Carta anónima: “Los ricos no vivimos tan bien”
28 Septiembre 2009 por Víctor M. RomeroVida anónima
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Es cierto que la vida te puede cambiar de un momento para otro. Pero cuando pasa no te lo esperas. O cuando no lo esperas es cuando te llega. Me siento raro. La vida me ha dado un vuelco en sólo unas horas. Sí. Cómo al resto de los 4.784.805 contribuyentes que tributaron el año pasado menos de 21.000 euros al año. Ahora somos nuevos ricos. A todos nos va a tocar pagar la subida de impuestos. Y la verdad, me siento especialmente inquieto.
Sabía que es difícil hacerse rico. Sólo unos pocos lo consiguen. Pero ya lo soy. Mis padres, orgullosos. Tantos años de trabajo han dado sus frutos. Eso pensarán en el Gobierno. En casa, en el hogar familiar –porque no puedo pagarme una (siendo rico, ironías de la vida)- nadie se imaginaba que ya fuera el oneroso de la familia. Incrédulos.
La mala suerte de ser rico es que tienes que pagar más impuestos. Y eso duele. Ya pienso cómo ellos. Y con la subida de los tributos todavía más. Los que más tenemos más debemos ceder. Es la redistribución ¿no? Y a mí me va a tocar pagar por todos los costados.
Tengo 26 años. Llevo trabajando desde los 19 años. Estudiaba y trabajaba. Los típicos empleos de la juventud: hinchar castillos de aire, repartir publicidad, desmontar sucursales bancarias, colocar escenarios,.. Durante la carrera empecé a trabajar en lo que estudiaba. Cuatro años compaginando. Los sueldos nunca superaron los 360 euros al mes. Y sin cotizar. Ni declarar. Ni como colaboración. Son empresas. Pero la ilusión es la ilusión.
De empleo en empleo fui moviéndome. Siempre en el mismo sector. Mejorando las condiciones. Eso creía yo. Nunca me hicieron contrato hasta que me licencié con 22 años. La suerte de acabar pronto la carrera. En ese momento llegó el primero: menos de quince horas a la semana. Todavía lo conservo. Es mi principal fuente de ingresos. No llega a los 13.000 euros anuales. No pasa nada. Con otros dos trabajos en negro puedo llegar a los ¿16.000 euros? ¡Ni de coña!
En este tiempo -llevo cotizado menos de dos años y he trabajado ocho- he conseguido ahorrar unos 40.000 euros. Qué pastón dirán algunos. Hagan las cuentas. Unos 5.000 euros al año he ahorrado. Y ya he dicho que llevo con contrato desde hace cuatro. Viviendo en casa de mis padres. Pude haberme ido. Disfrutar del alquiler. De la libertad. Pero la idea de una propiedad me atraía más. Con este dinero podría haberme metido en una casa. Eso pensé. Me denegaron la hipoteca. Son las causas de la crisis. No estoy triste. Tengo que dar gracias. ¡Soy rico!
Y la presión fiscal vuelve a recaer sobre mí. Eso me pasa por ahorrar. Un 21% de tasas impositivas por plazos fijos. Es lo que sucede cuando se tiene una nómina tan elevada cada mes. Además, me quedo sin los 400 euros. Bueno, la verdad es que ni tan siquiera me había dado cuenta de que los cobraba. O me los descontaban. No lo sé. No pasa nada. Me lo puedo permitir. Soy rico. Tenía pensado comprarme un portátil. En julio del año que viene va a subir el IVA. No sé qué hacer. Seguramente, ahora que sé que me van a coger por todos los lados, repare el ordenador de casa. Lo siento por los vendedores.
Sigo sintiéndome extraño tras saber que soy rico. “Es tanta su majestad / Aunque son sus duelos hartos / Que aun con estar hecho cuartos/ No pierde su calidad/Pero pues da autoridad/ Al gañán y al jornalero/ Poderoso caballero/ Es don Dinero.” Imagino que me tendré que acostumbrar a ser pudiente. Pero, en mi opinión, es cierto lo que dicen, perdón, decimos los adinerados: Los ricos no vivimos tan bien.
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