos argumentos del “me tiene manía” o “es que no es como lo cuenta”.
Por eso, cuando me enteré de lo que ocurría, tuve muy clara mi opinión. Y todo ello no quita para otorgarles el beneficio de la duda, porque uno nunca acaba de conocer bien a la gente, y casos hay de sobra para demostrar que no siempre se es lo que se parece. En este caso, el de Rondeño, lo he observado de primera mano, y por ello (amén de la defensa que han hecho otros muchos alumnos) me permito opinar que quizá la manera de expresarse de Rondeño puede resultar en ocasiones dura, pero es que la profesión para la que estos chicos se están formando es mucho más dura, y tienen que ser conscientes desde el primer día. Confundir dureza con maltrato verbal quizá sea una línea de débil trazo para los alumnos, pero no debe serlo para los adultos. Si no pueden superar el genio de un profesor en un momento dado, ¿qué ocurrirá cuando el que saque el genio sea “el de las patas negras”? Además, si yo fuera el padre de un alumno y tengo la más mínima sospecha de ese maltrato, me faltan horas para denunciarlo donde se debe, en un juzgado. Pero aquí a buen seguro que hay una estrategia detrás, un deseo de erosión de la figura y la buena fama de Rondeño. ¿En beneficio de quién? ¿Con qué objetivo?
Aquí surge el tema de los mentores, aunque ya lo he apuntado. De siempre, y ya digo que en esta ciudad se nota mucho, los adultos que andan alrededor de los jóvenes aspirantes suelen hacerles mucho daño. No son objetivos, siempre ven del color del cristal de su hijo o pupilo, y en una escuela hay muchos alumnos que deben tener las mismas oportunidades. ¡¡Pero no debemos caer en el error de la simplificación!! Aducían como ataque principal los alumnos acusadores que no todos los alumnos toreaban las mismas novilladas. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Una cosa son las clases prácticas, incluso los tentaderos, donde todos deben contar con su oportunidad. Y en Alicante, al menos en los tentaderos que se dan en la plaza, se da esa equidad. Cuando he ido al campo con ellos en alguna ocasión, igualmente la he comprobado. Pongamos por caso un instituto de enseñanza obligatoria. En clase todos tienen los mismos derechos (¡y obligaciones, ojo!). Pero cuando se trata de acudir a un certamen de matemáticas, o de relatos, o de ciencia, a representar al centro, van los mejores, los que lo han trabajado, los que pueden responder y se han merecido ir, que no siempre son los más inteligentes, pero sí los más preparados. Apliquémoslo a la escuela taurina, a las novilladas sin picadores en otras localidades, y tendremos lo mismo. Y añadámosle el agravante de que estos alumnos se juegan el físico. ¿Cómo va a llevar el director a un alumno que no está preparado únicamente por cuestión de igualdad, jugándose no solo la imagen de su institución, sino la integridad de ese alumno? ¿Con qué cara mirará a los padres si le ocurre algo por no estar capacitado? Los argumentos caen por su propio peso.
Cuando se publicó el reportaje que mancillaba la imagen de Antonio Martínez Rondeño recibí abundantes llamadas de gente que me preguntaba, por mi colaboración con el periódico, sobre los porqués, los supuestos detalles, etc. Incluso ex-alumnos y alumnos de la escuela se dirigieron a mí para darme su versión contraria a lo que se contaba y saber qué podían hacer. Reconozco que quise escribir este comentario nada más saber de la publicación, pero creí oportuno esperar a que primero hablaran los protagonistas, y aunque con un poco de retraso por cuestiones editoriales y de espacio, al final hablaron, y las cosas volvieron a su cauce en el reportaje que dio final a todo este dislate.
No voy a recordar los nombres de los alumnos acusadores, ni tampoco daré el de los defensores. Quede como dato que tres atacaron, y quince (que pudieron ser más) acudieron en defensa de su director. Si además nos paráramos a analizar las trayectorias de los tres inquisidores, la cosa quizá resultaría muy dura por la mediocridad. Dos de ellos son agua pasada que no mueve molino, y que no dejaron eco positivo alguno cuando debieron hablar, con estoque y muleta. El otro, principal actor de esta función de endeble argumento, acaba de demostrar muy poca personalidad con toda esta historia. Ser torero es algo muy grande y muy duro. Las cimas y depresiones son constantes, y no se puede andar con estas historias para ganar fuera del ruedo lo que no se aquilató frente a los astados. Y peor sabor de boca deja pensar en los mentores, que andan haciendo pagar sus resabios a jóvenes inmaduros que acaban perdiendo de esta triste manera todo su caudal de ilusiones.
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Serolo será empresa en Alicante
La cutrez de adjudicación para la plaza de toros de Alicante ya tiene final. Al menos, a falta del epílogo, a saber, la firmita final, todos los indicios y pruebas apuntan a que el asesino es el mayordomo. O sea, que el próximo empresario de la “Mezquita del toreo” sera Sebastián Rodríguez, Serolo en los carteles. No hacían falta estas alforjas para tan corto viaje. Tomen nota los ediles y responsables del ámbito taurino en nuestra ciudad de cómo NO debe hacerse el procedimiento de adjudicación. Mal desde el principio, muy mal; pésimo en el intermedio; y otro tanto en el desenlace. La opción de recuperar la gestión de Nacho Lloret a última hora (esa invitación a tres bandas, con Taurodelta fuera desde la misma invitación, y con Casas incluido en ella a pesar de los improperios hacia afición y consistorio no tienen otra explicación) les ha salido mal. Si intentaban eso, no critico el fondo; si no lo intentaban, la imagen de nuestra plaza desde luego estaba abocada a salir muy mal parada. Desaire del que ya desairó, o lo que suele llamarse vulgarmente “bajada de pantalones”. A las cosas viene siendo bueno llamarlas por su nombre.
Así las cosas, solo nos queda desear mucha, pero que mucha suerte a los nuevos virtuales empresarios. Difícil lo tiene con la tan manida crisis en las mentes de los españolitos (y los alicantinitos, claro) y también en sus bolsillos. Además, malos antecedentes se han dejado oír de sus quehaceres en las diferentes plazas que han gestionado. Conviene llevar a cabo una “amnistía de memoria”, como en la Transición política española. Se perdona, de momento, pero no se olvida.
La cabeza visible en nuestra ciudad la tendrá Manolo Carrillo, que a solas bien gestionó durante unos años la plaza de Monóvar. Eran años de bonanza económica, y era coso de menor rango (sin menospreciar a nadie, quede claro). Esta es su gran oportunidad, aunque trabaja para terceros y se llevará porrazos de unos y de otros. Ojalá no se esconda cuando las duras y también alguna madura le sea propicia.
En lo personal, me alegro por Paco Palazón. Como torero no voy a jalearle. Ha tenido oportunidades, él lo sabe, y por unas cosas o por otras (él también lo sabe) no ha acabado de subirse al carro. Calidad, sobrada la tiene. Es cuestión de demostrarlo. Ya lo dijo el Gallo: “Torear es tener un misterio que decir, y decirlo”. ¡Qué genio del pueblo! “Y decirlo”, ahí está el intríngulis. Ojalá sea capaz de salir a la plaza “y decirlo”. Sabe las palabras, el ritmo que debe darles, la entonación de las frases, el adorno final… pero no deberle fallarle el micrófono ante la audiencia. Ojalá todo se conjugue, “y lo diga”. Le deseo toda la suerte posible.
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Resaca y memoria de la IV Gala Taurina
Las horas pasadas desde que diera por finalizada, más allá de la una de la madrugada, la IV Gala Taurina, me provocan ese regusto de los buenos platos, y no precisamente por lo gastronómico (aunque hay que decir que la cena preparada por Salones del Mar fue de alta nota, como siempre), sino por la cantidad de detalles y sensaciones que van resbalando por el paladar de la memoria. Sabéis los que visitáis con más o menos asiduidad este blog de mi implicación en este acto, con el argumento principal de que lo organiza José María Jericó y con él no pongo pegas a nada. Aunque lo que me toque sea conducir el acto de entrega de premios y distinciones. Uno cree que va mejorando año tras año, como dicen del vino, pero a veces viene bien una cura de humildad como oír hablar, como anoche, a don Andrés Amorós. Todos los asistentes coincidíamos en la maravilla de escuchar a este hombre, compendio de sabiduría y dechado de naturalidad, en sus sabias palabras. Desde la reivindicación de ser aficionados hasta la breve pero magistral lección de literatura en la explicación y el recitado de poemas tan cercanos como el Llanto de Lorca y el Como el toro he nacido para el luto de nuestro Miguel Hernández. Yo no sé explicarlo mejor. Quien lo oyó anoche, sabe de lo que hablo. Después de su intervención me sentí pequeño, diminuto, como una hormiga que tuviera que escalar la pirámide de Keops. ¡¡Pasé hasta vértigo!! Aunque ya digo que no deja de venir bien una cura de humildad de este tipo.
Me sorprendió la intervención del teniente de alcalde de Alicante Andrés Llorens. Lo conocí ayer personalmente, y reconozco que me sorprendió muy gratamente el discurso que se había preparado para decir a los aficionados. Lo explicó con mucha cadencia y sintiendo lo que decía, lo cual es mucho cuando de un político se trata. En esto estoy totalmente libre de sospecha, ya me conocéis. Pero hay que ser justos, y es muy de agradecer que una persona como Llorens dedique parte de su tiempo a empaparse de cuestiones taurinas y acuda a un acto como el de ayer participando de manera como lo hizo. Cierto que me chafó parte de la presentación, pues llevó a cabo un perfil de cada uno de los premiados (lo cual lleva su trabajo), pero a la postre creo que nos benefició a todos.
Vi muy emocionado a Paco Cervantes. Acompañado de su familia, este reconocimiento creo que ciertamente le ha tocado “la fibra”. Fue bonito escucharlo (breve, pero muy emotivo) y una delicia ver por allí a Alfredo y a Paco, sus hijos.
Adrián Espí recogió el premio al Club Taurino de Alcoy. Siempre he dicho, y sigo manteniendo, que contar con Espí entre los aficionados al mundo del toro es un auténtico lujo que en el fondo no acabamos de aprovechar. No hablo de hacerle homenajes (que tiene más que merecidos, por otro lado), sino de hacerle, a él y otras cuantas personalidades de la cultura, partícipes de todo lo que envuelve a la fiesta. Tuvo, como siempre, palabras acertadísimas sobre las dificultades que tienen en Alcoy con la Fiesta y la pasión que le ponen ellos. Ojalá no caiga en saco roto tanto trabajo de buen corazón y sabio contenido.
Tuve ocasión de compartir mesa, además de mi amigo y maestro Vicente Hipólito (no se me acaba de pegar nada, desgraciadamente, de su maestría como presentador) y su señora, y de mis padres y mi hermano Juan, que me hace las veces de “mozo de espadas” en estas cosas, con el periodista murciano Pepe Castillo y su señora, cercanos y amables. Pepe es un gran contertulio y conversamos de muchas cosas, muy taurinas, claro, compartidas además con Juan de Álamo y su joven apoderado. Una delicia de cena y de compañía.
Me alegré muchísimo de ver la ilusión otra vez en la mirada y las palabras de Francisco José Palazón. Después del año difícil que ha pasado (después de otros tantos), con ese atisbo de luz en el festival que cerró temporada en Castellón, se le abre ahora una ventana con la más que previsible concesión de la plaza de toros de Alicante a Serolo, empresa en la que participa su apoderado Manolo Carrillo. Ojalá le llegue por fin la oportunidad que sepa aprovechar. Es joven, tiene ilusión y la capacida ya la ha demostrado.
Seguramente me deje algo, porque la noche dio para muchas charlas y anécdotas. Como siempre, voy a tomarle prestada una foto a mi amigo Vigueras, y os dejo el enlace al resto de instantáneas de la noche y a la acertada crónica (mucho más objetiva que estos trazos míos de hoy) Luis Miguel Sánchez.
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El petardazo
Pues eso. Estaba casi anunciado el gran petardo del nuevo pliego para la explotación de la plaza de toros. Según Mundotoro y Burladero, solo Serolo había presentado esta mañana (fin del plazo de presentación de ofertas) su propuesta. Según Aplausos, “a última hora, cuando parecía que el concurso iba a declararse desierto por la falta de aspirantes, Serolo presentó su candidatura”. Si todo es correcto, serán los nuevos empresarios de Alicante. Habrán de ganarse la confianza de la afición, pues no parece que ser los únicos aspirantes suponga nada positivo. Y mucho menos la manera. O todos los demás están equivocados, o su idea es como la de Marisol, “más bonita que ninguna”. Además, su paso por Valencia no augura nada positivo. ¿Estará Manolo Carrillo a la cabeza, como en el concurso de hace cuatro años? ¿De qué se escondían? ¿A qué esperaban? ¿Tan poco ofrecen que no pensaban pujar si había algún otro participante? ¡¡Qué cutrez, madre mía!!
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Nacho Lloret en Información (y en Aplausos)
Tenía redactado este comentario desde hace un par de semanas. Me ha sorprendido leer en la sección de Cartas al director del diario Información, una misiva de Nacho Lloret, miembro de la empresa Toros de la Terreta, dirigida a mi maestro Miguel Lizón por el artículo que escribió el pasado domingo. Me parece muy bien que, cuando toca, los responsables directos de los hechos hablen a las claras y expliquen lo que no todo el mundo tiene la obligación de saber. Sobre todo si se hace desde la calidad de lo escrito y el respeto hacia quien se dirige. Enhorabuena Nacho. Quizá no hubiera estado de más haberlo hecho antes.
No crean que es la primera vez que Nacho Lloret se pone a lidiar con las palabras. En la página web de Aplausos pueden leer unas cuantas consideraciones muy bien planteadas y argumentadas (aunque no estoy de acuerdo con todo, claro), que invitan, cuanto menos, a la reflexión sobre la Fiesta Taurina, sus actantes, miserias y grandezas. Os dejo los enlaces para que podáis disfrutarlos:
- Las medallas
- Mi tío Sam
- Negativismo radical militante (en este es en el que no comparto el grueso de su argumentación; pero cada cual, que juzgue por sí mismo)
