Artículo en Avance Taurino

Los días de feria se reparte a la entrada de la plaza la revista Avance Taurino, coordinada por Paco Delgado y Carlos Corredor. Desde hace unos años me piden un artículo, lo cual es un verdadero placer para mí. El artículo de este año, para quien no tenga nada mejor que hacer y quiera leerlo, lo dejo también aquí:

Figuras del medio toro

     Todavía en la conmoción de la rotunda despedida de Esplá de Las Ventas, me apremian mis amigos de este Avance Taurino, ejemplar en tantas cosas, para que les escriba unas líneas. Cada día le cuesta a uno más entender y recapacitar sobre las cosas de este mundo taurino que fundamenta su razón de ser y existir en argumentos ancestrales de valor, dominio y liturgia y, sin embargo, se ve comandado por argumentos de comodidad, engaño y vil metal las más de las veces.

Hace unos meses leía unas declaraciones de nuestro José Mari Manzanares en las que afirmaba que, para ser figura del toreo, había que entender al toro medio, el que ni es bueno ni es malo. Lo decía él, pero lo ratifican otros tantos. Ese toro medio no es más que el medio toro que se mantiene en la delgada línea roja que existe entre la docilidad pastueña y la mansedumbre acobardada, el que los toreros han exigido a los ganaderos, el que les permite a los coletudos aguantar impávidos tantos festejos de medio pelo anunciados como grandes acontecimientos, el medio toro contra el que luchan en Madrid, con el que se están aburriendo soberanamente estos años en Sevilla y tantas otras plazas, el medio toro que no anda mal del todo en cuanto a presentación, pero que lleva agua en las venas y despierta la pena más que el miedo en el paciente espectador. Esa es la fiesta que quieren las figuras del toreo de hoy. A buenas horas iban a aceptar esos toros las agallas de los espadas de los tiempos dorados. «Póngame usted con la de Miura, y si no, no vengo a Madrid», o a Sevilla, o a Bilbao. Ese era el torero en figura, el que dominaba más astados, más encastes, el que pedía lo más difícil porque solo él podía con todo, el que retaba a los nuevos valores que alardeaban mucho en la prensa para darles unas cuantas vueltas de tuerca en la plaza. Pero el «toreo de arte» mal entendido ha maleado todo esto. Siempre existieron toreros artistas, de gloria y almohadillazos: El Gallo, Cagancho, Curro Puya, Rafael Albaicín, hasta los Curro y Paula de ayer mismo. No todos pretendían ser como ellos, no todos querían ser Morante, como hoy. El duende era una parte más del elenco de figuras.

Hoy, sin embargo, todos los toreros quieren torear mejor que nadie, en lugar de tener personalidad, ser distinto. Hoy todos quieren ser «puros», «sentirse», poner carita de embeleso cuando el animal pasa por allí, sea como sea, y dejar caer la manita que no torea para que aquello parezca trance místico. Pura teatralidad las más de las veces. ¿Y el torero largo, el que domina y carga la suerte, el que puede con todo y con todos, el que entiende el toreo como una liturgia, y no como un escaparate, el que se adapta a las condiciones del toro bravo? Anunciarse con las ganaderías que quieren las figuras de hoy es aspirar (y que me demuestren lo contrario) a ser figuras del medio toro, figurantes, por tanto, o figurines. Como si la arena del ruedo fuera una pasarela de moda, oigan.

Published in:Hogueras 2009, General |on Junio 24th, 2009 |

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