El retroceso de la sociedad de la información en España
15 Julio 2007
Estos días los medios de comunicación han venido informando ampliamente de retroceso de la sociedad de la información en España a través de la difusión del “ranking” de países europeos de la Fundación Orange, en este caso, medido en términos de los esfuerzos realizados para impulsar las tecnologías de la información en los diferentes países.
El caso es que si ya hace algunos años nuestra “foto” era mala, resulta que vamos a peor. En un estudio de 28 países (los 27 de la UE e Islandia), España está en la posición número 20, adelantándonos en el último año cuatro países: Eslovaquia, Lituania, Letonia y la República Checa.
A la hora de identificar las causas de esta situación la Fundación Orange arremete contra la Administración anterior:
“El estancamiento de financiación se produjo entre los años 2001 y 2004. Teniendo en cuenta que gran parte de las medidas relacionadas con la sociedad de la información tienen un horizonte de medio o incluso largo plazo, es muy probable que estemos viviendo los efectos de ese estancamiento”.
Hace unos años tuve la oportunidad de conocer la gestión del Plan Info XXI y desde luego creo que no pudo ser más infortunada en su concepción y posterior ejecución. Sin embargo, en los últimos tres años la actual Administración no ha logrado remediar esta situación, más bien lo contrario. El Plan Avanza no está a la altura de un país que, por el bien de su futuro, tiene imperiosamente que salir de la cola en el desarrollo de la sociedad de la información en Europa.
Un modelo para la sociedad de información en España
Faltan ideas, ambición y un modelo coherente de actuación. El desarrollo de la sociedad de la información en España no se va a lograr a golpe de subvenciones o ayudas a proyectos que no tienen ningún atractivo o interés para el usuario. Tampoco se logrará nada en un marco en el que predomina un afán regulacionista y protector de intereses caducos y escasamente proclives a esforzarse en pos de ser competitivos internacionalmente. Por último, está el error de aquellos que se refugian en el amparo institucional, creyendo que eso es suficiente en un entorno de dura competencia e internacionalización.
Dicho en otros términos, hace falta una renovación generacional, una nueva filosofía y un ambicioso plan de actuación que saque a España de un lugar en Europa que no se corresponde con nuestro peso económico actual en el mundo.
Los esfuerzos llevados a cabo por los gobiernos en los últimos diez años hay que tildarlos de irrelevantes, contradictorios e incluso contraproducentes. España tiene asignaturas pendientes muy importantes de las que la Administración no parece ser consciente, ni tomar bandera alguna sobre los grandes retos que hay que afrontar de forma acelerada.
En el modelo de actuación, faltan políticas ambiciosas, visión y valentía. En esta materia España debería liderar su ámbito lingüístico, algo que en pocos años será prácticamente imposible en función de las coordenadas de actuación de las políticas gubernamentales. España y lo español, no participa en ninguno de los grandes proyectos que definen el Internet actual y los avances tecnológicos que se posicionan en línea de futuro.
España, está también entre los países de la Unión Europea donde menos se reduce el precio de las telecomunicaciones. Los precios en España disminuyeron en el último año un 10% frente a un 22% de media en el resto de la UE.
La situación actual de la sociedad de la información en España ha caído en un cierto circulo vicioso. Pese al incremento de usuarios, y expansión selectiva de algunas variables (banca online, publicidad, usuarios de telefonía móvil), no puede haber un crecimiento diferencial compensador. Más bien al contrario, se dan síntomas de agotamiento, carencia de ideas y manifestaciones ancladas en el pasado (el tema de la web del Congreso es algo más que un anécdota al respecto).
Esto está pasando en unos momentos en los que, según el último informe Forrester, en Europa los ciudadanos, por término medio, pasan más horas delante del ordenador (14,3 horas /semana) que del televisor (11,3 horas) o leyendo periódicos y revistas (4,4 horas). Ver estadísticas sobre la publicidad en línea en Europa.
Innovación, educación, liberalización, fomento de proyectos competitivos, infraestructuras, son algunas de las coordinadas que los gobiernos deberían acometer sin retraso. Que España siga en la cola de la sociedad de la información es para un país como el nuestro insostenible y exige, sin excusas, medidas ambiciosas y urgentes.
Andrés Pedreño
Instituto de Economía Internacional
Otros artículos sobre la sociedad de la información en España
El talento
1 Julio 2007
Se publica en diario Información de hoy 1-7-2007 un artículo con el título “La apuesta por el talento”. En esta versión online, completo el tema con algunas otras cuestiones relacionadas con Internet y otras materias.
La apuesta por el talento
La globalización incrementa la necesidad de ser competitivo permanentemente. Las empresas y por extensión el país, la región, se ven en la necesidad de velar por estrategias que garanticen a largo plazo su competitividad y con esto su progreso económico. Frecuentemente me refiero a estos temas desde estas paginas.
No parece que España, ni la mayoría de sus regiones sean conscientes de la necesidad de posicionarse con urgencia en materia de competitividad. La clave del tal posicionamiento es relativamente sencilla: capacidad para innovar y especialización en sectores basados en el conocimiento. A su vez, para propiciar esto, entre otras medidas hay que impulsar un tejido empresarial de emprendedores en sectores muy ajenos a los predominantes y contar con el denominado “talento”.
El talento se va de Europa
No parece tampoco que Europa en su conjunto lo esté haciendo bien. La propia Comisión Europea estima en 400.000 individuos la fuga de cerebros a otros países. Europa habría exportado a un país como Estados Unidos la “producción” total de un año de graduados científicos e ingenieros de todo el sistema europeo.
Estados Unidos, donde trabajan 3,1 millones de científicos y tecnólogos llegados de otras partes del mundo, Japón, Nueva Zelanda, Australia, Corea, Suiza se sitúan en la relación investigadores /empleo total muy por encima de la Unión Europea.
Si la estrategia de Europa en su conjunto no es muy satisfactoria no parece que se esté compensando esto con el diseño de estrategias nacionales o regionales que apuesten significativamente por la innovación y el capital humano.
Y eso que este tema parece importantísimo para un país como España, en el que la pérdida acumulada de la competitividad española en estos últimos años ha alertado a muchos economistas españoles (Julio Segura, Emilio Ontiveros…), incluso es reconocida desde el Gobierno como uno de los puntos más débiles de nuestra economía.
El debate político, los proyectos, las políticas
Cualquier lector de prensa no habrá visto nada sobre estas cuestiones en el reciente debate electoral. Al parecer las prioridades electorales y estrategias de los partidos iban desde su apoyo a la Fórmula 1 en Valencia –en pleno entorno de la Copa América- hasta sugerencias de más brigadas de limpieza en un municipio capital de provincia.
¿Por qué tenemos que preocuparnos? Pues quizás por el hecho de que nuestro modelo es demasiado vulnerable y escasamente orientado hacia el futuro. Hemos estado construyendo un modelo económico basado en las ventajas salariales que nos proporcionan ser receptores de una gran masa de inmigrantes y especializado en sectores tradicionales ajenos en gran medida al conocimiento y la innovación.
En este modelo ya sabemos, por ejemplo, que se están reduciendo las distancias salariales entre los trabajadores con estudios universitarios y el resto, disminuyendo con ello los incentivos a continuar estudiando más allá del primer ciclo de secundaria. Podríamos estar entrando en un círculo que nos limitara en exceso de cara al futuro. Ayer mismo se difundía un estudio de la Aneca y la Universidad Politécnica de Valencia en el que se mostraba que los titulados españoles son los que menos cobran de Europa (tras los checos) y, además, se subrayaba que casi un 10% piensa en no volver a cursar ningún tipo de estudios en el futuro (porcentaje casi nulo en el resto de países europeos). Los autores del estudio explican este resultado por la “mala situación laboral” que viven algunos titulados en España.
A pesar de estos datos, algún político pensará que el crecimiento español de los últimos años nos relega al gremio de los agoreros de males y desgracias. Le recordaría una cuestión que está a la vuelta de la esquina. Si la economía española ajustara bruscamente su oferta inmobiliaria a la demanda real actual de vivienda, significaría que cada año se construirían unas 300 - 400 mil viviendas menos. Afortunadamente, el ajuste se prevé gradual y progresivo.
Aún así, ofrecer una alternativa a largo plazo a una parte del empleo directo e indirecto generado por la actual actividad constructora merecería estar ya en la agenda política. Dentro de los parámetros del modelo que se ha definido en las últimas décadas en España, no parece que el empuje reciente en estos últimos años de la economía española esté garantizado en el futuro.
Las universidades y la producción de talento
Todos los economistas señalan que las políticas destinadas a favorecer la eficacia del sistema educativo son fundamentales a la hora de diseñar estrategias hacia los mencionados objetivos. También es ampliamente reconocido que las universidades tienen un gran papel en esta historia. ¿Y en España? Julio Segura nos recuerda en su libro “La productividad de la economía española” un dato que deja lugar a pocas dudas sobre la situación actual en nuestro país: el gasto medio por alumno universitario en España apenas sobrepasa el 60% de la media de nuestro entorno, lo que apunta a notables carencias de calidad en términos relativos.
El debate de la convergencia europea, las reformas universitarias, apenas calan en la sociedad o en el debate de los partidos. No se plantean en términos de la relevancia que ostentan, siendo como son fundamentales en la estrategia de crecimiento económico a largo plazo de un país. Más bien se relegan como una concesión a los componentes endogámicos que genera el propio sistema universitario de uno u otro signo. Políticamente se perciben como un problema, un estorbo, más que una potencialidad.
Sin calidad universitaria suficiente, con fuga de cerebros en el marco de la Unión Europea, con salarios diferenciales de titulados escasos, sin espacios e infraestructuras comunes para investigadores y empresas, sin conciencia de un papel social relevante, las universidades pueden caer en una creciente endogamia.
El propio debate interno universitario podría no incluir como prioritaria y fundamental la necesidad de hacer competitiva la formación, la investigación (ver la investigación y su compromiso con la sociedad)…. Las universidades corren el riesgo de amoldarse a administrar los escasos recursos para favorecer pequeñas políticas retributivas, o caer en un afán regulatorio interno que haga imposible o pesada la generación y desarrollo de nuevos proyectos e ideas. Esto es, se fijan la reglas del reparto de un pequeño caramelo y se desiste de participar activamente en la construcción de una gran tarta.
El talento, la sociedad de la información, Internet, la nanotecnología
Aunque la economía española haya disfrutado de un dilatado periodo de vacas gordas en los últimos años, con los ingredientes descritos no parece que el futuro vaya por el mejor camino.
España lleva un grave atraso relativo en la sociedad de la información que los gobiernos de los últimos doce años no han sabido hacer frente. Todavía hoy se llevan a cabo iniciativas -la web del Congreso es la última- que parecen indicar que España no ha digerido aún la crisis de las punto.como de los noventa. La importancia del idioma en el mundo requerería una beligerancia de nuestro país en Internet que no sólo brilla por su ausencia, sino que además estamos, dentro de las estadísticas básicas de la sociedad de la información en Europa, en el furgón de la cola, posición de la apenas nos hemos movido en los últimos diez años.
Si, pese a las empresas especializadas y el capital humano existente en España, la era de Internet está pasando sin pena ni gloria dentro del concierto internacional, algo parecido puede pasar con las próximas olas tecnológicas venideras en muy pocos años. La nanotecnología está en la agenda de líderes políticos de Estados Unidos, Japón, Australia.. y también, China, la India, Argentina, Brasil… Es decir, de países que apuestan por el talento y también países emergentes. Estos últimos han tomado conciencia de que sus ventajas salariales se irán perdiendo progresivamente y que su modelo futuro debe ir encaminado ya hacia la tecnología, la innovación… ¿Y España?
Nos debería inquietar que no haya suficiente debate ni una percepción ciudadana relevante sobre estos temas. Parece que, pese a los años, sigue vigente aquello de un “levante feliz, una España que va bien y una Europa mejor…” Mientras, Estados Unidos, Australia, Japón, Corea… apuestan por el talento. Me viene a la mente que alguien puede estar pensado: ¡pues que apuesten ellos!
Andrés Pedreño
Instituto de Economía Internacional
