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La era de Internet y la necesidad de políticas anticipativas
18 Septiembre 2007

Con el título “La inexistencia de políticas anticipativas” se publicó el pasado domingo (16-9-2007)  en el diario Información el artículo que se reproduce a continuación. En esta versión electrónica, cabe añadir que, en la era de Internet, las políticas anticipativas constituyen una exigencia inexcusable. Estos días asistimos a los vaivenes de unos mercados desconcertados, junto a los máximos responsables de los Bancos Centrales emitiendo opiniones contradictorias y en un entorno donde gobiernos y empresas parecen sobrepasados por informaciones imprecisas que se expanden rápidamente sobre la crisis de liquidez y los problemas derivados.

La inexistencia de políticas anticipativas

La Comunidad Valenciana, al igual que España, se ha beneficiado de un extenso ciclo expansivo en términos de crecimiento económico y empleo con el sector inmobiliario, que ha liderado de forma destacada la actividad productiva. Era de suponer que el mercado, tras un periodo dilatado, requiriera algunos ajustes.

Factores como los precios, la dimensión de la oferta ante el sostenido y espectacular crecimiento de estos, la inadecuada atención a los requerimientos de la demanda, permiten vislumbrar que hay un significativo espacio para los ajustes potenciales que exigirá el sector inmobiliario durante los próximos años.

Políticas anticipativas

Las políticas económicas suelen ser más efectivas si son previsoras y anticipativas. La razón es muy sencilla. Es más fácil llevar ciertos ajustes en épocas de “vacas gordas” que en coyunturas menos favorables. Pero no suele ser lo usual. Salirse de lo escénico da miedo. Un prestigioso economista amigo, ligado a la gran banca durante los ochenta, me solía insistir en lo duro que es equivocarse en solitario y lo comprensible que resulta errar colectivamente. De esta forma –me decía- “todo el mundo renuncia a dar un diagnóstico individualmente, aunque lo perciba con claridad”. Es sabido que los informes oficiales de algunas instituciones marcan en gran medida la opinión generalizada del resto.

La crisis financiera de los ochenta, provocada por la deuda externa que llevó a la insolvencia a muchos países, era más que previsible haciendo pura aritmética y siguiendo la evolución de no más de cuatro variables (tipos de interés, apreciación del dólar, comercio mundial e impactos de los ajustes estructurales). Sin embargo, una parte de la instituciones financieras hicieron caso omiso de los riegos en los que potencialmente incurrían. La historia se ha vuelto a repetir en los Estados Unidos con las hipotecas basura o de alto riesgo, arrastrando ya a alguna entidad europea (Victoria Mortgages en el Reino Unido).

Adicionalmente, cuando la coyuntura es buena ningún responsable se sale de un guión ya prefijado en el que, generalmente, se ostenta y patrimonializa políticamente la buena situación que se disfruta. Muy pocas veces se toman medidas anticipativas ante riesgos y realidades menos favorables.

Es más, los avisos e indicadores que con antelación ya debieran alertar a los responsables de las Administraciones, suelen ser contrarrestados con declaraciones de signo optimista -incluso a veces triunfalista- justificadas por la necesidad de no generar expectativas empresariales negativas y frenar la inversión.

Los riesgos de no diseñar políticas anticipativas

El diario Información recogía esta semana una noticia que titulaba: “El paro en la construcción cae al nivel de la crisis de los años 90” y subtitulaba “Los 12.259 desempleados que tuvo el sector en la provincia en agosto triplican los que había en 2000”. Información se hacia eco de los datos provinciales que unos días antes se habían difundido agregadamente para toda España y también eran de signo claramente desfavorable. La noticia me la citaron no menos de una decena de personas y todas ellas con comentarios de signo pesimista.

En las opiniones casi había un tratado de política económica (no en balde trabajo en el entorno de una Facultad de Económicas). Pensé que sólo con que se hubieran ejecutado un 5% de las medidas que me citaban, los efectos perversos de los ajustes en las grandes cifras macroeconómicas (PIB, empleo, precios…) se evitarían en gran medida. No digamos en relación con un tema como el de las hipotecas de alto riesgo, cuya regulación anticipada podría haber evitado totalmente el problema.

Pero insisto, no suele ser así. Como he dicho, en época de “vacas gordas”, hay un comportamiento, incluso una “complicidad” general (gobiernos, asociaciones, empresas, técnicos…) que parece proclive a fomentar la pasividad Algo así como “dejar las cosas como están que así funcionan”. Y si se viera que las cosas se tuercen, entonces “ya habrá tiempo de tomar medidas”.

Claro, hay medidas que tardan en provocar el efecto deseado. Por ejemplo, es muy difícil improvisar un tejido industrial o terciario que tenga la capacidad de crear el empleo que genera la construcción y el sector inmobiliario en general. También es difícil crear una imagen atractiva en la demanda potencial de la segunda residencia (políticas de marketing exterior). No digamos la imposibilidad de adaptar un determinado tipo de oferta (como la existente en zonas costeras) a otros segmentos de demanda (viviendas protegidas, viviendas para jóvenes, políticas de fomento del alquiler, viviendas para inmigrantes…).

Si hiciéramos un recuento de las políticas llevadas a cabo, cierto que algunas de ellas tienen entidad (una nueva ley del suelo con un retraso de diez años), pero una gran mayoría, a luz de una situación venidera, no dejan de sorprender. Aquí caben desde los regalos de zapatillas de deporte a los jóvenes que buscan un piso, la tozudez ministerial en el fomento de las políticas de alquiler en un contexto “cultural” extraordinariamente adverso o políticas regionales y locales variopintas que se situaban en las antípodas de cualquier política racional anticipativa.

Así las cosas casi resulta innecesario preguntarse ¿es imposible anticipar políticas realmente correctoras de futuras crisis o coyunturas adversas?

Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional (IEI)

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