Internet es de los usuarios
11 Noviembre 2007
Los economistas han estado hablando más de un cuarto de siglo sobre las “expectativas racionales”, algo así como un principio cobre el comportamiento racional de los individuos relacionado con la adquisición y procesamiento de información con el fin de formarse una opinión sobre el futuro. La teoría sostiene que los agentes económicos, al utilizar toda la información disponible y relevante, no cometen errores sistemáticos en las predicciones, siendo sus conjeturas sobre el futuro “generalmente correctas”.
Aquellos que prestamos mucha atención a Internet no vemos la forma de tener unas expectativas medianamente acertadas en este sector, un ámbito que sobrepasa a todos, incluidos aquellos que obtienen y procesan una información privilegiada.
Algunos apuntan a que tanto talento en todo el mundo enfrente de un ordenador quizás está llevando a tales niveles de “innovación relevante” que los agentes económicos –incluidos gurús y los mayores expertos en tecnología- son incapaces de asimilar, ponderar y establecer una razonable previsión futura sobre su impacto. Pero quizás sea más sencillo: la democratización de la red. Los usuarios se equivocan poco y sus expectativas son correctas, los gurús no pueden decir lo mismo.
Internet diagnósticos y decisiones erróneas
Hace escasamente tres años la prensa de casi todo el mundo –con algunas excepciones- consideraba que el internet gratuito tenía sus días contados y que la crisis de la punto.com de los noventa certificaba claramente la defunción. De hecho ,algunos conocidos medios se apresuraron a cerrar sus diarios y hemerotecas online y poner un precio por su acceso. Hoy son los mayores defensores de la gratuidad y los contenidos abiertos.
Microsoft, partiendo de la posición más hegemónica, infravaloró sistemáticamente algunas de las vertientes de mayor impacto en el desarrollo de Internet en los últimos cinco años. Fue el caso de los buscadores o de la publicidad online contextual, por ejemplo, lo que ha permitió a Google posicionarse como un serio competidor en los campos en los que Microsoft era líder indiscutible (hoy el software abierto es una temible alternativa respecto a los productos cerrados de Microsoft). Incluso iniciativas como “Encarta” su enciclopedia online con un tratamiento abierto y participativo hubieran dado al traste con cualquier wiki.
De hecho, si Jimmy Wales el fundador de la enciclopedia libre, hubiera ido a un Ministerio a pedir una pequeña financiación para un proyecto que producirían espontánea y libremente los internautas quizás la Wikipedia no existiría todavía. E incluso cabría imaginarse el tipo de comentarios y actitudes jocosas de las que habría sido objeto.
El propio Google –obteniendo la información más privilegiada sobre lo que buscan y navegan millones de internautas- optó por tecnologías propias en detrimento de las plataformas de contenidos y servicios que habían fidelizado a los usuarios. Esto ha supuesto un coste muy importante para la compañía de Larry Page y Sergey Brin. Su apuesta por Google Vídeo no pudo superar a Youtube, debiendo desembolsar una importante cantidad para la compra de este último sitio. Algo parecido sucedió con Picasa y Flickr, esta última en poder de su competidor Yahoo. Y hay quienes aventuran que su apuesta en redes sociales no ha terminado de cuajar, habiéndose quedado fuera de este importante mercado en el que recientemente Microsoft ha dado un decisivo paso con la compra de Facebook.
Si Google se equivoca es muy normal que los franceses y los europeos se empeñen en macroproyectos condenados al ostracismo. Antes fueron el buscador europeo, la biblioteca digital europea y ahora le toca el turno a “eGlobe”, un proyecto -con importante presencia española-, que pretende desbancar a Google y Microsoft en materia de “geolocalización”.
La web 2.0 y muy especialmente las redes sociales están desencadenando pasiones a lo largo y ancho de la red, pero la rentabilidad de la web 2.0 está muy cuestionada a través de los estudios de mercado más recientes. Tiene impacto, pero es poco rentable. Mientras, pequeños productores hacen negocios online en una amplia diversidad de actividades y sectores. Todo esto está sumiendo a muchos expertos en un profundo desconcierto.
Incluso la “industria de internet” hace cábalas sobre conceptos efímeros como el posicionamiento, el diseño gráfico, la usabilidad y otros tópicos. Los blogs, las wikis y las redes sociales se encargan de refutar estos y otros “dogmas”.
Internet: el poder es de los usuarios
Quizás convenga recordar la realidad bien plasmada con aquella portada de Times Magazine declarando personaje del año 2006 a “Usted”. Internet está en manos de los usuarios y va ser difícil quitárselo, por mucho que se empeñen poderosos intereses de las industrias tradicionales (editoriales, productoras de cine o música, etc…).
La existencia de una herramienta de tales características a la hora de transmitir y difundir información representa una revolución de un alcance desconocido. Culturalmente esto no ha hecho nada más que empezar. Las implicaciones de las nuevas actitudes de los usuarios hacia las noticias, los servicios, el uso de determinadas herramientas, llevan aparejados cambios y repercusiones de hondo calado, difíciles de precisar. Lo que si parece cierto es que aquellos sectores inmovilistas que deseen, al abrigo de la regulación, la protección de determinados intereses socialmente cada vez más cuestionados, entorpecerán el desarrollo de alternativas y nuevas potencialidades.
Esta es la grandeza de la era de la sociedad de la información y del conocimiento. Internet favorece las comunidades y el acceso al información libre y democrática, pero también la generación de ideas, la toma de conciencia colectiva, el desarrollo de contrapesos a cualquier fuente de poder. Por esta razón se hace tan difícil realizar predicciones correctas. Las mejores expectativas son aquellas que toman como punto de partida algo tan sencillo como el protagonismo de los usuarios. Ni más ni menos.
Andrés Pedreño Muñoz
IEI
