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China e India
29 Octubre 2007

Países emergentes: el caso de China e India (*)

Para un país como España, la competencia de los países emergentes se asocia a los sectores de bienes maduros y a sus bajos costes de producción. Otros aspectos como la beligerancia del conocimiento se suelen citar menos frecuentemente, y quizás es a este tema al que habría que prestar más atención.

China e India son dos países que aportarán a la globalización un mercado de 2.500 millones de habitantes. Las empresas de todo el mundo dirigen su mirada hacia estos dos gigantes asiáticos y se disponen a asimilar incluso restricciones importantes en el funcionamiento del mercado. Y no es para menos. La India ha estado creciendo al 6% durante casi un cuarto de siglo y más recientemente se aproxima al 8%. China por su parte ya lleva creciendo al 9% por casi tres décadas. Estos progresos del PIB se materializan en graduales mejoras en los estándares de vida de sus poblaciones y reducciones de los índices de pobreza, especialmente en China.

Los países occidentales han debido ya asimilar algunos de los impactos de estos dos gigantes: declive en ciertas manufacturas, deslocalización, tendencias a la baja en los salarios de personas no cualificadas, preocupaciones relacionadas con la competitividad, incluso resurgimiento de tentaciones proteccionistas. Muchas empresas españolas, europeas o norteamericanas, actuando con diligencia, no han dudado en segmentar o fragmentar su producción y aprovechar los bajos costes laborales en estos países.

Estrategias y oportunidades de los países en la globalización

Joseph Stiglitz se refiere a estos temas con su “The World is not flat”. Ciertamente no todos los países tienen las mismas oportunidades para competir en el mercado global. Algunos países tienen más capacidades que otros para competir con efectividad. De hecho, los países emergentes de tamaño grande (China, India, Brasil, Rusia…), todos ellos muy atractivos para los inversores extranjeros, han mostrado una tendencia a invertir en investigación, conscientes de que las ventajas comparativas basadas en salarios, suelen ser efímeras en el tiempo. Están preparándose, sin intermedios, para un futuro en el que desean competir sin restricciones al máximo nivel.

China e India constituyen dos casos en los que hay importantes lecciones que aprender. Pese a no haber seguido las recomendaciones de Washington y apartarse de la ortodoxia del desarrollo propugnada por el FMI (sin clara concepción de los derechos de la propiedad, políticas industriales activas, restricciones al libre comercio en las primeras etapas, mercados de capitales no liberalizados…) hoy nadie duda de que sus modelos de crecimiento han roto las expectativas más optimistas.

China e India tienen en común la aplicación de políticas macroeconómicas sólidas, enfocadas al crecimiento (no sólo a la estabilización), y con acceso al crédito a través de los bancos extranjeros. Los gobiernos actúan con un gran protagonismo, incluyendo la lucha contra la pobreza como objetivo principal. Pero donde llamaría más la atención es en la confluencia china e india a la hora de apostar por la educación con elevadas inversiones, especialmente en las áreas de Ciencia y Tecnología, superando incluso a algunos países bastante más desarrollados.

Son datos conocidos aunque no está mal recordarlos. Gracias a estas políticas Asia tiene un mayor número de graduados en Ciencias e Ingeniería. Los 400.000 titulados universitarios en estas materias de los Estados Unidos, incluso los 830.000 de Europa, quedan muy cortos comparados con los 1,2 millones de Asia. De hecho, esta última produce en la actualidad ocho veces más ingenieros que los Estados Unidos.

Algunos economistas y ciertos países empiezan a darse cuenta de que la separación entre países desarrollados y menos desarrollados no es sólo una cuestión de un “gap” en recursos, sino de un “gap” en conocimiento. Es más, hay un límite en el ritmo al cual se puede reducir el primero (incluso considerando una tasa de ahorro como la China del 42%), pero reducir un gap en conocimiento puede materializarse a mucha más velocidad. Esto ya no pasa desapercibido para algunos países. Stiglitz cita el caso de un país rico en recursos como Malasia. En los dos últimos años Malasia ha dejado de centrar sus inversiones en infraestructuras y ha pasado a apostar con fuertes inversiones en capital humano e investigación.

En estas decisiones tampoco habrá pasado desapercibido el hecho de que la India prácticamente carece de infraestructuras (algunas de ellas básicas, como la electricidad) y sin embargo su apuesta por los ingenieros de computación le ha convertido en el primer exportador mundial de software. En China, Chengdu, la capital de la provincia de Sichuan, se ha convertido en un destacadísimo centro de software de ámbito mundial.

Incluso en los sectores como el textil en los que los costes de mano de obra todavía explican ciertas ventajas competitivas, la estrategia china sigue claramente otros derroteros. Los costes laborales en China son ya más altos que los de otros países en vías de desarrollo, sin embargo, donde no se deja comer terreno es en la nanotecnología aplicada al sector textil, donde China es una primera potencia mundial. Esto forma parte de una política recogida claramente en su 11º Plan Quinquenal, en el que una de sus principales aportaciones es sus énfasis en la Ciencia y la Tecnología como estrategia para mantener la competitividad. Esto incluye propuestas concretas para la creación de universidades de “clase global” y su pretensión de crearse una capacidad de innovar independiente.

La estrategia de España

Llegados aquí recuerdo el planteamiento de muchos estudiosos cuando advertían hace pocos años a la industria manufacturera española de la pinza entre los países desarrollados (diseño, innovación, diferenciación de producto…) y los emergentes (bajos costes laborales). Hoy deberíamos reformular la pinza, introduciendo en los países emergentes sus apuestas por el conocimiento y, consecuentemente, las potenciales ganancias de competitividad de sus productos a corto y medio plazo como consecuencia de este nuevo factor. Esto es la pinza se estrecha y se hace más contundente con una única salida: conocimiento.

La actividad constructora en España ha contribuido decisivamente a disimular la debilidad de nuestras industria y de nuestros índices de competitividad en general. Y esto que los costes de la mano de obra han recibido el alivio derivado de las fuertes corrientes inmigratorias hacia nuestro país.

Estamos en éxtasis de ser la 8ª economía (aunque bajemos a la 9ª) en términos del PIB total. Nuestra apuesta todavía sigue centrada en las infraestructuras y nuevos eventos en general. Mientras la debilidad de nuestro modelo educativo y la timidez de nuestras apuestas en I+D (bajas respecto a Europa, y estas a su vez respecto a USA, etc.) siguen autolimitando nuestro futuro. Y eso que China, India, hasta Brasil… nos dan pistas: ¿conocimiento?

(*) Este artículo está sacado, en parte, de una reciente charla en el Colegio de Economistas de Alicante donde me beneficié de ricas aportaciones y comentarios de muchos asistentes. Gracias a todos los colegiados.

Andrés Pedreño Muñoz
IEI

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5 Comentarios en “China e India”

. puga - 6 Mayo 2008

no necesito eso necesito la ciencia y los saberes de india y china

1. jonathan apolinar lozano - 13 Marzo 2009

nesesito mas informacion

2. eliana - 16 Abril 2009

gracias por tener la respuesta a mi cuestion espero q cuando tenga otra ustedes me la puedan responder graciassssssssssssss.

3. nicolas - 16 Abril 2009

yo me llamo nico esto es muy interezante ….. GRACIAS me salve de sosiales

4. andrea - 5 Noviembre 2009

esta bue la info yo m salvo de organizacion de los espacios mundiales uno…….curso ultimo año de profesorado de geografìa……ANDRE

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