jump to navigation

Florentino Pérez, la gestión del Real Madrid y los animals spirits
31 Octubre 2009

El pasado miércoles el Club Diario Información tuvo un invitado especial: Florentino Pérez. En esta sección parecería que debería referirme a la gestión de ACS que con sus 140.000 trabajadores en la coyuntura actual no es algo baladí. Sin embargo, tal como dije en la presentación del también Presidente del Real Madrid, de la gestión de este club pueden sacarse lecciones muy valiosas.

El Real Madrid es un club deportivo que, independientemente de su forma jurídica, es mucho más que un equipo de fútbol, es una empresa y una gran marca global con una espectacular proyección internacional. Hay que reconocer que su enfoque empresarial ha sobrepasado cualquier expectativa. En su gestión hay algo incontestable: unas cuentas del club que reflejan la inteligencia de un enfoque donde la globalización es algo más que un sustantivo. Florentino Pérez, un empresario, ingeniero y profesor de Fundamentos y Método Matemáticos cuenta esto como si fuera lo más normal del mundo. Pero hacerlo en un país como España, donde frecuentemente se antepone la cruzada o cultura de lo local, no es usual.

España se debate en una brecha importante. Una minoría de empresarios y empredendedores que han comprendido las exigencias de la globalización y que gestionan empresas y proyectos realmente brillantes. Un país como España debe empezar a valorar el mérito de tener empresas de referencia mundial en sectores como la banca, las telecomunicaciones y otros sectores productivos.

En el otro lado,  estamos inmersos en una cultura local que más allá de una legímitima y razonable indentidad, en muchas ocasiones es bastante restrictiva y limitante en su operativa y enfoque. Esto propicia no pocos proyectos que están abocados al fracaso o que generan un alto coste social. Nuestra país, nuestra comunidad, están sobrados de estos ejemplos.

El Real Madrid es un buen referente gobal y con una gestión que, si la contrastamos con las de otros muchos clubs, se pone de relieve el acierto de este enfoque estratégico.  Lo global y lo local y un balance claramente favorable a lo primero.

En un artículo de esta misma sección escribía hace unos meses sobre “Crisis económica y el fichaje de los galácticos”. Entonces caracterizaba la situación de nuestro país y me quejaba del agravio comparativo que suponía una inversión tan cuantiosa de estrellas de fútbol. Tras la conferencia de Florentino Pérez me ha quedado claro, a juzgar por la solidez de las cuentas del Real Madrid, que no va a ser necesario ningún “Plan de Rescate” diseñado para este Club, sino todo lo contrario.

Y aclarado este importante punto no hay nada que objetar. Mi único lamento sería no disponer de muchos “florentinos” (políticos y empresarios) que apostaran por el talento y las mayores capacidades extendiéndolos al fichaje de científicos, ejecutivos de empresas, emprendedores, etc. Más bien hay que alabar que desde un Club de fútbol se señalé una dirrección de gestión empresarial que debería ser emulada por muchas de nuestras empresas.

 La gestión empresarial del Real Madrid

Por lo demás, la gestión del Real Madrid tiene muchos puntos de contacto interesantes con el mundo empresarial. El nivel de expectativas que genera este club entre sus aficionados (lo que diríamos en términos de empresa, una clientela muy exigente) sobrepasa las quejas de muchas empresas que se ven actualmente desbordadas por el impacto de las incursiones por parte de sus clientes en los blogs y en las redes sociales. El Real Madrid no es una empresa 2.0, pero si un buen referente en cuanto a complejidad de su “clientela”.

Creo que nadie pone en duda que un Club como el Real Madrid demanda las mejores y más modernas técnicas de gestión empresarial. Pero su enfoque sigue teniendo puntos débiles de difícil solución que ya afloraron en la etapa anterior de Florentino Pérez como Presidente. Y esto hace su gestión aun mucho más apasionante.

Una de las claves a solucionar estriba en el hecho de que en una empresa normal el rango de “entrenador” se ve reconocido por la mayor retribución en consonancia con sus responsabilidades. Esto en el mundo del fútbol no se concibe así. El entrenador puede llegar a ser el peor pagado de toda la plantilla.

Ahora que se habla de los “animals spirits” de la economía, quizá se profundice más sobre como influye la psicología humana en los comportamientos, productividades y resultados de las empresas. El “coaching” que es uno de los puntos fuertes de Jorge Valdano tiene sus fundamentos en variables de ese tipo. Y dentro de unos años quizás se estudie el caso del Real Madrid como referente de las dificultades de hacer equipo a partir de “pavones y zidanes” (especialmente con muchos de estos últimos). ¡Cinco entrenadores de la etapa anterior y el actual Pelegrini ya con un curricular 4-0 alcorconero!

¿Pero qué empresa no tiene problemas en hacer funcionar a sus equipos con el mejor rendimiento? ¿Y cómo hacerlo cuando los mejores talentos están en el equipo?

Si sólo fuera el talento… pero es que en el mismo lote van los “animal spirits”: vanidades, falsos liderazgos, problemas en la inteligencia emocional… ¿Cómo se “cura” un egocentrismo de un joven que sabe que han pagado por él cien veces más que su jefe y además apenas hace unos pocos años que salió de su adolescencia…?

Andrés Pedreño Muñoz
IEI

  • Introducido en : General
  • Autor :articulos

2 Comentarios en “Florentino Pérez, la gestión del Real Madrid y los animals spirits”

. Andrés Pedreño - 9 Noviembre 2009

Mi compañero y amigo Ramiro Muñoz me ha hecho un extenso comentario, que como bastantes veces ocurre en la blogosfera es más interesante que la propia entrada original. Por esta razón le he pedido permiso paea su reproducción a continuación.Andrés Pedreño

La gestión del Real Madrid: un dudoso modelo de eficiencia empresarial.

Noviembre de 2009-11-02

Coincido contigo en que el Real Madrid es más que un club. No sólo lo son el Barcelona o el Atletic de Bilbao. También el Madrid. Pero no de ahora, sino desde hace muchos años. Recordemos la impagable función que prestó al franquismo en misiones de política interior y, sobre todo, exterior. Algunos historiadores afirman que Santiago Bernabéu fue uno de los mejores ministros de Exteriores de Franco. Hoy, el club sigue cumpliendo otras misiones políticas y sociales importantes que van mucho más allá de las futbolísticas o de las puramente económicas.

Coincido también contigo en el catálogo que haces de algunas de las fortalezas y debilidades del club y, desde luego, en que la conferencia de Florentino Pérez proporciona valiosas lecciones. Yo diría más, no sólo la conferencia en cuanto publicitación de un modelo de gestión deportivo-empresarial, sino su actuación global y el modelo socioeconómico que representa. En lo que ya no coincido tanto es en algunas tesis que defiendes en tu artículo y, desde luego, en algunos parámetros del modelo madridista. Veamos algunas de esas discrepancias que me parecen relevantes y que me hacen poner en cuestión algunas de tus afirmaciones y la gestión madridista como modelo de éxito empresarial presente y con futuro brillante.

1º) La estructura jurídica del Real Madrid y de otros pocos clubes de fútbol de la primera división, me parece importante, porque condiciona toda su acción gestora. El club no es una Sociedad Anónima Deportiva (SAD) y funciona como una sociedad deportiva en la que los dueños con poder decisorio son los socios (unos sesenta mil), que lo manifiestan en los procesos electorales (voto directo en la elección presidencial e indirecto para designar compromisarios a la asamblea que anualmente aprueba presupuestos y cuentas de realización de ejercicios). No funciona como una asamblea de accionistas, porque aquí el voto no está ponderado en función del capital aportado, sino que cada persona es un voto. Eso me parece una anomalía, cuando se le quiere comparar con una estructura empresarial al uso. Casi funciona más, en este sentido, como un partido político o una organización sindical o empresarial. Hay que tener en cuenta que esos socios se mueven casi exclusivamente movidos por la calidad del juego de los futbolistas, por el resultado deportivo e, incluso, por los resultados deportivos de algunos otros, no de todos, importándoles bien poco la eficiencia económica de la “empresa”.

2º) Notable ineficiencia deportiva y empresarial del Real Madrid, demostrada en las últimas décadas, que ha derivado de la fuerte inestabilidad institucional. Desde el punto de vista deportivo, al Real Madrid lo han relegado los resultados a ser uno de los equipos buenos o simplemente regulares del panorama europeo. Desde el punto de vista empresarial su evolución directiva es alucinante. El rápido y conflictivo desfile de presidentes durante los últimos veinte años no es el mejor símbolo de eficiencia empresarial: la última etapa de Mendoza, la de Lorenzo Sanz, la primera etapa de Florentino Pérez, la de Fernando Martín, la de Calderón, la de Boluda, la segunda versión de Florentino Pérez, no son precisamente muestras de estabilidad empresarial, ni de eficiencia gestora. Si a ello le añadimos la guerra cruenta en los procesos electorales que ha llevado a los juzgados a los diversos candidatos a la presidencia, con acusaciones de falseamiento de votos, los “espectáculos” producidos en las asambleas de compromisarios, en las que han participado quienes no lo eran, etc., no parecen tampoco un modelo deseable de eficiencia empresarial, por lo menos en lo que a imagen y eficacia de funcionamiento se refieren.

En el mismo sentido del análisis de la eficiencia empresarial se me plantea una duda. ¿Cómo es posible que una persona, aunque sea “un ser superior” como dice Butragueño, puede compatibilizar dos puestos de máxima exigencia y dedicación como ACS y el Real Madrid? ¿Te imaginas a Botín, a César Alierta o a Amancio Ortega presidiendo el Barça, el Manchester o el Milan o el Rácing de Santader, o el Deportivo de la Coruña? Ni siquiera Berlusconi preside el club milanés del que es dueño. Ni siquiera Enrique Ortiz preside el Hércules. Puede que Florentino obtenga retornos positivos para ambas entidades, pero seguro que también los tiene negativos. Frecuentemente las necesidades de ambas entidades colisionarán y la presencia del presidente de ambas será indelegable, por lo que ambas se resentirán de esa bicefalia. En este sentido, recuerdo las palabras de un alcalde de una localidad importante de nuestra provincia, declarado “culé”, cuando durante el anterior mandato de Florentino, nos dijo a un grupo de conocidos “antes muerto que hacer una obra en mi pueblo con ACS”. Ya sé que es una anécdota, pero la extraordinaria exposición pública de Florentino, no estoy seguro que sea beneficiosa para la constructora, sobre todo, si los resultados deportivos del Real Madrid no son buenos. Ya no digamos si tiene que dimitir como la otra vez, cuando la pitada y pañolada del estadio Santiago Bernabéu fue vista en medio mundo y provocó su huida temporal de la presidencia del club.

3º) Los socios, aficionados y seguidores del Real Madrid no pueden ser comparados con los “clientes” de una empresa cualquiera de bienes o servicios, porque ni lo son, ni pueden ser ni tratados como tales. El modelo de las franquicias de la NBA aquí no ha cuajado o ha fracasado cuando se ha intentado copiar. Aquí la gente no va al fútbol como a otro espectáculo cualquiera por el que paga, silba o aplaude y ya está. El fútbol es otra cosa en Europa, en América o en África.

No concibo a los clientes de Ikea, de Zara, de France Telecom, del Citibank o de Honda, esperando a los clientes de la competencia, a los directivos o los trabajadores en la salida de los establecimientos, para insultarles, agredirles o apuñalarlos, por el mero hecho de que estén disconformes con un producto o una gestión. A los “clientes” de cualquier club de fútbol, sí. Lo que demuestra que las emociones de ambos colectivos y sus manifestaciones externas no son comparables. Tampoco concibo a los clientes de las empresas mencionadas o de cualquier otra, hablando apasionadamente todos los días de la semana sobre los éxitos o fracasos de la cuenta de resultados, de la apertura de un nuevo mercado, sobre un record en la producción o sobre una nueva tecnología. Por el contrario, los “clientes” del fútbol y una amplísima red mediática son capaces de estar discutiendo o insultándose horas, días, semanas y meses, sobre un resultado, una jugada, un fichaje o una decisión arbitral. Ya no digamos los baños colectivos en Cibeles, Canaletas o Luceros por la victoria de tu equipo. Eso demuestra también que las emociones de los “clientes” del fútbol no son comparables con las de cualquier otra actividad económica.

4º) Tampoco concibo acciones públicas comparables en el caso de empresas y clubes deportivos. Las empresas no sacan a la calle habitualmente a decenas de miles de ciudadanos de una localidad, para recibir triunfalmente a sus directivos o a los trabajadores por un éxito empresarial. Los clubes de fútbol, sí.

Tampoco las empresas logran movilizar a decenas de miles de habitantes de una ciudad para protestar por una decisión que entienden que les perjudica. Los clubes de fútbol, sí. Recuerdo como hace unos doce años se produjeron en Sevilla y Vigo las manifestaciones callejeras más numerosas de la época democrática, animadas por toda la estructura social y política de ambas ciudades, en protesta por el descenso a segunda división del Celta y del Betis, al aplicárseles una normativa por impago de jugadores. La respuesta de la Federación Española fue readmitirlos en la primera división. Increíble respuesta en cualquier mercado económico, por muy imperfecto que sea.

Y es que si las emociones de los clientes de empresas y de fútbol son distintas, también lo son sus comportamientos privados y públicos. Y entiendo que lo son porque la función de los clubes de fútbol, no es sólo económica, sino también simbólica y representativa de la ciudad donde se ubican o de un país (en el caso de la selección nacional). La identificación de un aficionado y ya no digamos de un forofo, “tifosi” o “hooligan”, con los colores de su club, es un trasunto de la que tienen con su barrio, con su pueblo, con su ciudad o con su país, independientemente de que los jugadores, entrenadores o directivos sean “globales” y procedan de Brasil, Argentina, Camerún, Portugal o Suecia. Los valorarán si demuestran que son de los “nuestros” y nos permiten aplastar a los “otros”. Porque si se cambian de “empresa” futbolística pasan a ser “traidores” y por tanto, dignos de ser insultados o agredidos. Recuerda lo que pasó con Figo, cuando Florentino se lo arrebató al Barça, y fue a jugar al Camp Nou. Lo insultaron, no le dejaban acercarse a la banda del campo, le tiraron todo tipo de objetos, en su casa de Barcelona le tuvieron que poner vigilancia armada, antes de venderla, y su rendimiento deportivo bajó en las visitas del Real Madrid al Camp Nou. Eso no pasa cuando un directivo o un trabajador de una empresa se cambia a la competencia. Y, a mi juicio, no pasa porque nadie entiende que eso es sólo una decisión económica y laboral y nada más. Se valora de otra forma muy distinta.

Entiendo que esta cuestión de identidad, simbólica y representativa que tienen los clubes de fútbol y que no tienen, ni quieren, las empresas, explican la estrecha colaboración, a veces simbiosis, de los clubes de fútbol con el poder político. Este sabe lo que ese valor proporciona social y políticamente y actúa en consecuencia, aplicando no sólo criterios de racionalidad o eficiencia económica, sino de otro tipo. Por ejemplo, para sostener lo que, a veces, es insostenible o para defender lo que, a veces, es indefendible.

En este sentido es público que, con los datos del ejercicio pasado, el 90% de los clubes de fútbol de 1ª y 2ª división están en situación técnica de quiebra e inviabilidad económica. Con un pasivo ampliamente superior a los activos y sólo mantenidos gracias a los numerosos recursos y apoyos públicos de todo tipo que, en este caso, no pueden justificarse para mantener las tasas de empleo o porque se trate de un sector estratégico relevante, o sí. Porque si se aplicasen a los clubes de fútbol los mismos criterios económicos y jurídicos que al resto de las empresas habría que declarar el cierre de muchos de ellos, lo que significaría que había que dejar las competiciones reducidas a media docena de participantes, como mucho. ¿Te imaginas qué gobierno central, autonómico o local sería capaz de eso? Entiendo que semejante comportamiento es así porque los clubes de fútbol no son entidades comparables a las empresas.

No quiero extenderme más en esta reflexión deportivo-empresarial, que no tiene más pretensión que compartir contigo algunos pensamientos y convicciones que me afloraron con la lectura de tu artículo y que, seguramente, serán también rebatibles. Pero, trataban de argumentar cómo la gestión de una entidad como el Real Madrid no puede hacerse con instrumentos intelectuales o funcionales semejantes a los que rigen para los mercados económicos y las empresas de bienes y servicios. A mi juicio, ni los factores de globalización, económica o cultural, ni el uso del talento de algunos directivos y futbolistas, garantizan o favorecen buenos resultados en la gestión “empresarial” de un club como el Real Madrid. Es más, sospecho que el final de este segundo intento de Florentino Pérez, de Jorge Valdano y de Butragueño va a tener el mismo desenlace que tuvo el primero. No veo que esas pretensiones de gestión empresarial deportiva, se vayan a corresponder con brillantes resultados deportivos y, si eso fuera así, los “clientes” reaccionarán, no sólo dejando de ir al estadio o de comprar camisetas de las estrellas, es que estarán esperando a la puerta del estadio para romperle el coche o agredir a alguien.

1. FASFE - 13 Noviembre 2009

Hola escribo de la Federación de Accionistas y Socios del Fútbol Español . Muchas de las cosas que comenta Ramiro Múñoz son las que llevamos un tiempo defendiendo. Básicamente los clubes pese a tener una dimensión mercantil ya que emplean a gente y venden servicios, son mucho más que eso ya que vertebran la sociedad creando vínculos de pertenencia que superan a las relaciones cliente-proveedor. Precisamente por esto consideramos que la forma jurídica de las SAD, que elimina la democracia de sus órganos, no es la adecuada para representar a las comunidades de sentimiento que son los clubes de fútbol.

Deja tu comentario...