La coyuntura del sector inmobiliario y el futuro
22 Enero 2008
Generalmente me inclino a ser poco triunfalista –más bien crítico y preventivo- cuando las cosas van bien y nada alarmista cuando la coyuntura parece adversa. No es ningún secreto que el sector inmobiliario se enfría en la mayor parte de los países desarrollados con una clara desaceleración de la inversión y un frenazo en las precios. Me pregunto ¿no era esto muy conveniente? Esto es, en realidad la vulnerabilidad de un mercado inmobiliario como el español crecía conforme estas variables se disparaban a límites insostenibles.
Ahora, algunos economistas y expertos, hablan de un cambio de ciclo sobrevenido con anterioridad a las turbulencias financieras y que incluso estas últimas no han hecho sino acentuar el problema. Se habla de “agotamiento de ciclo”, máximos históricos en los precios de las viviendas en relación con la renta de las familias, etc.
Países como Irlanda o Estados Unidos, en este último agravadas por la crisis de las hipotecas subprime, parecen situarse en la avanzadilla de este calificado “cambio de ciclo”. Algunos servicios de estudios. como el de la Caixa, señalan que la economía española esta empezando a sentir los efectos del denominado “agotamiento del ciclo de la producción”.
En mi opinión todavía es pronto para evaluar la importancia del retroceso, aunque estos días la oficina estadística europea (Eurostat) divulgaba una noticia de la que se han hecho eco todos los medios. En los datos del pasado mes de noviembre España es el país de la UE donde más bajó la producción en el sector de la construcción, con una caída de un 3,9% frente a octubre y tras años liderando el avance de este sector en toda Europa.
La cuestión clave en el sector inmobiliario
La cuestión clave es si la expansión inmobiliaria en España, independientemente de lo que haya sido su magnitud, ha respondido a fundamentos económicos (condiciones financieras –tipos de interés y productos hipotecarios-, condiciones económicas –renta de los hogares, tasa de paro, expectativas…- y condiciones demográficas – crecimiento natural de la población, movimientos inmigratorios, cambios sociales-) o si han intervenido factores de carácter especulativo. En definitiva, si la expansión es básicamente consecuencia de cambios en los fundamentos económicos, la fase de desaceleración dependerá en mayor medida de la persistencia o no de estos.
No parece a priori que las condiciones financieras, económicas o demográficas que han explicado el espectacular crecimiento del sector inmobiliario español hayan experimentado variaciones relevantes. Y lo más importante, las investigaciones cuantitativas más rigurosas de los expertos –tal como avala por ejemplo los trabajos econométricos de la profesora Paloma Taltavull- muestran que los precios de la vivienda en España parecen ser el resultante de los cambios en los niveles de renta vinculados al crecimiento económico español, el crecimiento demográfico y el aumento de la disponibilidad financiera. Esto es, todos ellos mecanismos del crecimiento estable en el mercado residencial.
Los márgenes operativos de la política económica
No todo son malas noticias. Ayer mismo la prensa también difundía que BCE dejaba una puerta a una rebaja de tipos, y eso pese a que las tensiones inflacionistas son todavía relevantes, algo que se supone no casaría bien en un contexto de desaceleración real.
Tampoco sabemos si los responsables de diseñar medidas de política económica han evaluado todas las posibilidades de contrarrestar un hipotético cambio de ciclo con medidas mucho activas y con capacidad para ser relevantemente efectivas. Cabría pensar de que los gobiernos tienen bastantes ases en la manga. Y no precisamente vinculados al gasto presupuestario (del tipo ayudas a jóvenes para el alquiler de viviendas).
Me refiero a iniciativas como a una hipotética ordenada y bien planteada “reagrupación familiar” de los inmigrantes, algo que es sencillamente de justicia y estratégicamente un mecanismo de inserción real de estos colectivos en la sociedad española. O también, por ejemplo, un marketing-país efectivo y global para mejorar la imagen residencial de España en el extranjero (especialmente en los principales países demandantes de nuestras viviendas). Algo que ha brillado por su ausencia más allá de los intentos de las empresas inmobiliarias en contrarrestar campañas mediáticas de imagen muy duras contra nuestro país.
Lo que parece evidente es que las Administraciones deberían instrumentar señales y medidas suficientemente anticipativas que ayuden a recobrar la confianza de consumidores y empresarios. Este es el punto más vulnerable. Se corre el riesgo de extrapolar una crisis de confianza entre los agentes económicos que haga mella en las expectativas de estos. La difusión sobredimensionada de algunos datos de tipo coyuntural puede crear un problema de más hondo calado del que realmente existe. Al respecto las respuestas de los mercados de valores durante este mes de Enero no son nada tranquilizadoras. Hay que recordar que no todo son “respuestas globales”. La diligencia en el uso de las “respuestas locales” es algo importante dado el amplio margen de actuación que las Administraciones todavía hoy tienen.
Para finalizar
Si llegado el momento España tuviera que afrontar hipotéticamente –lo que no es el caso- una crisis inmobiliaria del tipo estadounidense cierto es que tendríamos una mayor vulnerabilidad. En términos relativos a la hora de mirar al futuro nuestras alternativas se reducirían sensiblemente. Aquí si hay un tema de enjundia cuyo planteamiento es absolutamente imprescindible y sobre el que he insistido en la mayor parte de los artículos que periódicamente publico en estas mismas páginas.
La economía española tiene que empezar a invertir en modelos más orientados hacia los sectores que protagonizaran el crecimiento económico. Hay que crear la cultura de la prospectiva. Sólo desde esta perspectiva se podrán movilizar los recursos de un país hacia una posición capaz de protagonizar el futuro. Al respecto, algunos analistas empiecen a confiar más en las posibilidades de la India o China que en las de Europa y es que en estos temas , no nos conviene ser muy europeos.
Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional
Publicado en el diario Información el 20 de enero de 2008 (el día antes al lunes negro en la Bolsas de todo el mundo)
El Estado del Bienestar en la encrucijada
6 Enero 2008
Este es el título del interesante libro que los profesores Salort y Muñoz Haedo han coordinado en la Universidad de Alicante con la participación de destacados expertos en el tema. Su lectura es muy recomendable dado que nos da una perspectiva histórica del Estado del Bienestar, su compleja medición, sus perspectivas en el contexto de la UE, las políticas públicas en España durante las últimas décadas, entre otras muchas cuestiones del máximo interés.
El libro, como todos los buenos, abre el apetito y provoca la necesidad de reabrir un debate que probablemente no se plantea con amplitud de miras políticas que se debiera. Todavía es posible ver documentos ministeriales en Internet en los que se proyecta en España la “quiebra financiera del Estado del bienestar” en función de la extrapolación contable simple de determinadas variables demográficas y financieras.
Y es curioso que alguien se moleste en hacer sencilla aritmética con proyecciones a treinta años vista y sin embargo, nadie se preocupe con intentar averiguar que es lo que pasará realmente con nuestra economías a tan largo plazo . Hacer las cuentas de la vieja con el gasto en prestaciones del sistema de la seguridad social, pensando que hemos quedado estancados en variables que han experimentados cambios asombrosos, es algo cómo decir, “el mundo se para y, claro, esto del bienestar es insostenible”. Cuando lo verdaderamente interesante sería plantearse cómo posicionarse y maximizar el crecimiento económico competitivo de los próximos años en un mundo que cada vez evoluciona más rápidamente.
Ha bastado algo más de una década de atracción inmigratoria y de expansión inmobiliaria en España para obligar a los aritméticos a retomar la calculadora y rehacer tan sesudas previsiones. Lo malo es que el ejercicio tal como se plantea es deprimente. Es como si en pleno periodo autárquico, hace sesenta años, alguien hubiera sacado la calculadora y extrapolando miserias nos hubiera situado en 2007 a la altura de 1969. Lo cierto es que había mucho camino fuera de España. Y lo cierto es que lo sigue habiendo todavía hoy. Lo mismo que fue un acierto cambiar radicalmente de modelo hace medio siglo, quizás sea inteligente plantearse ajustar y orientar nuestro modelo actual.
La globalización del Estado del bienestar
Algunos economistas nórdicos empiezan hablar de globalización del Estado del Bienestar, no como un tema utópico sino con visos de hacerlo realidad. Es frecuente leer documentos suyos en los que defienden este modelo. Hablan de una cobertura universal que sea efectiva a la hora de combatir planetariamente la pobreza y la exclusión.
Argumentan por ejemplo, las ventajas de unos costes de transacción más bajos con un sistema universal o las derivadas de la portabilidad y los incentivos que provocarían en la movilidad laboral. Lejos de intimidarse defienden las ventajas para los sistemas de inversiones en la salud, la educación, etc en la productividad de la fuerza laboral.
Todo un tratado de las ventajas del Estado del Bienestar global que mira al futuro pensando en la estabilidad de las instituciones y el crecimiento económico, haciendo equiparables los derechos de la propiedad y los derechos sociales… Pero ¿cómo es posible que ellos piensen en globalizar el Estado del Bienestar y en España estemos empeñados en crear nubarrones sobre su inviabilidad? ¿Son utópicos? ¿O valoran mejor que nosostros las posibilidades de cambios y progresos relevantes en la ciencia y la tecnología? ¿Quiénes son más realistas a la hora de evaluar el futuro?
Prospectiva o cuentas de la vieja
La OCDE define la prospectiva como el conjunto de tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos o sociales.
Algunos países como los países nórdicos tienen una mentalidad más abierta para hacer prospectiva y evaluar más acertadamente los cambios potenciales que puede generar la sociedad del conocimiento. En España quizás hacemos poca prospectiva. No parece erróneo afirmar que la ciencia y la tecnología se sitúan distantes de la economía y de la sociedad española y que la generación de sus beneficios económicos y sociales se ha externalizado en gran medida. Somos más observadores que protagonistas.
En las últimos años de expansión inmobiliaria, España se ha permitido el lujo de hacer “outsourcing” de los procesos y progresos que se definen a través de los grandes avances en ciencia y tecnología. Esto tiene sus desventajas.
Efectivamente, mientras que algunos países ven grandes oportunidades en las importantes amenazas a la humanidad (cambio climático, escasez de energías limpias y renovables, etc.), otros nos limitamos a certificar el alarmismo o en el mejor de los casos “la toma de conciencia”. Mientras que otros lideran proyectos y empresas en Internet, nosotros nos sumamos sólo como usuarios.
Estar entre los primeros exige realizar una apuesta inequívoca en la sociedad del conocimiento, invertir en nanotecnología, incrementar en la población en general la cultura de las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones, fomentar una inversión competitiva en la educación, etc. En síntesis situar a un país en la senda de la competitividad y del futuro y fomentar una cultura en la que cale hondo la sociedad del conocimiento.
Con todos estos deberes hechos, pues quizás algunos políticos percibirían que esto del Estado del Bienestar no ha hecho nada más que empezar.
Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional
