Carta anónima: “Los ricos no vivimos tan bien”

28 Septiembre 2009 por Víctor M. Romero

Vida anónima

llegada al correo electrónico

Es cierto que la vida te puede cambiar de un momento para otro. Pero cuando pasa no te lo esperas. O cuando no lo esperas es cuando te llega. Me siento raro. La vida me ha dado un vuelco en sólo unas horas. Sí. Cómo al resto de los 4.784.805 contribuyentes que tributaron el año pasado menos de 21.000 euros al año. Ahora somos nuevos ricos. A todos nos va a tocar pagar la subida de impuestos. Y la verdad, me siento especialmente inquieto.

Sabía que es difícil hacerse rico. Sólo unos pocos lo consiguen. Pero ya lo soy. Mis padres, orgullosos. Tantos años de trabajo han dado sus frutos. Eso pensarán en el Gobierno. En casa, en el hogar familiar –porque no puedo pagarme una (siendo rico, ironías de la vida)- nadie se imaginaba que ya fuera el oneroso de la familia. Incrédulos.

La mala suerte de ser rico es que tienes que pagar más impuestos. Y eso duele. Ya pienso cómo ellos. Y con la subida de los tributos todavía más. Los que más tenemos más debemos ceder. Es la redistribución ¿no? Y a mí me va a tocar pagar por todos los costados.

Tengo 26 años. Llevo trabajando desde los 19 años. Estudiaba y trabajaba. Los típicos empleos de la juventud: hinchar castillos de aire, repartir publicidad, desmontar sucursales bancarias, colocar escenarios,.. Durante la carrera empecé a trabajar en lo que estudiaba. Cuatro años compaginando. Los sueldos nunca superaron los 360 euros al mes. Y sin cotizar. Ni declarar. Ni como colaboración. Son empresas. Pero la ilusión es la ilusión.

De empleo en empleo fui moviéndome. Siempre en el mismo sector. Mejorando las condiciones. Eso creía yo. Nunca me hicieron contrato hasta que me licencié con 22 años. La suerte de acabar pronto la carrera. En ese momento llegó el primero: menos de quince horas a la semana. Todavía lo conservo. Es mi principal fuente de ingresos. No llega a los 13.000 euros anuales. No pasa nada. Con otros dos trabajos en negro puedo llegar a los ¿16.000 euros?  ¡Ni de coña!

En este tiempo -llevo cotizado menos de dos años y he trabajado ocho- he conseguido ahorrar unos 40.000 euros. Qué pastón dirán algunos.  Hagan las cuentas. Unos 5.000 euros al año he ahorrado. Y ya he dicho que llevo con contrato desde hace cuatro. Viviendo en casa de mis padres. Pude haberme ido. Disfrutar del alquiler. De la libertad. Pero la idea de una propiedad me atraía más. Con este dinero podría haberme metido en una casa. Eso pensé. Me denegaron la hipoteca. Son las causas de la crisis. No estoy triste. Tengo que dar gracias. ¡Soy rico!

Y la presión fiscal vuelve a recaer sobre mí. Eso me pasa por ahorrar. Un 21% de tasas impositivas por plazos fijos. Es lo que sucede cuando se tiene una nómina tan elevada cada mes. Además, me quedo sin los 400 euros. Bueno, la verdad es que ni tan siquiera me había dado cuenta de que los cobraba. O me los descontaban. No lo sé. No pasa nada. Me lo puedo permitir. Soy rico. Tenía pensado comprarme un portátil. En julio del año que viene va a subir el IVA. No sé qué hacer. Seguramente, ahora que sé que me van a coger por todos los lados, repare el ordenador de casa. Lo siento por los vendedores.

Sigo sintiéndome extraño tras saber que soy rico. “Es tanta su majestad / Aunque son sus duelos hartos / Que aun con estar hecho cuartos/ No pierde su calidad/Pero pues da autoridad/ Al gañán y al jornalero/ Poderoso caballero/ Es don Dinero.” Imagino que me tendré que acostumbrar a ser pudiente. Pero, en mi opinión, es cierto lo que dicen, perdón, decimos los adinerados: Los ricos no vivimos tan bien.

El futuro del automóvil: una de cal y otra de arena

15 Septiembre 2009 por Víctor M. Romero

Ahora el Consell estudia crear una subvención para que aumente el número de alumnos en las autoescuelas. Una nueva medida para el sector del automóvil, uno de los que más ha sufrido la crisis económica de este país, que no levanta cabeza. Cierre de fábricas, reducción de horarios y plantillas, manifestaciones. Son las consecuencias en esta industria de una crisis que se suma a otro problema: la indefinición de si de verdad queremos una industria del automóvil potente.

Porque parece que no. Las instituciones públicas, cómo no, dan una de cal y otra de arena. Los que sostienen una empresa privada son los consumidores. Los clientes. Los que pagan. Los que compran porque un bien les parece atractivo, deseable y, sobre todo, práctico. Y el coche cada vez es menos práctico. ¿Motivos? Por muchas ayudas de mil euros que se den, las nuevas normas de Tráfico están acabando con el gran logro que consiguió el coche: reducir distancias.

Siglo XXI. Gobierno y autonomías construyen infraestructuras modernas y seguras en las que se puede circular a 140 kilómetros por hora sin riesgos. Es lo que tiene el progreso, mejores carreteras y más seguridad. Y ahora, pese a éste avance, lo que en el siglo XIX representó el éxito del acercamiento entre ciudades por carretera ahora se está perdiendo. Fijando límites los viajes se hacen tediosos, cansinos y largos. Los que eran de tres horas ahora son de casi cuatro. Porque la velocidad de crucero no siempre es de 120. Hay tramos de 100 y de 80. Si a esto se unen las multas, el viajecito puede salir por un ojo de la cara. Y está el continuo aumento de impuestos sobre la gasolina. Y eso no es atractivo. Ni práctico. Más cuando infraestructuras como el AVE y el avión están popularizando sus precios y recortando los tiempos de comunicación.

Así que, antes de dar ayudas y realizar planes de subvención, habría de tener en cuenta si queremos esta industria. Una de las que más trabajo da. Y si la queremos preguntarse por qué se tiran piedras contra ella. Y de las gordas. Sin engañarse, el automóvil sobrevive gracias a que aún es considerado un bien que refleja un estatus social y un estilo de vida. Cuando esta sensación se pierda  y las continuas políticas públicas acaben del todo con la practicidad del coche, éste habrá desaparecido. Al menos tal y como está concebido en la actualidad.

Camps y el escándalo

4 Agosto 2009 por Víctor M. Romero

camps-escandalo-ok.jpg

CAUSA archivada. Me parecía poco probable. Ya lo escribí en la entrada titulada “El César”. Pero no imposible. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) ha cerrado el denominado “caso de los trajes” al no entrar a analizar las dádivas recibidas por Camps y varios de sus consejeros por considerar que “no se ha encontrado relación entre las dádivas y las contrataciones”.

Es el mejor regalo que ha podido recibir Camps estas vacaciones. La vía judicial ya se ha acabado. En ésa en la que se metió solo y que le ha colocado en el peor momento de su carrera política. Tiempo tendrá, en la intimidad, para reflexionar sobre lo que ha pasado, lo que ha hecho y el desenlace final.

Sin embargo, Camps no puede estar tranquilo. El auto no dice nada que no se supiera antes. Escrito está en “El César”: se ha descartado que el Consell favoreciera a Orange Market y lo que se ha puesto en entredicho es su actuación.

Este auto no aclara nada sobre ésta última. Lo dije y lo digo. El archivo de la causa puede servir para un ciudadano normal y corriente. El de la calle. Para un político no. No está desmentido que Camps recibiera regalos de las empresas inmersas en la denominada red valenciana de la trama Gürtel. Éste es el mayor daño que ha recibido Camps. Hizo una apuesta fuerte: se jugó su palabra y, aún hoy, nada le da la razón.

El archivo del caso va a permitir que Camps lance sus ataques a la oposición y a los medios en contra. Lógico. Lo ha pasado mal. Muy mal. Pero deberá pensar en lo que hizo. El coste personal que ha supuesto su actuación. No demostrar que las acusaciones de recepción de dádivas eran falsas. El sobreseimiento de la causa no quita el escándalo. Y por ello, Camps, probablemente, será recordado en el futuro como el presidente de los trajes.

Suban los impuestos o ¿es que estamos en crisis?

29 Julio 2009 por Víctor M. Romero

impuestos1.jpg

«NO hay nada seguro salvo la muerte y los impuestos». A la muerte tratamos de engañarla. Con los impuestos quieren confundirnos. Nos dijeron que la derecha bajaba los tributos. Y que con la izquierda mejoraban las prestaciones sociales sin riesgo para la economía. Nos mintieron. Los dos suben las tasas mientras los servicios empeoran y el déficit se dispara.

Un ejemplo. El concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Alicante, Juan Zaragoza, propuso afrontar la crisis con seis nuevas tasas. Así es fácil conseguir dinero. Lograr liquidez. Subir impuestos… y a cobrar. El que no pague que se prepare para una sanción. Es la política de nuestros días. La crisis no va con ellos. Ni derecha ni izquierda. Cuando no tienen chupan de los demás. Cuando disponen, también. Otro caso: Pinoso planea una subida de sus impuestos del 99%. Más de lo mismo.

Pero en esta época los que tributan manejan poco dinero. Y sacarles más es peligroso. Pasado el siglo XX y cuándo parecía que íbamos a ser menos dependientes de la Administración Pública resulta que sucede todo lo contrario. La crisis ha potenciado la necesidad de contar con Papá Estado. La sensación de dependencia se ha acentuado. Pensábamos que éste iba a ser el siglo en el que las responsabilidades iban a pasar a los individuos, quedando el Estado como mero garantizador de ellas. Nos equivocamos. El miedo al desempleo nos ha hecho más vulnerables justo cuando más necesitamos nuestra independencia. Y esto, lo crean o no, es un paso atrás para todos.

Las instituciones lo saben. Conocen nuestra debilidad y la aprovechan para justificar el aumento de la presión fiscal. Queréis subsidios: más impuestos. Queréis seguridad: más impuestos. Queréis un aumento de empleo público: más impuestos. Es la regla. Es la tradición. Es lo normal. No es ilegal. Ni mucho menos. Los ciudadanos hemos delegado, que no cedido, nuestro poder a la clase política. Y tienen derecho a hacerlo. Sin embargo, y que no se olviden, los políticos deben saber que cualquier aumento de impuestos representa un abuso de su autoridad.

grafico-presion-impuestos.jpg

Pero la gente está cansada de lo mismo. Idénticas soluciones para las crisis. Más impuestos, más ayudas sociales y más déficit. Es lo de siempre. Y la gente ya no calla. Pinoso se ha unido a red de ciudadanos que se opone a la subida de impuestos injustificada. Cerca de 400 vecinos han conseguido que éstos tan sólo (¡tan sólo!) suban un 50%. Algo es. Pero hay que dar un paso más. El ciudadano tiene que asumir sus responsabilidades y, con el tiempo, éstas aumentarán. No podemos depender de las instituciones públicas para todo. El asociacionismo cívico es el futuro. Porque, al final, los representantes públicos se aprovechan de esta dependencia: más impuestos, más tasas, más déficit y menos futuro.

Alicante guapa, guapa, guapa… con el dinero de los demás

20 Julio 2009 por Víctor M. Romero

Es el lema. Protagonista desde que llegó a la Alcaldía. «Alicante guapa, guapa y guapa». Nada más. Nada menos. Toda su política ha girado en torno a embellecer la ciudad. A darle esa aparencia de limpieza de la que carece. Para ello creó una nueva ordenanza. Su base, aumentar y endurecer las multas. Iiniciativas: plantar flores y césped artificial. «Alicante guapa, guapa y guapa».

Pero la idea nació con dos problemas. Uno de forma y otro de fondo. El primero es que se vuelve a lo de siempre. Incentivar las multas e incrementar la recaudación. Incumplir horarios, dejar muebles, lavar vehículos en la calle sin autorización. Todo es punitivo. Y, sin embargo, fracasa. Un ejemplo es la plantación de flores en las vías de la ciudad. No han durado nada. La mayoría arrancadas. Da igual que exista multa cuando se carecen de buenos hábitos. De entrada, la iniciativa es un fracaso. Quedó demostrado.

flores-navidad.jpg

No es nada nuevo. Un estudio sociológico leído hace años ya advertía de esta situación. Comparativa entre una ciudad grande y un pueblo. La metrópoli invertía millones todos los años en mejorar su apariencia, realizar obras, limpiar. Casi siempre se destinaba el dinero a las mismas obras. Las paredes que un año estaban pintadas, al siguiente volvían a ensuciarse tras adecentarse. El banco arreglado, destrozado en el venidero. Mientras tanto, el pueblo tenía un aspecto austero, rudo e incluso oscuro. Pero nunca empeoraba. Siempre igual. Sus habitantes sabían, saben, el dinero que cuesta arreglar sus calles: por ello el respeto era inmaculado. Es la diferencia: mientras en la gran ciudad el dinero encubría una falsa apariencia de limpieza, el pueblo realmente era cuidado y vistoso.

Lo mismo puede ocurrir en Alicante. De hecho, puede que ya esté sucediendo. Los grafiteros no se amedrentan con las multas. Ni mucho menos. Les incentiva el riesgo. Y el Ayuntamiento con estas normas les impulsa a continuar. Y al resto de la ciudad también. Llegamos al problema de fondo. No hay reflexión. Por tanto, no hay cambio de conducta ni de hábito. Seguiremos actuando así.

Por eso, por muchas multas y sanciones que ponga el Ayuntamiento nunca se solucionará el problema de la suciedad. No de este modo. Para mejorar Alicante es necesario desarrollar otro tipo de medidas que, además, sean más baratas. Multar, ¿Por qué sancionar por dejar los muebles en la calle? ¡Qué cantidad de dinero destinado a brigadas encargadas de vigilar como sucede con los excrementos de perros! Una inciativa que conlleva más trabajadores. Más sueldos. En resumen, más de nuestro dinero en algo que no va a funcionar.

mueble-calle.jpg

Alicante va camino de convertirse en esa ciudad, en esa gran ciudad que a base de dinero ha creado una falsa idea de limpieza. Se podrían copiar otros modelos para mejorar sus calles. Por ejemplo, pagar cinco céntimos por cada cajetilla de tabaco del suelo. O pagar una cantidad de dinero por los muebles que estén en la calle. Sí, ya sé que al ciudadano medio cinco céntimos no le supone nada y no cambiará su hábito. Pero los vagabundos, los que piden en la calle, podrían ganar 10 ó 20 euros al día de este modo, dejando la ciudad limpia. Y lo mismo pasaría con los muebles, electrodomésticos,… Se ahorraría mucho dinero de nuestros impuestos. Funcionó en EE UU con las latas de bebidas. ¿Por qué no va a funcionar aquí? En un periodo como el actual, donde el dinero destaca por su ausencia y los políticos piden innovación a los empresarios, son los propios representantes públicos los que carecen de ideas originales. Y efectivas.

El poder de la imagen

14 Julio 2009 por Víctor M. Romero

LO dijo José María Pou. Fue el 29 de mayo. Teatro Principal. Obra: Los chicos de Historia. Excelente representación. Y todavía no se me va de la cabeza. “Y creo que ahora preparan excursiones de turistas en Auswitch. Para fotografiarse”. La pérdida de la conciencia. La historia reciente convertida en turismo “chancleta”. Fue la melancolía con la que dijo esta sentencia la que forjó una idea: falta de respeto por nuestro pasado, por nuestros antepasados, por nuestra historia.

Hacerse fotos en Auswitch. Sin comprender lo que supuso. Y digo más. Hacerse fotos en Auswitch fingiendo una huida. Junto a la valla. Con una pierna levantada y una sonrisa en la cara. Para salir bien en la fotografía. Esta imagen existe. ¿Cuántos murieron intentándolo? Nadie lo sabe. Y, según pasa el tiempo, le importa cada vez a menos gente.

auswitch-ok.jpg

Y qué sentías en ese preciso momento. Sí. El que ha quedado en la fotografía. En Auswitch, porque la foto dice que estuviste. No sé, estaba pensando en salir bien. El poder de la imagen. La evolución de la sociedad nos lleva a pensar que sin fotos no has vivido. No haces nada. No disfrutas. Una existencia aburrida. Ya no se interiorizan ni sentimientos ni percepciones. Nada. ¿Viajar? Cada vez se viaja menos. Eso sí, estamos en más sitios.

“Video killed the radio star”. No. La imagen está acabando con las personas. Fotos y vídeos están deshumanizando. Banalización de la tragedia. Y la aceptamos. Sin más preocupación que dejar algún comentario en una web. Y luego, inmediatamente después, a actualizar facebook. Eso sí. A subir fotografías. Y a escribir. A escribir sobre lo que de verdad nos importa: “me voy a la piscina”, “me duele la cabeza”, “tengo un nuevo máster”, “la película que vi ayer fue una mierda”. Yo, yo, yo y yo.

El César

8 Julio 2009 por Víctor M. Romero

camps.jpg

ES uno de los comentarios más utilizados para criticarle. “No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”. Pero Camps no es la mujer de. Es el César y, por tanto, su exigencia es, si cabe, mayor.

La decisión del juez José Flors de imputar al presidente de la Generalitat en un presunto delito de cohecho pasivo impropio le ha colocado en una situación comprometida. Las formas son las formas. La imagen es la imagen. Y en política tanto las formas como la imagen pueden costar un puesto. Es cierto que a Francisco Camps no se le acusa de robar. Se ha descartado que el Consell favoreciera a Orange Market. Tan sólo sería castigado con una pena leve. Una “multita” de 2.500 euros. Pero su actuación le ha puesto en entredicho.

Verdad que en un país como España, donde el poder político se ha convertido en una forma de trabajar poco y ganar dinero fácil, que un representante público reciba regalos de empresas privadas no sorprende. Constructoras, grandes almacenes, inmobiliarias,… todas les hacen regalos. Ya sean cestas de Navidad u otros menesteres. Por desgracia, lo contrario sí sorprendería.

Sin embargo, el caso de Camps es particular. Cuando habla lo estropea y no sirve para mejorar. En el inicio de la investigación, el president de la Generalitat aseguró que había pagado los trajes de su bolsillo. Por su honor. Sin embargo, todavía no hay pruebas de ello. Ha actuado mal. Por su honor. Ni facturas, ni comprobantes, ni testimonios. Sólo de palabra. Pero lo aseguró y con ello comprometió su palabra ante el electorado.

En un caso así, lo más fácil hubiera sido mostrar las facturas y zanjar el tema. Ante las cámaras. Ante los periodistas. Ante la opinión pública. Es un político y su deber es ante ellos. Pero el caso se ha alargado demasiado. Y si no las tenía debía decirlo. Soy un mal gestor en mi vida personal. Me han engañado. Lo que sea. Y si consintió estos regalos podría haberlo asumido. Me equivoqué y pongo mi cargo a disposición del partido… Gestos honestos y sencillos. La imagen de Camps no se hubiera deteriorado tanto como lo está en la actualidad.

Pero decidió solucionar el polémico asunto de los trajes por la vía judicial. Y eso le ha llevado a la posibilidad de que un jurado popular le juzgue. Ha estirado el proceso. Su prestigio ante la opinión pública ha caído. Aunque en las europeas ganara el PP en la Comunidad. Y, esto debe tenerlo claro, este camino lo eligió él. Ha sido su decisión. La responsabilidad ha sido y es sólo suya.

Una estrategia errónea sea cuál sea el desenlace. Lo mejor que le puede pasar es que su causa quede archivada por un error de enjuiciamiento o que no pueda probarse el cohecho. Algo poco probable. Pero no hay nada peor que un político quede libre por falta de pruebas. Eso no sirve para un representante público. Su credibilidad se derrumba. Ya no habría lugar para el honor. Y todo por cuatro trajes, cuando por eso ya no se compra ni al presidente de una comunidad de vecinos.

Brotes de parchís

6 Julio 2009 por Víctor M. Romero

HAN decidido llamarlos brotes verdes. El marketing socialista ha unido ecologismo y economía de subvención. Y estos brotes verdes ya se ven. Eso dicen. Pajín no lo duda: “se empieza a ver la luz para salir del túnel”. Y su jefe, Zapatero, recalca que hay “indicios” de mejora en la economía.

Cierto es que el desempleo ha bajado en los dos últimos meses. El periodo vacacional y el Plan E –otro eslogan del marketing del PSOE– han impedido que el mercado laboral se derrumbe aún más. Bienvenidos sean. Sin embargo, los nuevos contratos son lo que son. De las 40.089 relaciones laborales nuevas tan sólo 3.799 son indefinidas. Abunda la precariedad. Por tiempo definido. Obra y servicio. ¿Mejora en la economía? Un 17% menos de contratos indefinidos este verano que el anterior.

Hablan de mejoras en la macroeconomía. Que si aumenta la concesión de créditos. Que si hemos tocado fondo. Que si el Banco de España dice… Después de estos dos años, sólo creo en lo que veo. Confiar en los que rechazaron, negaron y, finalmente, asumieron la crisis –eso sí, una recesión siempre internacional- no me va. Son muchas veces las que se han contradicho. Las que se han equivocado. Sólo creo en lo que veo.

a.jpg

Y veo a la gente en los supermercados con decenas de barras de pan para congelar. No vaya a ser que suba el precio. Y veo cómo las «nannys» ya no llevan a los niños al parque. Desde hace meses. Son padres y madres los que acompañan a los pequeños. Sin trabajo, no necesito que nadie los cuide. Y veo cómo las familias llegan a la playa con su coche nuevo y el cartel de “Se vende” en las ventanillas. Y veo cientos de carteles en los barrios con aparcamientos de coches en alquiler. O en venta. O los desesperados: para vender o alquilar. Ya les da igual. Pero que les den algo. Y veo cómo estas plazas de garaje ya se alquilan por periodos. Dos meses. Julio y agosto por 90 euros. Nos vamos al apartamento y, mientras, ganamos algo. Y veo cómo Cáritas no da abasto. Y cómo las áreas de Bienestar Social se quedan sin recursos para atender a los que piden ayudas. Eso es lo que veo.

La gente desconfía de la situación económica. Veo cómo la gente gasta menos. Cómo regatea con compañías de seguro. En tiendas de ropa, de informática,… Ahorrarse lo que uno pueda. Y veo cómo en los grupos cada vez se invita menos. ¡Qué cada uno se pague lo suyo! Eso es lo que veo. ¿Cómo lo definiría? Brotes verdes, rojos, azules o amarillos. En realidad: brotes de parchís.

Pacto de futuro

1 Julio 2009 por Víctor M. Romero

COMO una mujer cualquiera en un lupanar. Utilizada. Menospreciada. Minusvalorada. La Educación está así en España. La penúltima polémica ha surgido aquí. En la Comunidad Valenciana. La Conselleria de Educación impedirá que los alumnos de Primero de Bachillerato con tres o más suspensos pasen de curso, una decisión contraria a lo acordado en la Conferencia General de Educación. Bien. Perfecto. Si suspendes tres en los primeros cursos de bachiller no esperes aprobar más en los siguientes.

Sin embargo, la decisión del Consell pone de manifiesto la nula coordinación en materia educativa existente en este país. Con las autonomías, la descentralización educativa ha ido a más. Y cada una por su lado. A la polémica de Educación para la Ciudadanía, si en inglés o en castellano, se suman las surgidas con la lengua vehicular en Cataluña, País Vasco o Galicia. Además está el fracaso escolar. El abandono escolar. La baja cualificación de los que salen en busca de empleo. No puede seguir así.

El desprecio está ahí. Se ve en cada declaración política. Y no puede seguir así. Es necesario un pacto de Estado. El futuro depende de él. La economía, depende de él. El impulsor de la Unión Europea Jean Monet afirmó que «si tuviera que volver a empezar la construcción de Europa, lo haría por la cultura». Es necesario un pacto. «Entre las recetas a medio plazo para frenar la crisis está, como fundamental, la profunda reforma de la Educación», ha dicho el reciente Premio Gabarrón de Economía José Barea. Y son muchos, muchos más, con el ministro Gabilondo a la cabeza, los que se han unido a esta necesidad.

Un pacto de futuro. Que englobe a todos los implicados. Porque, ahora, todo es confusión. La culpa es de todos. O de nadie. O de los demás. Todo es confusión. Leer los comentarios de las noticias refleja el ánimo de la sociedad. Y de los de la información relacionada con los aprobados para pasar de curso se extraen dos ideas fundamentales. Primera, que la Educación importa poco a los lectores. Tan sólo diecisiete comentarios. La marcha de Mandiá registró cerca de cien. Son las prioridades de España. Segundo, la culpa es de los políticos, de los profesores, de los padres y de los alumnos. Nadie escapa.

Los comentarios que más preocupan son los de los jóvenes. Los principales perjudicados-beneficiados de la Educación. Dice Lidia: «Bachillerato pérdida de tiempo (…) Parado a los 25». O el de Lara, quien afirma que «estudiar no sirve de nada. La Universidad, la mayor fábrica de parados de España». Llenes: «La Universidad es una fábrica de parados. No sirve para nada. Los títulos son papeles colgados en la pared pero no sirve ninguna carrera». Leire tampoco profetiza nada mejor: «Aquí los estudios no sirven para nada. Da igual seas ingeniero, médico, abogado, economista. Lo que te espera al acabar son contratos basura y así durante años y años». Si ellos no creen en lo que hacen, no hay nada que hacer. Es necesario un pacto ya. Dar a la Educación la importancia que merece. La importancia que tiene. Y este pacto debe incluir a todos. Nadie está a salvo. Contra el profesorado dice madre decepcionada que a «muchos profesores no les hacen trabajar por una sencilla razón: después tienen que corregir los trabajos y la mayoría no está por la labor». Y a Administración y políticos les digo yo: Necesitamos un pacto de futuro. Minusvalorada. Menospreciada. Utilizada. Como una mujer cualquiera en un lupanar. Así está la Educación.

No es la oferta

25 Junio 2009 por Víctor M. Romero

PRIMERO fue la necesidad de construir viviendas de protección oficial. Después, la urgencia de crear empleo. Ninguna de las dos soluciona el problema del acceso a la vivienda. El Plan Rabassa se vende como una ecociudad y un futuro de 13.503 hogares nuevos. La mitad de ellos VPO. Cierto. Pero seguirá sin resolverse el acceso a la vivienda. Seamos claros: En una ciudad (provincia) con la mitad de sus viviendas vacías la mayor parte del año construir más casas no es la solución.
Los recientes datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) detallan una oferta de 46.366 casas nuevas en stock. Sólo nuevas. Sin vender. Olvidadas. Más carbón a la oferta existente. En los últimos años, el boom de la construcción hizo que se edificaran más viviendas de las necesarias. La oferta superó a la demanda. Los precios no cayeron. Subieron. Antítesis del mercado. Y ahora vienen los problemas. Con las ayudas públicas a constructores y promotores menguarán las dificultades de este sector económico. Pero no las del que quiera emanciparse.
Las promociones de protección pública quedan desiertas. Las cooperativas retrasan las ejecuciones. Los pagos se alargan. Los que se metieron en una sobre plano ahora salen. Huyen. Hay miedo. Y pocas soluciones. ¿Pocas? Está el alquiler. ¿Qué pasa con el alquiler? Recuerda el dato: la mitad de las viviendas están vacías más de diez meses al año. Y los organismos públicos quieren más VPO. Una vivienda que ahora sale más cara que la de segunda mano. ¿Por qué no se fomenta el alquiler? ¿Por qué no aumentan las garantías a los propietarios? Fácil. No da dinero. Poco para Gobierno y autonomía. Lo descartamos. Mientras, el problema crece. Las miles de propiedades vacías que no salen al mercado no siguen un afán de coleccionismo de sus dueños. Y más en estos tiempos. Es más sencillo: están más seguros y tranquilos sin alquilarlas.
¿Irse de casa? Tanto en propiedad como en alquiler las probabilidades caen. Menos créditos. Menos garantías a propietarios que quieran dar su piso en alquiler. ¿Y la Sociedad Pública de Alquiler estatal? Pues con pérdidas de 21 millones de euros y tan sólo 9.000 acuerdos en cuatro años. Mala gestión. Encima de todo, lo que se hace, se hace mal.
Hay quien dice que España ha sido durante su historia un país de propietarios. Falso. La propiedad la fomentó Franco para hacer que la gente se preocupara de pagarla. Tenían que estar centrados, preocupados. No crear problemas. Antes de Franco, la mayoría vivía de alquiler. ¿Seguimos queriendo que la gente esté centrada, preocupada y no muestre inquietud por las cosas que realmente le interesan?