Ante las crisis: transparencia y confianza
5 Octubre 2008
Esperar a que los problemas afloren puede ayudar a justificarlos políticamente. Incluso así, a la vista están los problemas del Presidente Bush para que su propio partido apruebe el plan de choque diseñado por su Administración. Pero conforme se hunden las expectativas, la entidad de las intervenciones deberán ser mucho mayores y menos efectivas. En definitiva, el auténtico liderazgo político hay que demostrarlo en épocas de crisis. El tiempo es una variable clave y no parece que se esté administrando bien.
El origen financiero de esta crisis y las tensiones de liquidez que la originaron, dentro del ámbito de la globalización, propició una rápida propagación y ampliación a todos los países y niveles. Los efectos de la percepción de esta propagación fueron infravalorados e incluso hoy deberían ser analizados con mayor profundidad y rigor.
En España hace menos de un año los especialistas veían el sector real muy fuerte e insensible al huracán de las subprime. Sin embargo, prudente y necesariamente los bancos y cajas de ahorros transmitieron un severo “cierre del grifo” (como popularmente lo denominan los empresarios) anticipando una percepción de unas expectativas no muy halagüeñas. Esto ha ido calando en un pesimismo general galopante que entra en un terreno más que peligroso.
No digamos ya, lloviendo sobre mojado, los titulares de prensa durante los últimos meses o en los últimos días. La guinda la ha puesto Bush al anunciar desde USA “un catastrofismo mundial fuera de su plan”.
Como señala José Juan Ruíz en un artículo reciente, para minimizar los impactos sobre los ciudadanos el Tesoro norteamericano tiene que poner sobre la mesa los recursos suficientes para que la confianza en el sistema retorne, los mercados vuelvan a funcionar “y se pare la “corrida” de depósitos”. Y hay que hacerlo de la forma más rápida, transparente y eficiente para el contribuyente.
Las agencias de rating perdieron su credibilidad cuando bautizaron a las subprime como inversiones seguras. Hoy muchos inversores no saben si pecan por exceso (recuperar la credibilidad perdida) o aún por defecto. Las autoridades europeas y españolas deberían crear un discurso –con transparencia y veracidad- que frenara especulaciones o temores injustificados.
El sentido común más elemental exigiría de los gobiernos un mayor énfasis a la hora de transmitir confianza a los mercados (consumidores, ahorradores, inversores…). El recelo y falta de confianza puede crear una crisis mayor donde no tiene porqué haberla. Tacto político, transparencia y confianza parecerían extraordinariamente necesarios en la situación actual. Hay que atajar con firmeza una angustia colectiva injustificada.
En este país hay gente realmente bien preparada. Dentro y fuera del Banco de España. Uno de los mayores éxitos de la economía española en los últimos quince años ha sido la capacidad de nuestra banca para competir internacionalmente. Su gestión de riesgos en América Latina –una región en la que los bancos estadounidenses fracasaron con reiteración durante décadas- ha sido ejemplar. En este país hay una banca muy sólida, reconocida incluso hasta por The Financial Times en coyunturas tan convulsivas como las actuales. No toda la banca, ni todo el sistema financiero, pero sí una buena parte de la misma. Quizás convenga repetirlo y tener algún plan creíble para atajar cualquier eventualidad.
Andrés Pedreño Muñoz
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