El Estado del Bienestar en la encrucijada
6 Enero 2008
Este es el título del interesante libro que los profesores Salort y Muñoz Haedo han coordinado en la Universidad de Alicante con la participación de destacados expertos en el tema. Su lectura es muy recomendable dado que nos da una perspectiva histórica del Estado del Bienestar, su compleja medición, sus perspectivas en el contexto de la UE, las políticas públicas en España durante las últimas décadas, entre otras muchas cuestiones del máximo interés.
El libro, como todos los buenos, abre el apetito y provoca la necesidad de reabrir un debate que probablemente no se plantea con amplitud de miras políticas que se debiera. Todavía es posible ver documentos ministeriales en Internet en los que se proyecta en España la “quiebra financiera del Estado del bienestar” en función de la extrapolación contable simple de determinadas variables demográficas y financieras.
Y es curioso que alguien se moleste en hacer sencilla aritmética con proyecciones a treinta años vista y sin embargo, nadie se preocupe con intentar averiguar que es lo que pasará realmente con nuestra economías a tan largo plazo . Hacer las cuentas de la vieja con el gasto en prestaciones del sistema de la seguridad social, pensando que hemos quedado estancados en variables que han experimentados cambios asombrosos, es algo cómo decir, “el mundo se para y, claro, esto del bienestar es insostenible”. Cuando lo verdaderamente interesante sería plantearse cómo posicionarse y maximizar el crecimiento económico competitivo de los próximos años en un mundo que cada vez evoluciona más rápidamente.
Ha bastado algo más de una década de atracción inmigratoria y de expansión inmobiliaria en España para obligar a los aritméticos a retomar la calculadora y rehacer tan sesudas previsiones. Lo malo es que el ejercicio tal como se plantea es deprimente. Es como si en pleno periodo autárquico, hace sesenta años, alguien hubiera sacado la calculadora y extrapolando miserias nos hubiera situado en 2007 a la altura de 1969. Lo cierto es que había mucho camino fuera de España. Y lo cierto es que lo sigue habiendo todavía hoy. Lo mismo que fue un acierto cambiar radicalmente de modelo hace medio siglo, quizás sea inteligente plantearse ajustar y orientar nuestro modelo actual.
La globalización del Estado del bienestar
Algunos economistas nórdicos empiezan hablar de globalización del Estado del Bienestar, no como un tema utópico sino con visos de hacerlo realidad. Es frecuente leer documentos suyos en los que defienden este modelo. Hablan de una cobertura universal que sea efectiva a la hora de combatir planetariamente la pobreza y la exclusión.
Argumentan por ejemplo, las ventajas de unos costes de transacción más bajos con un sistema universal o las derivadas de la portabilidad y los incentivos que provocarían en la movilidad laboral. Lejos de intimidarse defienden las ventajas para los sistemas de inversiones en la salud, la educación, etc en la productividad de la fuerza laboral.
Todo un tratado de las ventajas del Estado del Bienestar global que mira al futuro pensando en la estabilidad de las instituciones y el crecimiento económico, haciendo equiparables los derechos de la propiedad y los derechos sociales… Pero ¿cómo es posible que ellos piensen en globalizar el Estado del Bienestar y en España estemos empeñados en crear nubarrones sobre su inviabilidad? ¿Son utópicos? ¿O valoran mejor que nosostros las posibilidades de cambios y progresos relevantes en la ciencia y la tecnología? ¿Quiénes son más realistas a la hora de evaluar el futuro?
Prospectiva o cuentas de la vieja
La OCDE define la prospectiva como el conjunto de tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos o sociales.
Algunos países como los países nórdicos tienen una mentalidad más abierta para hacer prospectiva y evaluar más acertadamente los cambios potenciales que puede generar la sociedad del conocimiento. En España quizás hacemos poca prospectiva. No parece erróneo afirmar que la ciencia y la tecnología se sitúan distantes de la economía y de la sociedad española y que la generación de sus beneficios económicos y sociales se ha externalizado en gran medida. Somos más observadores que protagonistas.
En las últimos años de expansión inmobiliaria, España se ha permitido el lujo de hacer “outsourcing” de los procesos y progresos que se definen a través de los grandes avances en ciencia y tecnología. Esto tiene sus desventajas.
Efectivamente, mientras que algunos países ven grandes oportunidades en las importantes amenazas a la humanidad (cambio climático, escasez de energías limpias y renovables, etc.), otros nos limitamos a certificar el alarmismo o en el mejor de los casos “la toma de conciencia”. Mientras que otros lideran proyectos y empresas en Internet, nosotros nos sumamos sólo como usuarios.
Estar entre los primeros exige realizar una apuesta inequívoca en la sociedad del conocimiento, invertir en nanotecnología, incrementar en la población en general la cultura de las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones, fomentar una inversión competitiva en la educación, etc. En síntesis situar a un país en la senda de la competitividad y del futuro y fomentar una cultura en la que cale hondo la sociedad del conocimiento.
Con todos estos deberes hechos, pues quizás algunos políticos percibirían que esto del Estado del Bienestar no ha hecho nada más que empezar.
Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional
