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La globalización y las políticas frente a la crisis
21 Septiembre 2008

Hace escasamente unos diez meses los expertos destacaban la solidez de la economía española ante las primeras noticias de los efectos de la crisis internacional de liquidez.

Todavía resuenan en mis oídos, cosas como “la estabilidad del crecimiento económico español durante los últimos 14 años, la inversión empresarial en bienes de equipo, la solidez de nuestro sistema financiero, inexistencia de créditos hipotecarios de alto riesgo, la baja morosidad, unas cuentas públicas saneadas…” E incluso para demostrar esto último (teníamos uno de los superavits más importantes de la UE), se materializaban en los presupuestos un aumento en la inversión en infraestructuras del 13% durante 2008.

Frente variables negativas como el alza de euro/dólar se respondía que nuestras ventas al exterior dependían fundamentalmente de la UE, amén de la inexistencia de tensiones en los costes (labores), habiéndose asimilado lo peor de las máximas subidas previsibles en los costes financieros. Por si faltaba poco, se señalaba también, que la fiscalidad mejoraba en 2008 y que algunas asignaturas pendientes como la competitividad y la evolución de la exportaciones experimentaban leves mejoras (finales de 2007). Todo perfecto.

Así las cosas la mayoría de los expertos españoles y organismos internacionales hacían unas previsiones moderadamente optimistas para la economía española, que aunque más bajas que en años precedentes, seguían siendo bastante altas (FMI (+2,7%), Analistas Financieros Internacionales (+2,8%), etc.

Lo que se sostenía hace diez meses era estrictamente cierto. No lo era tanto el supuesto de que en plena era de la globalización, los agentes económicos en España (consumidores, inversores) formaran sus expectativas con el cuadro macroeconómico español. Más bien sus expectativas han ido configurándose con las noticias que venían de USA, Europa, América Latina, Japón, China. India… En diez años la economía mundial ha cambiado mucho y las exigencias de la globalización nos llevan a escenarios muy complejos, como se viene observando en los últimos meses. Esto sin mencionar la vulnerabilidad de un modelo en el que naufragaba la competitividad, las apuestas de futuro en la sociedad del conocimiento eran escasas y la expansión inmobiliaria daba síntomas de agotamiento.

Tímidamente, también hace diez meses, en estas mismas páginas, reclamaba medidas anticipativas en función de una más que previsible caída en las expectativas en el consumo y la inversión. Pero la ortodoxia ha sido implacable.

Sólo cuando se hunde el barco, los principales bancos centrales del mundo deciden coordinarse e inyectar conjuntamente al sistema 180.000 millones de dólares. Y algo parecido sucederá con nuestras economías, tendremos que esperar a que se hunda el barco. Catorce años de crecimiento ininterrumpido han generado excelentes “economistas laissez faire”, el resurgimiento de políticas no intervencionistas y la consolidación más absoluta del dogma “la mejor política industrial es la que no existe”, aunque ésta pudiera ir referida al estímulo de la nuevas tecnologías, educación y formación competitiva, I+D+I…

Un académico, con mucha experiencia en el sistema financiero, me dijo hace bastantes años, Andrés, “los economistas solemos abrazar la posición más ortodoxa, y esto se debe a que es muy duro equivocarse en solitario” Para respaldar este juicio, mi amigo me recordaba la posición de los gobiernos, organismos internacionales y especialistas de los principales bancos internacionales ante el riesgo que hace algunas décadas representaba la deuda externa de una gran parte de los países menos desarrollados. No había riesgos, hasta que el sistema quebró, desde ese momento todo el mundo señaló que era “obvio”, “que se veía venir”.

Vivir para ver, las mismas cosas.


La economía y la revolución nanotecnológica
10 Septiembre 2008

nanotecnologiaAcabo de regresar de un seminario celebrado en San Sebastián en la Universidad del País Vasco por la Federación de Cajas de Ahorro Vasco-Navarras sobre “Globalización en el siglo XXI: retos y dilemas”. Uno de los ponentes ha sido el estadounidense Mike Treder quien habló de “Nanotecnología, globalización y futuro de la humanidad”. Debo confesar que desde hace tiempo me fascina la nanotecnología; viene a representar la máxima expresión de la sociedad del conocimiento, tema sobre que, además daba la casualidad que debía hablar yo en el mismo seminario.

Treder insistió en las posibilidades de que la nanotecnología molecular sea una realidad en un plazo no muy lejano, no más allá de unos doce años. Dio algunos datos nuevos interesantes. Uno la posibilidad de que China dispute el liderazgo a Estados Unidos en este campo, dados los decididos esfuerzos inversores que los chinos están orientando hacia la nanociencia. Otro dato interesante que mencionó se refirió a inversiones en el Reino Unido que podrían evidenciar progresos más allá de los reconocidos oficialmente.

Lo cierto es que estos datos me han hecho desempolvar algunos apuntes para retomar tras el descaso de agosto esta cita quincenal. Más allá de aburrirles con los pormenores de los fenómenos a nanoescala, átomos, moléculas, etc. simplemente les diré que según algunos analistas la nanociencia y la nanotecnología se espera que revolucionen la ciencia y la sociedad. Las aplicaciones en este campo tendrían el potencial de transformar la medicina, la biotecnología, la agricultura, la industria manufacturera, la ciencia de los materiales, la industria aeroespacial, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, por nombrar tan sólo algunos sectores más afectados.

Si hoy las nuevas tecnologías de la información representan ya más de una tercera parte del PIB de algunos países, el impacto económica de la nanotecnología se espera pueda infinitamente mayor abarcando lo que el anterior Presidente del MIT Charles Vest calificó como una segunda revolución industrial. No se podrá producir nada competitivo al margen de la nanotecnología.

Precisamente Treder intenta difundir la entidad del tales impactos y la necesidad de tomarse en serio las apuestas en materia de nanotecnología. Hay muchos países y analistas que no han dudado en comprender que la nanotecnología puede convertirse en una pieza estratégica indispensable para la competitividad de un sistema económico, determinante de la riqueza de las naciones. Algunos gobiernos regionales como el vasco, se lo están tomando en serio con inversiones y proyectos relevantes.

En Estados Unidos el Institute for Global Futures llevó a cabo en 1999, a través de financiación privada, una temprana evaluación que tendría la nanotecnología en los negocios Se entrevistaron a personas relevantes vinculadas a una amplia gama de negocios en sectores ligados a: atención de la salud, industrias manufactureras, medicina, tecnologías de la información, bienes de consumo, turismo y ocio y servicios

Este estudio identificó un nivel de conciencia y de conocimientos generales muy bajos. Menos del 2% señalaron que pensaban que sabían lo que era la nanotecnología. Otro 2% indicaron que habían oído hablar de la nanotecnología pero que no podían explicar lo que significaba. Sin embargo el 80% de los encuestados estaba de acuerdo en que se trataba de una tecnología que tendría un enorme impacto en sus negocios cuando se les daba información sobre la misma. El 45% de los encuestados expresaron interés en aprender más acerca de la nanotecnología.

Hoy en Estados Unidos se lleva a cabo un notable apuesta pública y privada a favor del desarrollo nanotecnológico. Quizás esta toma de conciencia en países como España, sea la misma que en Estados Unidos en 1999. Pero corren tiempos en lo que quizás no sea malo reflexionar sobre aquellas cosas que van a incidir de forma relevante en el futuro y apostar…

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