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El papel de las universidades en la sociedad del conocimiento
13 Julio 2008

Acabo de asistir al Encuentro Santander – América Latina que se viene celebrando en la UIMP desde hace siete años. El tema de este año ha girado en torno a la inversión en capital humano y el I+D+I, y más específicamente en torno a las universidades (investigación, formación, mercado de trabajo, etc.). Resulta muy difícil sintetizar las aportaciones de Enrique Iglesias, Pedro Solbes, Ernesto Ottone, Rafael Rangel, Marius Rubiralta, Juan José Dolado… pero en todo caso, sí me animo a recoger en este breve espacio algunas reflexiones sobre el tema.

Empezaré por la toma de conciencia creciente del papel que deben desempeñar las universidades en la globalización y la sociedad del conocimiento. A partir de esto, hay quienes subrayan las vías, los cambios y las pautas que hay que seguir para potenciar este papel y con esto el desarrollo sostenible de los países y un mayor diversificación productiva orientada a sectores de futuro; el deseo de unas economías, más sólidas, menos vulnerables, vinculadas a la inteligencia creadora que determina la competitividad y la riqueza actual de los países más dinámicos.

Otros en cambio, ponen énfasis en las importantes limitaciones de los sistemas universitarios actuales. Y debo admitir que no faltan razones para caer en el escepticismo. A mi modo de ver lo importante es que el debate ha comenzado más allá de claustros o sanedrines de especialistas.

Incluso, más allá del propio debate, están aquellos países que se han lanzado a la acción. Hace poco leí en discursos de presidentes de las grandes universidades americanas la entidad de la apuesta china en materia de educación terciaria e investigación. Un apuesta absolutamente espectacular y que venía a plasmarse en algo así como dos centenares de universidades que con un “enfoque UC- Berkeley”, incluido el capital humano que se había formado en los más prestigiosos centros universitarios del todo el mundo. En Brasil la industria del petróleo destina una cantidad porcentual fija a sus universidades. De ahí que la Universidad de São Paulo, por ejemplo, empiece a gestionar presupuesto del orden de las grandes norteamericanas.

En México, el Tecnológico de Monterrey ha desplegado una impresionante actividad en materia de generación de patentes, incubadoras (casi 200 incubadoras de empresas en todo el país) y una docena de parques científicos – tecnológicos distribuidos estratégicamente por toda la geografía mexicana. En el tema de los parques tecnológicos su planteamiento es lo que denomina “efecto avión”. Esto es: “hay muchas empresas que por nuestra proximidad a los Estados Unidos y otras ventajas vienen a localizarse en nuestro país, pero estas empresas no llegan a aterrizar nunca puesto que no les proporcionamos los lugares adecuados…”. Pensé inmediatamente que quizás el eje mediterráneo debería tomar nota del “efecto avión”.

El rector del Tecnológico de Monterrey acabó transmitiendo un entusiasmo desbordante al auditorio –una treintena de periodistas de los medios más prestigiosos de América Latina-. Su apuesta agrada al gobierno cuando afirma que de “nada sirve que uno de nuestros profesores presenta un paper en Australia si no tiene impacto en el desarrollo del país”.

Su gobierno es consciente de la rentabilidad de una mínima inversión en términos de competitividad de país, generación de empleos cualificados, desarrollo sostenible y en la capacidad de identificar oportunidades de desarrollo regional. Hoy es una pieza clave de la política gubernamental… En fondo es un tema de complicidades y confianza mutua.

Andrés Pedreño Muñoz
IEI

  • Introducido en : General
  • Autor :articulos

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