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El paisaje como activo económico
29 Junio 2008

En el décimo aniversario de la sede universitaria de Benissa (1) tuve la ocasión de reflexionar sobre el paisaje y más concretamente en su relevancia económica. Benissa es uno de los pocos ejemplos alicantinos de excelente preservación de su paisaje urbano, rural y litoral, algo que parece difícil en los a tenor de recientes experiencias.

Quizás la situación actual nos permitirá ver con más claridad la importancia del paisaje como activo, como patrimonio de enorme valor para un territorio. Además, las nuevas metodologías de I+D territorial pueden identificar oportunidades y potencialidades de enorme valor económico en torno al paisaje. Mis reflexiones:

1. La necesidad de ver el medio ambiente y el medio natural como activos de primer orden. Tenemos que ver en preservación del medio natural una oportunidad única de generar riqueza y valor económico. Fomentar políticas inteligentes donde las fuerzas del mercado sean aliadas. En unos veinte años, las nuevas tecnologías de la construcción reducirán sus costes a niveles hoy inimaginables. Aquellos territorios que hayan sido capaces de preservar e integrar singularidades derivadas de valores ambientales y culturales tendrán una enorme ventaja sobre aquellos que no lo han hecho. Reconocimiento de hitos como los huertos de palmerales (Patrimonio de la Humanidad en Elche), deberían extenderse en esta provincia (Guadalest promueve inteligentemente el reconocimiento de las terrazas a agrícolas).
2. El paisaje, el medio natural y la identidad cultural como respuesta a ciudadanos exigentes. La globalización lleva consigo una toma de conciencia ciudadana cada vez más exigente. Los negocios multinacionales, los movimientos migratorios masivos, la movilidad estudiantil, el turismo de masas, todo ello fomenta una visión exigente de los ciudadanos. Aquellos territorios inteligentes conciliarán los valores locales y las tensiones de la globalización; impulsarán espacios competitivos donde el desarrollo, las modernas infraestructuras, y la preservación de el medio natural, conjuntamente con su identidad cultural, se concilien inteligentemente.
3. El paisaje como estrategia en sí misma. Hace unos años, el prestigioso arquitecto Juan Navarro Baldeweg me decía precisamente en Benissa que la mejor inversión era “comprar paisaje”, no para construir, sino para preservar el valor de las construcciones ya existentes. Me pareció una idea realmente brillante. El paisaje, es un activo cada vez más escaso y se puede convertir en un factor clave para el futuro, especialmente en el Mediterráneo. La rentabilidad parecería clara a la luz de la demanda turística e inmobiliaria de segmentos de alto poder adquisitivo en Europa, pero sería aun más importante en la atracción de talento y para la atracción de actividades económicas basadas en el conocimiento y vinculadas a nuevas tecnologías.

Creatividad e innovación están unidas –más de lo que parece- al paisaje e identidad cultural. Dejemos ver el paisaje como una cuestión estética y empecemos a concebirlo como concepto estratégico. El valioso entorno paisajístico de la Marina alicantina alberga hoy la mayor oferta gastronómica de calidad de nuestra provincia y viven artistas, arquitectos, empresarios, profesionales de empresas primer nivel de Europa. Algo que nos debería hacer pensar.

(1) Estas reflexiones fueron compartidas en una mesa con presencia de los dos últimos alcaldes de este municipio Juan Bautista Roselló é Isidor Mollà, la directora de la sede Teresa Morell y la Vicerrectora de la Universidad de Alicante Josefina Bueno.

Andrés Pedreño Muñoz
IEI