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El reconocimiento social y mediático del éxito empresarial
27 Julio 2008

He tenido la oportunidad de conocer frecuentemente a jóvenes emprendedores que están llevando a cabo proyectos de éxito en Alicante. En algunos casos sus realizaciones tiene un mérito realmente impresionante. Mi duda es si, salvo puntuales panegíricos, en nuestra sociedad se están reconociendo estas realizaciones como merecen.

El tema transciende una mera cuestión de loas y lisonjas. El reconocimiento de los éxitos empresariales y de las mejores prácticas profesionales fomenta una imprescindible cultura social que ánima a jóvenes, profesionales y a los propios empresarios. Adicionalmente incentiva el esfuerzo y trabajo bien hecho, la creatividad y capacidad de generar ideas competitivas internacionalmente. Algo tan crucial que redunda, como es bien sabido en empleo y riqueza para un país.

Desafortunadamente, en España suelen tener más eco mediático los fracasos o escándalos empresariales que los éxitos. Estos, con frecuencia se limitan a reproducir las listas de Forbes, olvidando el esfuerzo empresarial que hay que hacer para llegar a estar en ellas. En algunas Escuelas de Negocios, tímidamente, se empiezan a estudiar algunos casos de éxito, pero no es una practica generalizada nuestras Facultades de Economía y Empresa. Si por ejemplo hiciéramos una encuesta en la calle sobre las cinco empresas alicantinas más innovadoras, más punteras tecnológicamente o que más empleo generaron en 2007 no creo que abundaran las respuestas.

Hay proyectos empresariales que, como decía, tienen un grandísimo mérito. Si estas buenas practicas fueran conveniente y persistentemente divulgadas y reconocidas estimularían otras muchas. Sería una forma efectiva y contrastada de impulsar la innovación, o el desarrollo tecnológico, o la generación de empleos cualificados.

Para crear una pequeña empresa en Internet quizás no se necesita una excesiva inversión; hay jóvenes que las crean a partir de una conexión y portátil. Estimular este tipo de emprendedurismo es esencial para una economía como la alicantina o española. Hace ya más de un año, Google adquirió a dos jóvenes alicantinos “Panoramio” una sencilla y muy brillante idea. Eduardo Manchón y Joaquín Cuenca serían como nuestros Sergey Brin y Larry Page alicantinos. Sin embargo, tengo dudas de que fueran identificados por la calle o incluso en una clase de informática de nuestras universidades.

Proyectamos con eficacia a estrellas del deporte, del corazón o las heroicidades tan “encomiables” del Gran Hermano y hasta los castings de Operación Triunfo. En nuestro ámbito más local, los nombres de las calles homenajean por ejemplo a la fauna marítima (hay un barrio entero de Alicante con no menos de cincuenta calles con nombres de pescados: la dorada, boquerón, besugo, sardina…). No conozco que la haya calles dedicadas a emprendedores o a empresarios de éxito todavía en vida.

De esta siembra, en nuestros Institutos y Colegios, tenemos una multitud de jóvenes dispuestos a ejercer la profesión de “Gran Hermano” y seriales similares. Es improbable que nazcan espontáneamente muchas vocaciones emprendedoras o encaminadas hacia la Ciencia o la Tecnología. Quizás esto pasa en bastantes países. La diferencia está en compensar estas frivolidades con políticas muy activas de reconocimiento. Esto es, los Sergy Brin, Larry Page, Steve Jobs, incluso científicos y Premios Nóbel son debidamente proyectados y divulgados en los ámbitos en los que se determinan futuras vocaciones en un país como Estados Unidos, incluso preocupado por captar los mejores talentos de todos los países del mundo, procedan de donde procedan.

¿Qué puede esperar una sociedad que no reconoce adecuadamente el esfuerzo, las buenas practicas, el trabajo bien hecho…? ¿Qué para eso está el incentivo de los beneficios? Y también la Pirámide de Maslow….

Andrés Pedreño Muñoz
Instituto de Economía Internacional

(Nota posterior del autor) Quizás  no se explica el final, lo de la “Pirámide de Maslow”. Sencillamente las limitaciones de espacio de la prensa escrita donde va destinado este artículo me obligaron a la hora de concluirlo a una síntesis excesiva. Viene a expresar que en la sociedad en la que vivimos -y en especial nuestros jóvenes- donde predomina la cultura del no esfuerzo y la disponibilidad de muchos bienes, podría instar a una actitud psicológica que sobrevalore un concepto de calidad de vida (diversión banal y superficial, tiempo libre, ausencia de esfuerzo y sacrificios, etc.) por encima del dinero (beneficios empresariales) o incluso un determinado estatus social no captado por nuestros jóvenes.  Dicho de otra forma: la expectativa de obtener grandes ingresos a través de los beneficios empresariales resultaría poco atractiva ante el esfuerzo y capacida de sacrificio y riesgo que comporta la actividad empresarial .